lunes, 28 de febrero de 2011

Episodio CXIX

Derspués de siete semanas... ¿qué puedo decir? Pues que disfrutéis del mega capítulo su puta madre de bueno de once páginas con el que alcanzamos 999 páginas de historia total!!!! Sí, eso signifca que el próximo episodio empieza en la página 1.000!!! Y será aun mejor!!!



Episodio CXIX

C
uando llegué ya era demasiado tarde. Tuve el placer, nótese el sarcasmo, de ver como el Capitán Lardo se deshacía de Arturo con un sólo golpe. Sabía que no estaba en su mejor momento desde que perdió el poder del fuego, pero nunca imaginé verle en tan mala situación. El ataque de Dayuri no fue para nada poderoso, pero eso no le impidió conseguir que Arturo se perdiera en el cielo. Creo que fue en ese momento cuando me decidí a contaros mi pasado. Sí, estoy seguro. Porque en aquel instante en el que Arturo atravesaba el firmamento llegué a la conclusión de que había alguien pasándolo peor que yo. Me di cuenta de cuan egoísta había estado siendo, ocultando mis penas a los demás cuando Arturo sufría públicamente y no podía hacer nada para evitarlo.

Me hubiera gustado reflexionar un poco más, pero en cuanto miré al frente me di cuenta de que no tenía más tiempo para mí. Jonyo y Peter estaban tirados en el suelo, llenos de golpes, buscando fuerzas para ponerse en pie. Peter trataba de curarse con su propio poder, pero se le notaba muy cansado, noté que no tenía fuerzas para curarse más veces. El Capitán Lardo estaba demasiado cabreado con Arturo y ardía de odio por verle alejarse. No entendía por qué, pero sí entendí que tenía una oportunidad única que no podía dejar escapar. Dejé a Mireia en el primer sitio que pude, metí la mano en el bolsillo interior de la chaqueta y busqué entre mis rosas con velocidad.

“Debería tener alguna por aquí… – pensé mientras rebuscaba – ¡Aquí están!”

Encontré dos rosas verdes, impregnadas con el poder curativo de Peter. Eran experimentales, todavía no había tenido tiempo se probarlas, y tampoco lo tenía ahora, así que las lancé sin pensar. Peter, y sobre todo Jonyo, no entendieron la situación al verme atacándoles con una rosa, pero supongo que, o al fijarse en el color intuyeron sus efectos, o que con la rapidez de la situación no se enteraron de nada y simplemente confiaron en mí, que es lo que quiero pensar.

La primera rosa fue a parar al costado de Peter, mientras que a Jonyo le impactó en el hombro. En cuestión de segundos ambos notaron sus efectos y se pusieron de pie. Hice una seña a mi compañero e intentamos un ataque conjunto contra el Capitán, que aún seguía ensimismado, observando el origen de su odio desvanecer finalmente en la lejanía. Desenvainamos rápidamente, saltamos y, aprovechando la caída, atacamos con un corte vertical.

No os voy a engañar. Después de varios enfrentamientos con el Capitán Lardo ya conozco su potencial. Por eso, en aquel momento, dudé de nuestro éxito y cerré los ojos un segundo antes de atacar. Sí, fue un error, lo sé, y al abrirlos me di cuenta de ello. Dayuri había detenido nuestros ataques sujetando una hoja de nuestras espadas con cada mano. No parecía costarle ningún esfuerzo hacerlo, a pesar de que Jonyo seguía haciendo fuerza empleando todas sus energías sin éxito alguno. Yo, en cambio, tan sólo la sostenía, esperando retirarme un poco en cuanto pudiera para pensar una nueva estrategia en vez de enfocarme en una ya fallida.

Él seguía mirando al cielo, embobado, a pesar de que hacía ya un buen rato que se había perdido de vista a Arturo. Jonyo, se sentía impotente al ver el efecto que tenían sus ataques después de haber estado entrenando tanto, así que no se dio por vencido. Intentó dar un rodillazo en la cara al Capitán, y acto seguido soltó nuestras espadas y utilizó una mano para detener el ataque de Jonyo.

Yo me retiré de inmediato, pero él no. Supongo que necesitaba pruebas de que sus esfuerzos hasta ahora no habían sido en vano para seguir mentalizado y seguir entrenando al máximo, por lo que continuó atacando cuerpo a cuerpo al Capitán tan fuerte y rápido como podía. Sin embargo, todos sus ataques estaban siendo bloqueados sin dificultad. Yo pienso que es normal que las cosas salieran así. Jonyo no llevaba entrenando el tiempo suficiente como para notar una mejoría tan grande como era poder enfrentar al Capitán Lardo en igualdad de condiciones o incluso superarle, pero él no parecía verlo así. Después de unos minutos, cuando fue a dar una de las patadas, Dayuri se hartó y le agarró la pierna.

“Me estás molestando”.

Ese comentario sí que cabreó a Jonyo, quien preparó una onda de energía en su mano, una onda que nunca pudo lanzar, porque Lardo le balanceó un poco y luego le lanzó contra mí. Tendría que haberle esquivado, pero detener su cuerpo también me daba la oportunidad de detenerle a él, así le agarré de la ropa y paré su avance antes de que me golpeara.

“Gracias, tío – me dijo, y enseguida quiso volver al combate, pero notó que no le había soltado todavía – ¿Qué haces, Gabriel? Suéltame ya”.

“No sé cómo ha ocurrido, pero ya no puedo enfrentarme al caballero del fuego – dijo el Capitán Lardo antes de que me diera tiempo a contestar a mi compañero – Así que tendré que contentarme eliminándoos a vosotros. Sólo os pido una cosa, ¡no me decepcionéis demasiado!”

Estaba a punto de lanzarse contra nosotros, cuando una figura femenina apareció girando la esquina, dispuesta a unirse a la batalla.

“Ya estoy de vuelta, Capitán – dijo la teniente al mostrarse – ¿ha cumplido ya su objetivo?”

“Ni siquiera podemos con el Capitán Lardo – escuchamos decir a Peter – Y ahora aparece la teniente. Es… Es nuestro fin”.

“Jezabel… – Le dijo el Capitán Lardo – ¿Ya te has recuperado del todo? ¿Quedaba algún carameloraro en mi coche?”

“Sí, pero ha habido un pequeño problema. Cuando he llegado al coche, había un cartel escrito a mano que decía que tus llaves estaban en comisaria. ¿No te habrás vuelto a dejar el coche abierto con las llaves puestas?”

“Vaya, me ha ocurrido de nuevo…”

“Parece que quien cogió las llaves cerró el coche primero, así que tuve que romper la ventanilla para entrar, no te importa, ¿verdad? Estaba muriéndome”.

“Descontaré los desperfectos de tu próximo sueldo”

“¡Suéltame ya! – Me gritó Jonyo al oído – ¡Tenemos que aprovechar ahora que están hablando y atacar!”

“Tranquilízate. Antes también hemos atacado cuando Lardo estaba distraído y no nos ha servido de nada, y eso que sólo era un enemigo. Ahora son dos, imagínate el desastre que podríamos ocasionar, ¡moriríamos los dos! Sé que te has estado entrenando duro pero ten en cuenta que sólo estamos tú y yo. Si estuviéramos todos, atacando todos juntos seguramente tendríamos éxito pero ese no es el caso. Fidel no está. Reik no está. Ni siquiera Arturo está. Y Peter no nos va a ser de mucha ayuda. No podemos ganar. Tenemos que pensar una estrategia que nos permita salir con vida de aquí”.

“¡Vale, todo lo que dices es cierto! Pero… ¿Qué propones? ¿Crees que nos dejarán escapar como si no pasara nada? Si de verdad tengo que morir hoy aquí, prefiero que sea luchando antes que huyendo como un cobarde”.

“Un momento – reflexioné – La teniente ha dicho que se estaba muriendo, ¿qué ha pasado? ¿De dónde ha venido?”

“Antes la pillé por sorpresa y la herí de gravedad, así que ha ido a curarse no sé cómo. ¿Qué importa eso ahora?”

“¿Crees que podrías hacerlo otra vez?”

“Ya no cuento con el factor sorpresa, así que lo dudo mucho, pero sí que puedo enfrentarme a ella sin problemas”.

“Estupendo, pues tú ve a por la teniente. Yo iré a por Lardo. En cuanto notes algo fuera de lo normal, coge a Peter y lárgate de aquí. Nos veremos más tarde”.

“¿Vas a sacrificarte? ¿Después de la charla que me has soltado?”

“Ni de coña. Puedes estar tranquilo, no pretendo morir así. No voy a enfrentarme directamente a él, únicamente voy a entretenerle un poco”.

“Si sólo vas a entretenerle, ¿por qué no puedo hacerlo yo?

“Lo entenderás cuando notes eso que te mencionado, fuera de lo normal. Por favor, la situación es crítica. Necesito que confíes en mí. Ya si salimos con vida seguimos discutiendo, ¿vale?”.

“Está bien, pero sólo por esta vez”.

“¡Pero si te lo cubre el seguro! – Seguían discutiendo también esos dos – ¡¿Por qué me lo tienes que descontar?”

“Lo siento, está a terceros”.

Lancé una pequeña bola de energía entre los dos para obligarles a retirarse cada uno para un lado. En cuanto la vieron llegar, dejaron de discutir, empuñaron sus armas, y evitaron la bola saltando en direcciones opuestas, antes de que el humo de la explosión les alcanzara.

Jonyo, rápido como el rayo, se lanzó contra la teniente, espada en mano, quien lo pudo bloquear de pura suerte con la empuñadura del látigo.

“Esta vez no tendrás tanta suerte, caballero” dijo la teniente el tono desafiante.

“Perfecto, porque la otra vez no fue suerte, sino destreza” contestó Jonyo, mientras que, con el impacto de su acometida, la empujaba a la nube de humo de la explosión de mi bola de energía. Fue lo último que supe de ellos.

Por su parte, el Capitán Lardo tuvo el detalle, nótese de nuevo el sarcasmo, de molestarse él en venir hacia mí para que no tuviera que moverme. Me puse en guardia, cubriéndome con la espada, pero se llevó la espada por delante de un manotazo, me agarró de la cabeza y me lanzó contra un edificio con tal fuerza que salí por el otro lado. Me llevé golpes en todo el cuerpo al chocar contra cristales, paredes, muros y mobiliarios y al salir estuve unos segundos sin sentir nada en mi cuerpo. Casi se me cae la espada al vacío. Esperaba tener un respiro para recuperarme, pero, jeje, que iluso fui al pensarlo. El Capitán Lardo atravesó también el edificio, que no pudo resistir dos agujeros de tal calibre, y la estructura comenzó a desmoronarse mientras la gente que estaba en el interior gritaba despavorida ante su inminente destino, morir sepultados.

Ese espectáculo desvió la atención de Dayuri, que se entretuvo admirando las consecuencias de sus destructivos actos. Se divertía viendo como los agitados brazos que asomaban por las ventanas se volvían inanimados al caer los pisos superiores sobre ellos, se excitaba al sentir cómo los desesperantes gritos se apagaban a la vez que las vidas de sus portavoces, y el placer recorría su interior al ver la expresión de terror en los rostros de los familiares, amigos y conocidos que se aglomeraban alrededor del edificio y veían morir a sus seres queridos delante de sus ojos.

Contemplar aquella escena me enfureció. Ya no estaba aturdido, el odio invadía mi interior. Estaba de espaldas, terminando de ver el derrumbe del edificio, era una gran oportunidad. Me lancé contra él sin pensar, cometiendo el mismo error que antes corregí a mi compañero, y el resultado fue obvio. Sin darse la vuelta, bloqueó mi ataque con el brazo con tal resistencia que mi espada rebotó unos centímetros, momento que el Capitán aprovechó para darse la vuelta y agarrarme del cuello con una fuerza contra la cual toda resistencia era inútil. No podía respirar, me ahogaba, pero él no iba a soltarme. Es más, por la expresión de su rostro fue cómo si le cabrease estar acabando con mi vida, algo totalmente contrario a él, como habréis deducido también vosotros, después de lo que acabo de contaros. No entendía por qué, hasta que unos segundos después me lo explicó él mismo.

“Ya me han contado tus hazañas en el desierto, en particular la forma en que derribaste la torre. Quería ir a por ti después de terminar con el caballero del fuego, pero no ha podido ser, así que parece que vas a morir un poco antes. Vamos, ¡muéstrame tu poder! ¿Es que acaso quieres que todo acabe aquí? ¿No has visto lo que le ha pasado a esa pobre gente? ¿Quieres que vuelva a ocurrir?”

Estaba demasiado ocupado intentando respirar cómo para atender a sus estúpidas exigencias, pero, evidentemente, él no se daba cuenta de eso, y continuó apretando. Apenas quedaba oxígeno en mi cerebro, cuando me soltó sin razón aparente.

“Cobarde” escuché, y me dejó caer al vació.

Su ataque me había agotado tanto que no me quedaban fuerzas ni para mantenerme en el aire. Caí, caí, caí, y seguí cayendo hasta chocar contra el suelo, donde, aun así, tuve que quedarme unos minutos recuperando el aliento. Allí, tirado en el suelo, empecé a reflexionar. Aunque había hecho caso, las palabras del Capitán Lardo tenían razón. Ya sé que no eran más que una provocación para que entrara en su juego, pero estaban fundamentadas. En un momento, había visto desaparecer a Arturo, a Jonyo y a Peter contra las cuerdas, un edificio lleno de gente derrumbándose, y... ¡Ah, claro! Me olvidaba de los destrozos del Caballero Negro de hace un rato. Todo delante de mis ojos, y teniendo posibilidades de evitarlo. Sin embargo, no hice nada en ninguna de las situaciones.

Pensar mantenía mi mente ocupada, y sin darme cuenta, el dolor había desaparecido, la respiración volvía a ser constante y mi cuerpo me respondía de nuevo. Me levanté, poco a poco, pues mi energía era lo único que aún seguía mermado. Clavé mi espada en el suelo, y apoyado en ella, observé a mi alrededor. Peter no andaba muy lejos, le veía desde allí. Se había quedado de rodillas. A pesar de que se había recuperado con la rosa verde, sabía que con su fuerza no podía hacer nada, no podía cambiar nada. La situación le superaba. Se había dado por vencido.

“Si al menos... Si al menos Arturo estuviera aquí – decía – Si al menos Reik estuviera aquí... Si al menos Fidel estuviera aquí... Si al menos uno de vosotros estuviera aquí, tendríamos alguna posibilidad...”

¿Cómo se sentiría si supiera que a pesar de que los demás no están aquí tenemos muchas posibilidades de salir de esta pero no las estamos aprovechando? No creo que haga falta responder. Por otro lado, no podía verlos, pero les sentía. Jonyo estaba dándolo todo contra Jezabel. Escuchaba los gritos, los golpes metálicos, los latigazos, incluso alguna vez veía el reflejo de algún rayo en el cielo. De pronto sentí un impacto más fuerte, y unos segundos después, Jonyo apareció un poco más adelante, en la misma calle que estaba yo, pero desde detrás de una pared tras atravesarla. La pared del edificio del lado opuesto de la calle le frenó, y ahí sólo hizo una pequeña grieta. No llevaba mucho luchando, pero ya tenía varias heridas y se le notaba algo cansado, pero sólo de cuerpo, no de mente.

“Joder, puta teniente. Me está tocando los huevos ya”.

Fue lo único que dijo. Ni siquiera me vio, es más, aunque hubiera tratado de intentar verme no le habría dado tiempo. El látigo de la teniente apareció por el mismo agujero por el que él había salido. Saltó para evitarlo, se impulsó en la pared y volvió dentro del agujero para continuar su combate. Estaba cumpliendo su parte, esperando mi señal, le había hecho confiar en mí, pero ni por esas era capaz de usar eso.

A todo esto, hacía un rato que no veía al Capitán Lardo. No era normal que me hubiera dejado en paz porque sí. Miré al cielo, donde estaba la última vez que lo vi, y ahí no había nadie. Empecé a preocuparme y busqué por todos lados. No es alguien que puedas permitirte el lujo de no tenerle localizado. Estaba tan preocupado que no caí en que la mejor forma de localizarle era percibiendo su energía, pues sabemos que no la sabe ocultar. En cuanto me concentré no tardé en localizarle, corrí hasta su posición y vi que estaba frente a Peter, con la espada desenvainada y apuntándole.

“Tus preciados caballeros te han abandonado, y yo estoy aburrido. Tu ejecución servirá para hacer ver a esos estúpidos caballeros el precio que se paga al desbaratar los planes del Capitán Lardo”.

Peter retrocedió unos pasos a causa del miedo. Miró a su alrededor, buscando a uno de nosotros, sabía que Arturo, Reik y Fidel no estaban, que Jonyo estaba luchando contra la teniente, y a mí me daba por derrotado. Comprendió que nadie podía salvarle de aquella situación, que a pesar de que su camino estaba a medias, no podría terminarlo. Quiso enfrentarse a su destino, dio un paso al frente y se puso erguido.

“¿Quieres morir dignamente? Si ese es tu último deseo, te lo concederé”.

Echó la espada hacia atrás. Apuntó a su corazón. Ya no podía evitarlo. O lo usaba, o Peter moriría. Sólo esperé poder desactivarlo antes de que alguien lo notara. Actué, porque si me lo pensaba más sabía que terminaría no haciendo nada, y lo activé. Fue entonces cuando una onda de energía impactó contra la espalda del Capitán, arruinando sus intenciones.

“¡Tú! ¡Déjale en paz!” exclamó una voz.

Todos miramos al cielo buscando el origen de esa voz, y también, todos sonreímos cuando vimos llegar a Reik, volando con Arturo de pie sobe su espalda.

“Arturo... Ha regresado, ¿y se ha traído a Reik? – Me alegré y a la vez me extrañé, pero sobre todo, antes que nada, desactivé eso – ¿Qué ha pasado durante este rato?”

“Jejeje, han vuelto. Ahora que son el doble no tienes nada que hacer contra ellos” le dijo Peter al Capitán.

Se escuchó un grito y de pronto vimos a Jonyo en medio del aire quitándose de en medio a la teniente con una llave, enviándola contra el suelo.

“Hala, ¿qué hacen aquí esos dos?” se sorprendió al verlos.

Reik descendió hasta el suelo, para que Arturo pudiera bajar de un salto, y luego los dos se pusieron frente al Capitán Lardo.

“¿Te he dicho ya que tu plan me parece una estupidez?” murmuraba Reik.

“Sí, pero tampoco se te ha ocurrido algo mejor a ti”.

“Si fallas, las consecuencias serán catastróficas para todos”.

“No fallaré”.

“¿De qué están hablando?” pensé.

“¡¡Eh!! ¡¡Capitán Lardo o cómo te llames!! ¡¿No te habrás creído antes esa falacia de qué he perdido mis poderes, verdad?! ¡¡No eran más que excusas!! ¡Lo único que quería era poder escaquearme para poder llamar al caballero del hielo! ¡¡Si quieres combatir, encantado!! Pero antes... ¡¡Tendrás que llegar hasta mí!!”

Todos nos quedamos literalmente flipando, y perdón, porque no es no tenga más vocabulario, sino que de verdad creo que esa es la expresión más adecuada, al escuchar a Arturo tirarse aquel farol. Es cierto que el Capitán Lardo no es capaz de sentir la energía, pero, ¿de qué le servía eso? Yo mismo podía notar perfectamente que estaba mintiendo, su energía era mínima, pero sí que es cierto que, no sé, notaba algo distinto en él.

“Más vale que lo que dices sea cierto, caballero del fuego. De no ser así, acabas de firmar la sentencia de muerte de todos tus compañeros” dijo Dayuri y se lanzó a por él.

“No pienso tomar parte en esta locura, Arturo”.

“Sí que lo harás. Ya lo hemos hablado”.

“No, me da igual lo que te pase”.

“¡Vamos!”

Reik salió al paso del Capitán Lardo y tuvieron un choque de espadas.

“Quítate de ahí y tal vez salves la vida” le dijo Dayuri.

“Jeje, lárgate y tal vez la salves tú” le contestó, pero seguramente en su interior estaba acordándose en toda la familia de Arturo por obligarle a hacer lo que estaba haciendo.

“Payaso...” dijo Lardo, y bajó rápidamente su espada, produciendo chispas en la fricción gracias al deterioro de su espada. Algunas chispas cayeron cerca de los ojos del caballero del hielo, y le obligaron a retirarse momentáneamente. Lardo se adelantó y apuntó su espada hacia delante, preparando una estocada.

“Se acabó, caballero”.

La espada de Dayuri se quedó unos centímetros de Arturo, sin una aparente explicación. Luego ya me fije que Reik le había agarrado de la pierna y le había impedido acabar su ataque.

“Ya te dije... ¡Que te largaras!”

Dayuri estaba tan sorprendido de que hubieran detenido su ataque, que no opuso resistencia, y Reik pudo tirar de él y lanzarle contra un edificio.

“¡¡¿Qué os pasa a los demás?!! ¡¡¿Es que no vais a colaborar?!!” gritó.

Ninguno sabíamos exactamente de qué iba esto, pero acudimos de inmediato a cubrir a Arturo al igual que lo estaba haciendo Reik.

“¿Dónde crees que vas?”

La teniente iba detrás de Jonyo, lanzó el látigo y le atrapó la pierna. Iba a tirarle al suelo, cuando Reik avanzó hasta ella y le dio una patada en la cabeza que la catapultó de nuevo.

“Yo me encargo de ella, ¡vosotros encargaos de Arturo!”

La verdad, no teníamos tiempo para cuestionar a Reik, así que, una vez libre de ataduras, Jonyo llegó donde estaba Arturo, y a los pocos segundos llegué yo.

“Gracias, amigos. Sé que esto parece un poco raro, pero os prometo que cuando todo acabe os lo explicaré”.

El Capitán Lardo salió del interior del edificio, lleno de polvo, se sacudió, y sonrió.

“Parece que por fin, esto se pone interesante” dijo mientras se frotaba las palmas de las manos entre sí y se lanzó a por nosotros.

“Jonyo – le dije – Ahora somos dos, pero estamos heridos. No podemos vencerle pero sí podemos detenerle”.

“Vamos a devolverle todo lo que nos ha hecho antes”.

Salimos conjuntamente al ataque. Cada uno preparamos una onda de energía y la proyectamos a la vez desde direcciones opuestas. Dayuri quiso hacerse el importante e intentó parar cada una con una mano, pero nosotros fuimos más listos. En vez de dejar que explotaran con un impacto directo al objetivo, las hicimos explotar mientras las aguantaba con las manos, causándole daños y creando una nube de humo gracias a la cual nosotros sabíamos dónde estaba él por su energía, pero él no sabía dónde estábamos nosotros.

“Cof, cof, – le escuchamos toser – malditos caballeros…”

“¡Lanza del Relámpago!”.

“¡Senbonzakura!”.

Lanzamos nuestros ataques contra él. El de Jonyo tuvo tanta potencia que hizo un agujero en el humo, mientras que el mío, al ser simples pétalos, aparentemente inofensivos, se colaron sin llamar la atención.

No podía vernos, pero seguramente debimos decir demasiado alto el nombre de nuestros ataques, porque en cuanto Jonyo lanzó su ataque, Lardo salió de la nube de humo con una herida desde el principio del pecho al hombro, cuando debía haberle atravesado. Mi Senbonzakura no era tan rápido, Dayuri ya lo había visto, así que no utilicé la gran cantidad de pétalos para cubrir la mayor distancia posible y dañarle poco a poco, sino que los concentré todos a su alrededor para hacerle el mayor daño posible. Los pétalos cubrieron todo su cuerpo y formaron su silueta en rosa. Se escuchaba el sonido de innumerables cortes, creí haberlo conseguido, sin embargo, Dayuri empezó a mover su espada en todas direcciones como si tratase de cortar el aire, creando un viento que alejo todos los pétalos de él.

“Casi…” me lamenté.

Aunque había parado mi ataque, tampoco había sido en vano. Podía ver pequeños cortes en muchas partes de su cuerpo, cada uno con una pequeña gota de sangre saliendo de él. Una gota de un corte de su mejilla llegó hasta sus labios, la relamió y la saboreo.

“Qué asco” dijo Jonyo.

Beber aquella gota de sangre provocó una extraña reacción en el Capitán, que primero dio un fuerte y agudo grito, después tensó todos los músculos de su cuerpo, lo que abrió todas sus heridas y le llenó de sangre, acentuando la reacción todavía más, lo que llevó a un nuevo grito, que esta vez fue acompañado de una onda expansiva que obligó a Jonyo y a mí a retroceder y cubrirnos.

“¿Qué coño pasa?” preguntó Jonyo.

La teniente, a quien todos creíamos luchando con Reik, apareció en el cielo de repente con una expresión de terror en su rostro. Reik iba detrás, debía creer que huía, pero al ver al Capitán Lardo en ese estado también se detuvo.

“¿Qué…? ¿Qué habéis hecho? Habéis despertado la verdadera naturaleza del Capitán Lardo. Es igual… Igual que la vez que luchó con Mesa. Ahora da igual lo que hagáis. Nadie saldrá vivo de aquí, ni vosotros, ni yo”.

“¿Ha luchado con Mesa?” preguntó Jonyo sorprendido.

“¡Olvídate de eso ahora! – Exclamó Reik – ¡¿Qué es esa forma?!”

“El Capitán Lardo aparenta una apariencia amigable e inofensiva, pero en su interior guarda una segunda personalidad salvaje e incontrolable que sólo despierta cuando sus labios entran en contacto con su propia sangre. Como hasta ahora no habíais sido capaces de herirlo, nunca lo había mostrado. Hasta ahora, sólo Mesa y el Señor Oscuro habían podido hacerle despertar en este estado, voluntariamente, claro”.

“Genial…” dijo Arturo.

Cuando al fin pareció calmarse, su piel estaba muy enrojecida, como si toda la sangre que le quedase estuviera dando vueltas por su cuerpo a toda velocidad, sus ojos estaban en blanco totalmente, y había desaparecido aquella calma que caracterizaba a su energía. Ahora sólo podía sentir rabia, dolor y muerte.

No dijo nada. Directamente se lanzó a por nosotros. La teniente tenía tanto miedo que salió volando, pero Reik le lanzó una bola de energía y la detuvo.

“Tú no te vas a ninguna parte. Eres la única que sabe cómo detenerle”.

“¿Quieres saber cómo detenerle? Pues hay dos formas. Una es derrotándolo, y la otra que se desahogue sexualmente con una menor. ¿Puedes hacer tú alguna de esas dos cosas? Y ahora déjame irme”.

“¡No te creo! ¡Alto ahí!”

Reik la agarró del brazo, y del forcejeo, el colgante que llevaba por dentro de la camiseta salió hacía fuera, mostrando un anillo roto. Al verlo, Reik se quedó congelado, nunca mejor dicho, y la teniente consiguió escapar.

“Ese anillo… Ese anillo era… ¡¡¡Fuiste tú!!!” gritó enfurecido

En ese momento no caí en por qué se había cabreado tanto. No era un detalle que a mí me hubiera llamado la atención, pero claro, a él… cómo olvidarlo, ¿verdad? Quise ir a calmarle, pero Lardo ya estaba demasiado cerca de nosotros dos. Primero fue a por mí, y tampoco puedo contaros gran cosa porque sólo recuerdo un golpe fuerte y rápido, y un instante después estaba tirado en el suelo sangrando por la cabeza. Desde el suelo, vi como cortaba a Jonyo en el estómago, dejándole fuera de combate también. Por último fue a por Reik, que en el estado en el que se encontraba, no le fue difícil reducirle, como bien dicen, no hay cosa más sencilla que detener a un hombre fuera de sus casillas. Con un golpe en la nuca cayó.

Peter estaba escondido, y bien por él, así que Lardo no podía localizarlo. Ya no había nada entre Arturo y él, salvo la distancia, que parece que no quería recorrer, porque en vez de ir a por él, arrojó su espada y se dejó de problemas. Arturo debió sentir que todo lo que había pasado era por su culpa, porque no se molestó en evitarlo. Era como si aceptara su fracaso y la muerte fuera su castigo. Cerró los ojos. Jonyo y yo tratamos de ayudarle, pero por más que lo intentamos, no podíamos ni movernos, y dábamos gracias de seguir conscientes. Lleno de rabia por la impotencia de ese momento, grité.

“¡¡¡Arturo!!! ¡¡¡Noooo!!!”

La espada atravesó el cuerpo. Entró por la espalda y salió por el pecho. Fue justo en el medio, así tuvo que cortar las vías respiratorias y dañar el corazón. Eso sin contar la de enfermedades que puede haber en esa espada y que se liberaron en ese momento en su interior. Empezó a sangrar por la boca, a la vez que la mortal herida también sangraba, manchando su uniforme. Sí. Uniforme. La espada no atravesó a Arturo, sino a Kevin, que apareció de pronto.

“Kevin… ¿qué has hecho? ¿Por qué estás aquí?”

“Haaa, haaa – agonizaba – Lo siento, caballeros, pero en seguida noté que lo único que queríais era alejarme de vosotros y de algún tipo de peligro. Así que os estuve siguiendo sin interferir, pero ahora ya no me quedaba más remedio. Vais a tener que discul… parme…”

Empezó a caer al suelo, la espada se desprendió de su cuerpo, la sangre empezó a salir a borbotones. Arturo se tiró al suelo y le cogió antes de que cayera.

“¿Por qué? Tú no tenías que morir…” dijo Arturo mientras le agarraba la mano.

“Vosotros arriesgasteis vuestras vidas por nosotros cuando Petoria estaba en peligro. Es un placer para mí morir sirviéndoos de ayuda. Además, seguro que Suso está haciendo de las suyas en el más allá. Alguien tendrá que detenerle, jaja…ja…”

La llama de su vida se apagó en medio de una sonrisa. A través de su mano, Kevin debió transmitirle la llama de su voluntad. Todos nos quedamos en silencio. Arturo le cerró los ojos, colocó su cuerpo a un lado, se levantó, miró al Capitán Lardo, y su aspecto comenzó a cambiar. Las raíces de su cabello castaño se volvieron de un tono azul celeste intenso. Después, el color cambio a un naranja oscuro que se iba volviendo más claro según se acercaba a las puntas, terminando éstas en un amarillo chillón. Una vez cambió todo su pelo a esa combinación de colores, se empezó a poner de punta, salvo un pequeño mechón en medio de la frente, que se resistió, quedó a medias, y caía cerca de su ojo derecho. Sus dos pestañas se volvieron rubias y el iris de sus ojos pasó de ser de color miel a un rojo escarlata, intenso y centelleante. Por último, un aura dorada, brillante y cálida le rodeó por completo, completando la transformación con una onda expansiva que agrietó el suelo de alrededor.

“Jeje, te ha salido bien, ¿eh, Arturo?” dijo Reik después de recobrar la consciencia en ese momento.

“Ya has conseguido lo que querías, Capitán Lardo – le dijo mirándole fijamente – ¡Ahora haré que te arrepientas!”

3 comentarios:

Arthas dijo...

Sus dos pestañas se volvieron rubias.

Supongo que no solo tiene dos pestaña, tendrá un conjunto de pestañas por cada ojo.

El capitulo... genial... la verdad... mira que ultimamente eran comentarios bastante insulsos, pero es que ha estado muy bien y eso que es en 1ª persona. Espero que el siguiente no tarde tanto en salir porque se me olvida lo que pasó en los anteriores xD

Arthas dijo...

Por cierto, soy Dani, que al tener una cuenta de blogger puse Arthas

Jon dijo...

Muy bueno el capítulo y muy bueno el final, la espera ha merecido la pena con creces, ya estoy esperando el siguiente con ansia si dices que es todavía mejor

todos sonreímos cuando vimos llegar a Reik, volando con Arturo de pie sobe su espalda.
(sobre su espalda)
Todos nos quedamos literalmente flipando, y perdón, porque no es no tenga más vocabulario(no es que no)

Un saludo a todos