domingo, 4 de febrero de 2007

Episodio XL

Bueno, parece que los propósitos de 2007 van bien por el momento, lo que no va tan bien son los estudios, hay q ser estúpido para suspender matemáticas y economía, pero bueno, me lo he buscado, así que no me lamento, lo recuperaré. Sin embargo en las asignaturas chungas no me va tan mal, q mundo más extraño, al igual que os presento en el ep de hoy ^^ No se me ocurre ninguna gilipollez más que decir, así que ahí va.

Nº ep: 40
Título: N/A (pensar títulos es un tirón...)
Tamaño: 10'6
Dedicado a: Josemi!!!! Sí, por fin sale tu personaje en condiciones, xD, he tardado un año en cumplirlo pero bueno, aquí está y aún le queda mucho por hacer ^^

Episodio XL

A

lguien abrió la puerta que unía la cubierta con el interior del barco. Arturo, Jonyo y Peter se giraron al escuchar el sonido. Gabriel asomó la cabeza con rostro de preocupación, esperando no encontrar a nadie, pero mayor fue su sorpresa cuando se encontró con sus compañeros fuera, esperándole. Al verlos, salió por completo al exterior.

“Esto.. hola” dijo el caballero de la rosa.

“Cuéntanos – dijo Arturo – ¿Qué ha ocurrido?”

Gabriel cerró la puerta y se sentó junto a ellos con total normalidad.

“Tranquilos, no ha sido nada”.

“¡¿Qué no ha sido nada?! – exclamó Peter – ¡Ese tipo y tú teníais el cuerpo lleno de golpes! Si no llegamos a encontraros a tiempo podríais estar muertos”.

“Por cierto – interrumpió Jonyo – ¿Quién es?”

“No lo sé, no llegó a decirme su nombre”.

“¿Quiere decir esto que le conociste y de pronto os golpearon por sorpresa?” preguntó Jonyo mientras representaba la escena con gestos y sus manos.

“No nos atacaron por sorpresa, pudimos verles perfectamente”.

“Pues sí que debían ser poderosos – dedujo Arturo – ya que no pudisteis defenderos”.

“Eso también es un error – corrigió Gabriel – No eran poderosos, eran muy débiles, gente corriente, la verdadera razón de que no nos defendiéramos es completamente distinta”.

Jonyo, Arturo y Peter observaban a su compañero perplejos y confusos.

“Perdonad, es culpa mía, os estoy confundiendo. Os ruego dejéis de preguntar, por favor. Lo mejor será que os lo explique todo desde el principio”.

Los tres se acercaron y concentraron su atención en las palabras del caballero.

>>Veréis, todo comenzó anoche. Estaba a mitad de mi entrenamiento en el interior de un profundo bosque que encontré después de un largo camino. Tenía intención de perfeccionar una nueva técnica y, a decir verdad, no iba por mal camino. Todos los árboles que había a mi alrededor tenían pequeños cortes a lo largo de todo el tronco. Yo estaba en medio de todos ellos, sujetando mi espada, cansado, jadeando. Acababa de realizar una prueba de la nueva técnica, por lo que clavé mi espada en la tierra y fui a examinar los efectos de mi ataque.

>>“En este árbol el corte es muy poco profundo – pensé pasando el dedo por encima de la hendidura – apenas lo ha cortado”.

>>Avancé hasta otro árbol más alejado e hice lo mismo.

>>“Aquí el corte es mucho más profundo, más del doble”.

>>Estuve analizando varios árboles más y me percaté de que los cortes eran mucho más profundos en las zonas del tronco más próximas al suelo y a la copa que los producidos en el centro del tronco y en puntos aislados y aleatorios.

>>“Entiendo, esto sólo puede significar una cosa – pensé examinando de nuevo la zona central del tronco – Al intentar dirigir mi ataque a un punto en concreto, impido que se desenvuelva a su voluntad restándole tanto velocidad como fuerza. Sin embargo – miré entonces las zonas cercanas a la copa y al suelo – si lo dejo fluir a su antojo, consigo mucho mejor resultado. Aunque, por mucha fuerza y velocidad que tenga, si no soy capaz de controlarlo no podré acertar en mi adversario, es como si no hiciera nada. Quizás si lo dejo fluir a su antojo sea un ataque sin puntos muertos cuyo alcance es de 360º y arrasa con todo a su paso, pero eso sólo me sirve cuando esté enfrentándome a varios enemigos débiles. Con un rival poderoso, el daño producido al alcanzarlo sería mínimo teniendo en cuenta que un 90% del radio de alcance estaría vacío. Por ello, si quiero que sea efectivo contra alguien del tipo de Mesa, he de controlar el ataque por completo, reducir su alcance al radio en el que se encuentre el objetivo y concentrar allí todo su potencial. No será tarea fácil, parece que aún tengo mucho por hacer”.

>>Tras llegar a esa deducción, regresé al punto en el que estaba la espada y la extraje del suelo.

>>“Si quiero vencer, no puedo dejar de entrenar hasta que sea capaz de dirigir el ataque a mi antojo sin perder ni un ápice de potencia”.

>>Alcé mi espada hacia el cielo y me concentré.

>>“¡Adelante! ¡Una vez más!”

>>Algo me interrumpió de repente. Escuché gritos y el ruido de una persecución. Me di la vuelta y vi a una persona que se aproximaba hacia donde me encontraba corriendo con todas sus fuerzas.

“Y esa persona – interrumpió Peter – es quien está durmiendo ahí dentro, ¿me equivoco?”

“Exactamente – aseveró Gabriel – Si me lo permitís, continuo”.

>>Intenté evitarle y hacerle ver que yo estaba en medio de su recorrido, pero estaba enfrascado dentro de sus pensamientos añadiendo que corría mirando hacia atrás para asegurar la distancia entre él y sus perseguidores, razón por la que no se percató de mi presencia y chocamos violentamente terminando ambos en el suelo. En aquel momento pude analizar su estado; estaba sudando, jadeaba de una forma exagerada, le costaba mantener la respiración y su tripa denotaba que no cuidaba su forma física. Tras el choque se giró de inmediato, sorprendiéndose de encontrar a un desconocido.

>>“Perdona – se disculpó al verme – ha sido culpa mía”.

>>“¿Qué te ocurre? – pregunté al levantarme – Cuando se corre hay que mirar hacia delante”.

>>“Lo lamento mucho – contestó disculpándose de nuevo – pero debes irte de aquí, este no es un lugar seguro”.

>>“¡¿Qué?!” exclamé sobresaltado.

>>Volvieron a escucharse los gritos y las pisadas acercándose y vi luz de antorchas a lo lejos.

>>“ Ellos se acercan”.

>>“¿Ellos? ¿Quiénes son ellos?”

>>Los gritos sonaban cada vez más fuerte, las pisadas se acercaban cada vez más y empezaba a escucharse una risa alborotada.

>>“No importa, es tarde. Ya están aquí”.

>>Tenía razón. No tardaron en aparecer. Un grupo de personas apareció pocos segundos después. Nos rodearon. Todos llevaban una capa morada con capucha, la llevaban puesta y no se les veía bien el rostro, añadiendo la escasa visibilidad de la noche. A su espalda, en medio de la capa, había dos círculos amarillos entrelazados, debía ser el signo del grupo al que pertenecían. Todos se descubrieron la cabeza. Llevaban en la frente la marca de unos labios, que irradiaba un rojo intenso y sus ojos tenían un pequeño reflejo de luz roja. Sonreían maquiavélicamente. Unos de ellos dio un paso al frente, chasqueó los dedos y el resto se callaron.

>>Era un tipo algo bajito, que caminaba con la espalda algo encorvada, era bastante delgado, quizá hasta el punto de presentar algunos signos de desnutrición y su piel tenía un tono marrón. Su cabello era castaño oscuro, estaba algo sucio y revuelto. Al mismo tiempo, su barba de dos días denotaba que no cuidaba demasiado su imagen. Tenía los ojos marrones salvo en el reflejo rojo que compartía con el resto de su grupo.

>>Según se acercaba, el tipo que había chocado conmigo palidecía por momentos.

>>“No puede ser – dijo mientras temblaba – ¿tú también, Wancho?”

>>“Parece que sí – dijo sonriendo con su prominente boca – ¿De qué te sorprendes? Ahora mismo tú eres el único que está en nuestra contra. ¡Vamos! No te resistas y únete a nosotros”.

>>“¿Y Bill? ¿Qué ha pasado con él? No ha podido caer en vuestra trampa”.

>>“Desengáñate, él también está ahora con nosotros”.

>>Se quedó callado.

>>“¿He de interpretar tu silencio como una negativa? – preguntó Wancho – Me parece bien, entonces danos lo que busca Nuestra Señora y te dejaremos en paz”.

>>“Sabes perfectamente que no puedo dárselo a esa mujer”.

>>“En ese caso, tendremos que obligarte por la fuerza” dijo haciendo crujir sus dedos.

>>El resto del grupo comenzó a cerrar el círculo, se acercaban lentamente, sonriendo y poniendo una mirada neurótica.

>>“Lamento interrumpir – dije desenvainando mi espada – pero por lo acabo de escuchar, pretendéis atentar contra la vida de esta persona únicamente porque se niega a seguir vuestras instrucciones. Ese actor ruin y despiadado se llama extorsión, y es un delito, ¿lo sabíais? Y como caballero, no puedo permitirlo – ¡Enfrentaros a mí si os atrevéis! – dije colocándome en posición de combate – Me serviréis para probar mi nueva técnica”.

>>“¡No! – exclamó él – Por favor, no les hagas nada”.

>>“No lo comprendo – dije sobresaltado – si no me equivoco tienen intención de atacarte, ¿por qué no quieres que los detenga? ¿Acaso temes por mi bienestar? Si es así no te preocupes, soy lo bastante poderoso como para vencerlos sin despeinarme. ¡Espera y verás!”

>>“No se trata de eso. Verás... Ellos son...”

>>Todo el grupo que nos rodeaba empezó de reír.

>>“Son... mis amigos”.

>>Aquella respuesta me dejó conmocionado. No podía creer ni entender lo que allí pasaba.

>>“¿Cómo has dicho? ¿Intentas tomarme el pelo? ¿Me estás diciendo que toda esta panda son amigos tuyos? No me hagas reír, si lo fueran no querrían pegarte. No tiene sentido”.

>>“Todo tiene su explicación, y te lo explicaré más adelante. Ahora, por favor, no les hagas nada”.

>>Aún sabiendo que todo lo que decía no podía ser cierto. Le miré a los ojos y no aprecié ningún rasgo en su cara que apoyara mi teoría. Me miraba fijamente, pidiéndome que no atacara con su mirada y mantenía su rostro firme y serio al igual que los agresores no mostraban signos de amabilidad, arrepentimiento o la mirada de gente que estaba siendo obligada a hacer algo así. Ambos parecían decir la verdad. Sin embargo, al verle así, sentí que debía hacerle caso y envainé mi espada lentamente.

>>Los que nos rodeaban cerraron aún más el círculo, estando a un palmo de distancia de nosotros. Wancho comenzó la paliza. Me dio un primer puñetazo con el que no consiguió más que hacerme retroceder unos pasos. Fue entonces cuando pude medir su fuerza y me di cuenta de que si quería arreglar la situación tenía que hacerles ver que habían ganado.

>>Inmediatamente después del primer golpe, el resto de los integrantes del grupo se abalanzaron sobre nosotros. Los primeros golpes los aguantamos de pie, al verlo, enseguida aumentaron la fuerza de sus ataques y, apoyados con su superioridad numérica hicieron caer al otro al suelo. Yo aguanté unos cuantos golpes más y terminé cayendo también. En ese momento empezaron a patearnos.

>>Él perdió el conocimiento a los pocos minutos tras varias patadas en la cabeza y puñetazos por todo el cuerpo. Como dije anteriormente, eran gente corriente con fuerza corriente. Quizá algo más, pero no sobrepasaba el límite de lo humano y, debido a que no me defendía, a la larga yo también salí malherido y estuve a punto de perderlo.

>>Tras un cuarto de hora seguían golpeándonos. Una vez se dieron por satisfechos levantaron nuestros cuerpos agarrándonos de la nuca y examinaron nuestro estado.

>>“Espero que no les hayamos matado” dijo Wancho.

>>Fingí haber perdido el conocimiento, aunque poco tuve que fingir, y creyeron haber ganado.

>>“Bueno, les dejaremos aquí para que recapaciten ¡Más vale que esto te haga entrar en razón!”

>>Soltaron nuestros cuerpos, se sacudieron las manos en señal de victoria, y se marcharon riendo satisfactoriamente.

“Después de asegurarme de que se habían marchado bien lejos – dijo el caballero de la rosa mirando a sus compañeros – me levanté y, con las pocas fuerzas que me quedaban cogí su cuerpo e intente traerlo hasta el barco para que Peter nos curase pero, al llegar a la playa, mis fuerzas se agotaron y también perdí el conocimiento. El resto ya lo sabéis”.

“Así que pasó eso” dijo Arturo.

“Yo les hubiera dado una buena – dijo Jonyo – sin importar lo que dijera ese tipo”.

“Te entiendo, y quizás esa hubiera sido la mejor solución, pero sentí que habría una razón de peso para que no lo hiciera”.

“Todo quedará aclarado cuando él se despierte” dijo Peter y todos miraron hacia la puerta.

Empezaba a anochecer cuando Suso caminaba por la isla con los brazos en el estómago.

“Que hambre tengo, no he comido nada desde esta mañana, y no encuentro a nadie a quien pueda atracar para conseguir dinero o comida. De todas formas, no creo que el dinero me sirva de mucho aquí, esto está desierto. No he visto a nadie en todo el día, ¿dónde se habrá metido la gente de esta isla? – su estómago emitió un sonido – Otra vez, tal vez debí haber cogido algo de comer antes de irme del barco”.

Continuó caminando y vio un árbol al que le quedaba una pequeña cereza colgando entre sus ramas.

“¡Comida! – exclamó al verla – No es gran cosa pero por algo se empieza”.

Entusiasmado, fue corriendo a cogerla, alzó su brazo para agarrarla y cuando iba a cerrar el puño una paloma blanca pasó volando rápidamente llevándose la cereza en la boca. Suso, enfurecido, intento perseguirla, pero la paloma fue ganando altura poco a poco y le fue imposible alcanzarla.

“¡Maldita sea! Esa cereza era mía”.

La paloma se detuvo en el aire y se quedó mirando a Suso fijamente mientras se comía la cereza.

“¿Me estás vacilando? Ahora verás” dijo Suso y le lanzó una pequeña onda de energía.

La paloma emitió un fuerte chirrido que anuló la onda de energía y después salió volando perdiéndose en el cielo. Suso se quedó unos segundos mirando al cielo, sin llegar a creerse lo que acaba de ocurrir.

“¿Una paloma ha anulado mi ataque? He debido de soñarme eso. En fin, regresaré al barco”.

Al caer la noche, Mireia llegó a la isla. Sin descansar un segundo, se adentró en el bosque guiándose por una brújula.

“Un poco más al norte – dijo mirando la brújula – ya casi he llegado”.

Avanzó durante unos minutos más y según lo hacía vio el resplandor de antorchas encendidas a lo lejos.

“Es allí”.

Llegó hasta los límites del bosque y se ocultó entre los últimos árboles. Desde allí comenzaba un enorme claro, estaba lleno de gente, todos los capas moradas y encapuchadas, con los círculos entrelazados a la espalda en la capa, la marca de labios en la frente y el reflejo rojo en los ojos.

Todos los que estaban allí se encontraban en formación, colocados de manera milimétrica, ocupando la mayor parte de la zona excepto un par de cabañas situadas algo más lejos y un pasillo que dividía la formación en dos mitades. El pasillo estaba señalizado por antorchas, era bastante largo y al final había unas escaleras seguidas de un trono de pierda delante de un pequeño altar.

En el trono había sentada una mujer madura pero que conservaba su atractivo, de cabellos rizados que llegaban hasta los hombros, eran morenos parcialmente teñidos de rubio, ambos perfectamente separados, haciendo parecer que su pelo era de dos colores de forma natural. Sus grandes ojos negros estaban maquillados con sombra de ojos azul que se iba degradando hasta casi llegar al negro, acompañados de unos labios pintado con un rojo intenso, unas orejas agujereadas por hermosos pendientes de oro y un cuello del que colgaba un preciosos collar de perlas.

Su cuerpo también estaba cubierto de joyas. Brazos y muñecas llenos de pulseras de brillantes, los dedos cubiertos de anillos cada uno más espectacular que el anterior, unas finas tobilleras de diamantes adornaban sus piernas y un cinturón de piedras preciosas ajustaba el espléndido vestido verde oscuro que sujetaba sus voluptuosos senos y perfilaba sus nalgas.

“Ahí está... – pensó Mireia – es esa mujer”.

Wancho y su grupo aparecieron caminando a través del pasillo, iluminados por todas las antorchas y vigilados por las miradas de todos. Al llegar al final se detuvieron, se miraron entre ellos y asintieron con la cabeza. Entonces se adelantaron unos pasos, subiendo las escaleras y aproximándose al trono donde se encontraba sentada la mujer. Wancho se adelantó un paso más y se arrodilló.

“Buenas noches, Miss Jewel” dijo arrodillado.

“¿Lo has traído?” preguntó ella.

“Es...es...to, ve...verá, Mi Señora, - tartamudeó - él se niega a hablar pe...pero, le hemos dado una paliza a él y a un tipo con espada que se hacía llamar caballero que intentó ayudarle. Yo creo que en un par de días...”

“Silencio, Wancho, no estoy aquí para escuchar tus excusas, ¿has dicho un tipo con espada que se hacía llamar caballero? Vaya, no sabía que esos caballeros habían llegado aquí, tendré que decírselo a mi amor, está deseando conocerlos”.

“Me alegro, Mi Señora”.

“En cuanto a ti, Wancho, me has fallado y mereces un castigo”.

“Le ruego me de otra oportunidad, por favor, conseguiré que hable”.

“Wancho... has sido muy útil en otras ocasiones y, aunque sin querer, me has traído la información de que los caballeros están en esta isla, por lo que por esta vez no te mataré”.

“Gracias, Mi señora” agradeció y se dispuso a retirarse.

“Espera, no he terminado. He dicho que no te mataré, no que te fueras a ir como si no hubiera pasado nada”.

“No entiendo”.

“Es muy sencillo, por esta vez, me contentaré con uno de los subordinados que he puesto a tu cargo”.

Toda la gente que había en el lugar comenzó a lanzar gritos pidiendo la muerte de esa persona.

“Bill, adelante – dijo Miss Jewel – Elige tú”.

Unos metros a la derecha del trono de Miss Jewel había uno más pequeño. En él había un joven bien vestido y arreglado. Tenía el pelo castaño oscuro, pero se veía negro debido a que lo llevaba perfectamente peinado con gomina formando un pequeño tupé. Ojos marrones, protegidos por unas gafas con una fina montura de color azul. Su piel era morena sin ninguna impureza, hidratada y cuidada con esmero e iba todo vestido de negro. Se levantó y empezó a avanzar lentamente hacia el grupo de Wancho sonriendo con sus pequeños dientes. Al hacerlo la marca de labios de su frente cobró una mayor intensidad.

Agarró a uno de los subordinados, los espectadores rompieron filas, creando un círculo y en el centro de éste le tiraron al suelo de un empujón.

“No, por favor” gimió Wancho.

“¿Prefieres ocupar su lugar?” preguntó Miss Jewel.

Wancho no contestó, se quedó callado viendo como ocurría todo. Una vez la víctima estaba en el suelo, extendieron sus extremidades, le ataron una cuerda en cada muñeca y tobillo y posteriormente ataron el otro extremo de esas cuerdas a una pata de cuatro caballos que colocaron en direcciones opuestas. La victima sollozaba de pánico pidiendo clemencia no consiguiendo más que aumentar la felicidad de sus asesinos y que aumentaran la fuerza de las cuerdas que le sujetaran. Cuatro personas se montaron cada una en una de los caballos; la víctima previó su final y comenzó a gritar de forma desesperada, cosa que enfadó a uno de los agresores, quien se acercó y le golpeó una patada en la boca, provocando su atontamiento y silencio. Los jinetes fustigaron los caballos a la señal de Miss Jewel, quien disfrutaba del espectáculo desde su trono. Los caballos empezaron a correr al mismo tiempo, primero tensando las cuerdas e inmediatamente las extremidades fueron violentamente arrancadas por la fuerza de los caballos. Los brazos fueron arrancados hasta el hombro y las piernas hasta el coxis, dejando un río de sangre a su paso por donde los arrastraban. El tronco quedó en medio del lugar, en mitad de un charco de sangre, aún vivo. Miss Jewel se levantó del tronco y caminó hasta la víctima, le miró a los ojos y le sonrió. Levantó su zapato de tacón negro con brillantes y de un pisotón clavó el tacón en la garganta de la víctima, atravesándosela y provocando su muerte. En ese momento toda la gente del lugar volvió a lanzar gritos y Wancho se quedó quieto, cabizbajo. Miss Jewel avanzó hacia su trono, pasando por al lado suya, momento en el que se detuvo.

“Más vale que no vuelvas a fallar, o él próximo serás tú, ¿entendido?”

“Sí, Mi Señora” respondió.

Regresó al trono, se sentó y Bill regresó a su lado.

“¡Tirad ese cadáver al foso y preparad mi carruaje!” ordenó.

Al escuchar eso, Mireia centró su atención.

“Si esos caballeros están en la isla, voy a dar una vuelta a ver si les veo. ¡Dispersaos y encontradles vosotros también! Tal vez podáis divertiros un rato, y que alguien avise al Capitán Lardo de nuestro descubrimiento”.

Un carruaje apareció tirado por dos subordinados a pie. Miss Jewel se subió y partió de inmediato rodeada de un pequeño grupo que hacía de séquito en el que se encontraba Wancho.

El resto no tardó en disolverse. Algunos cogieron los distintos restos del cadáver y los arrojaron a un foso en el que había más restos orgánicos. A los pocos minutos la zona había quedado deshabitada.

Mireia salió de su escondite y avanzó sigilosamente hasta el foso. Una vez allí, desenvainó su espada, la extendió hacia el cielo y comenzó a iluminarse.

“Adelante, Unión de las Ánimas, ¡aliméntate!”

Multitud de finos haces de luz blanca emergieron del interior del foso y fueron introduciéndose uno a uno en el filo de la espada, aumentando su brillo. Al cabo de unos minutos, los haces de luz dejaron de salir y la espada dejó de brillar. Mireia bajó la espada y acarició su filo.

“¡Listo! – exclamó – Y ahora... ¡a por esa mujer!”

La luna iluminaba el barco de los caballeros, en el que, debido a la larga espera, sólo estaba despierto Arturo, inquieto, caminando de un lado a otro sin saber exactamente que hacer.

“Es tarde – pensó el caballero mirando cómo sus compañeros dormían un poco en distintos puntos de la cubierta – Fidel, Reik y Suso aún no han regresado, espero que estén bien.

No creo que deba preocuparme por Reik, es poderoso y en caso de ataque no le pasará nada. Aunque, si como dijo ese tipo, esa gente son sus amigos y no debemos atacarlos, Reik no se contendrá, y es posible que los mate, quizá debería preocuparme más por eso.

Fidel es quizá algo impulsivo, pero tampoco creo que tenga ningún problema si es atacado, y en caso de que eso sea cierto, sólo atacará hasta que sus enemigos le dejen en paz, no creo que se exceda.

Suso no es que sea débil, y sabiendo que la gente de por aquí tiene una fuerza corriente tampoco tendrá problemas, pero me preocupa que haga alguna locura. ¿Qué estará pasando en esta isla? ¿Quién está durmiendo en el interior de nuestro barco? Y lo peor de todo, si el relato de Gabriel se corrobora con lo que nos diga esta persona al despertar, es que algo o alguien está tiranizando esta isla, ¿pero quién, de qué forma y con qué objetivo? La verdad es que extraño lo de la marca de labios. En fin, ojalá se despierte pronto y que todos regresen sanos y salvos”.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por montones de gritos y pisadas que se acercaban rápidamente. Arturo miró hacia la isla y vio antorchas encendidas y sombras a lo lejos.

“¡Caballeros, despertad! – exclamó – Tenemos visita”.

Jonyo, Gabriel y Peter abrieron los ojos algo amodorrados, pero no tardaron en desvelarse al escuchar los gritos.

“Parece que vienen a por nosotros” dijo Jonyo.

“Es culpa mía – dijo Gabriel – dije que era un caballero y se ha debido de correr la voz. Después de atacarnos ayer habrán informado a sus superiores de nuestra situación”.

“Salgamos de aquí – sugirió Peter – No podemos arriesgarnos a que el barco se convierta en un campo de batalla”.

Avanzaron saltando por las rocas hasta las rocas hasta llegar a la playa, lugar en el que esperaron a quienes venían por ellos. No tardaron en aparecer, era un grupo no demasiado numeroso, sin ningún tipo de arma, salvo las antorchas que utilizaban para iluminarse. Se colocaron enfrente de los caballeros riendo de manera egocéntrica y confiada.

“Capa morada, encapuchados, círculos amarillos entrelazados a la espalda, marca de labios en la frente, reflejo rojo en los ojos – comprobó Arturo – ¿Son ellos, Gabriel?”

“No son los mismos que me atacaron a mí, pero es obvio que son de su mismo grupo”.

“¡Jajaja! – exclamó uno de ellos – Miss Jewel tenía razón. Ellos están aquí”.

“¿Miss Jewel?” se preguntaron los caballeros.

“Vamos a divertirnos un poco con vosotros” dijo otro golpeándose un puño contra la palma de la mano.

“No atienden a razones – dijo Jonyo desenvainando su espada – habrá que darles una lección”.

“Me temo que esta vez no os puedo dejar e paz” dijo Gabriel.

“Cuando acabe el enfrentamiento, veremos quien se ha divertido de verdad” dijo Arturo.

“¡A por ellos!” exclamó Peter.

“¡Deteneos por favor!” exclamó una voz.

Una silueta comenzó a acercarse rápidamente a través de las rocas que separaban la playa del barco. Al llegar, la luz de las antorchas reveló el aspecto del individuo. Era un tipo joven, no demasiado alto, algo fondón, con el pelo corto y castaño, adornado con un leve flequillo, ojos marrones, una pequeña boca con finos labios y una profunda barba que perfilaba su mandíbula. Vestía ropas anchas y presentaba un aspecto algo debilitado.

“Por favor – repitió – no les ataquéis”.

“Eres tú... – dijo Peter – ¿Por qué te has levantado de la cama? Tienes que descansar. Aún no te has recuperado”.

“Lo siento pero, no puedo dejar que matéis a esta gente”.

“Pero dime una cosa – dijo Jonyo – ¿por qué los defiendes si han intentado matarte? No tiene sentido, y sobretodo, ¿quién eres?”.

“Perdonadme – dijo mientras escuchaba las risas de las personas que trataba de defender – Mi nombre es Shin y, en cuanto a tu primera pregunta, la contestaré más tarde. Ahora, por favor, dejad que yo me ocupe de estos tipos”.

6 comentarios:

Shin dijo...

Solo voy a decir una cosita... LoL!
Siempre me gustará cómo escribes, sabes encontrar los puntos de la gente xD.
Bueno, sigue así, y haber si consigues que corra un poco, porque hay que quitarle esa tripa de fondón xDDD.
Salve!

Jon dijo...

El capitulo de hoy ha sido muy misterioso y de mucho suspense espero con mucha impaciencia el siguiente capitulo para desenredar toda la trama de la jewel y todo lo demas porque hay muchas incognitas.
Un saludo a todos.

Suso dijo...

la ostia de kapitulo pro no los dejes asi joder ke lo pasamos mal esperando kon ansia lo siguiente, bueno ermano ke me tengo ke ir llendo muxas gracias,
kuidaros gente.
wenas noxes

Dani Lopez dijo...

Que misterio más misterioso, espero que salgan cada domingo, jejeje, sigue así. Espero que este se publique. Un saludete

Letty dijo...

Hola!!muy misterioso el cap, y a la vez interesante,pero no lo dejes asi que cn lo impaciente que soy yo,weno dew,bss,cuidate!!
Mireia!!

Alvaro garcia dijo...

x fin salgo yo, aunq no muxo. spero ir mejorando ^^