domingo, 4 de septiembre de 2011

Episodio CXXIII

Y antes de empezar mañana 5º de carrera, despedimos la temporada de verano con un último capítulo. Este verano han sido pocos capítulos, como siempre... Pero al menos esta vez han sido largos y buenos, concretamente el anterior era cinco veces este ^^ Estuve un puto mes con él xD (del 15 al 15) Pero lo importante es que quede bien.

Título: Come Around our Turn

Tamaño: 7

Dedicado a:  N/A



Episodio 


CXXIII

S
e había hecho de noche. Mientras Gabriel contaba su historia, Shawn tuvo que encender una hoguera para que no se quedaran completamente a oscuras. Sentados sobre troncos y rocas, escucharon el final de la trama. Al terminar los relatos, cada uno se había quedado en silencio, pensando, recordando todo lo que había pasado, observando las estrellas, buscando a sus seres queridos en ellas, pero sintiendo cosas muy distintas. Arturo había recuperado los ánimos, y ahora más que nunca, estaba convencido de que podía recuperarse completamente. Jonyo había tomado una decisión que todavía no había compartido con los demás, estaba buscando el momento oportuno. Reik estaba nervioso, impaciente, deseaba salir de allí. Por muchas caladas que daba a su cigarro, no era suficiente como para tranquilizarse. Ahora sabía quién era su objetivo, pero necesitaba estar con el resto del grupo, y se preguntaba cuanto tiempo se retrasarían estando en aquella isla perdida. Gabriel, después de contar su pasado, tenía ganas de llorar, pero la presión pública le obligó a controlarse. Peter reflexionaba sobre qué había aportado él esta vez a la aventura, y llegó a la conclusión de que lo único era el dinero para pagar las reparaciones. Fidel sentía un torrente de emociones en su interior. Por un lado, sentía rabia por haberse pedido todas esas aventuras, pero por otro lado, estaba deseando poder mostrar sus avances a los demás. Por último, Shawn Stevenson, el único que era espectador al cien por cien, se había quedado esperando pacientemente a que alguno de ellos rompiera el silencio.

“Bueno, decid algo ya, ¿no?” terminó por romper el silencio él mismo.

“Te noto raro, Gabriel – le dijo Reik – ¿Te pasa algo?”

“¿Y cómo quieres que esté? He tenido que contar la misma historia dos veces…”

“Voy a entregarle mis poderes al Caballero Negro” vio al fin Jonyo su oportunidad. En ese preciso instante, cada uno dejó de pensar en sus cosas y acuchillaron a Jonyo la mirada.

“¡¿Qué?!” exclamaron el resto de caballeros.

“Así, empezando con algo suavecito” bromeó Shawn.

“Sí… Bueno… – trató de explicarse – Estuve reflexionando sobre los motivos que han hecho a mi amigo volverse como es ahora. Ya demostró él mismo que era por el incidente de nuestro pasado, pero yo creo que hay algo más detrás de todo eso. En aquellos tiempos, daba igual cuanto me esforzara o cuanto empeño pusiera, no conseguía ganarle en nada. El muy cabrón era bueno era en todos los deportes, incluso en los que no hubiera jugado nunca, y en los estudios estábamos más o menos. A pesar de que éramos amigos, la rivalidad era notable.

Sin embargo, aquel día le gané por primera vez. No me refiero a que le ganase porque le descubrí. Le gané moralmente, le demostré que las cosas podían ser distintas, pero no quiso escucharme. Por eso se deja manipular por Mesa. A cambio de esa manipulación, le está dejando conseguir todo ese poder para así poder demostrarme que él sigue y seguirá estando por encima de mí.

Sólo hay una manera de hacer que vuelva a la normalidad. Entonces le derroté moralmente, ahora debo derrotarle físicamente, y además estando en su plenitud física, con el mayor poder acumulado posible. Si sufre una caída así, su odio no se recuperará y lo más seguro es que desaparezca. Es por eso que quiero entregarle mis poderes, y por lo que os pido vuestra ayuda. No va a parar hasta que los consiga, y dándoselos directamente ahorraremos daños colaterales.

¿Qué me decís?”

“Ni de coña – dijo Gabriel – No tenemos otra cosa mejor que hacer que aumentar el poder de nuestros enemigos. Como si no fueran lo suficientemente fuertes ya. ¡Estás loco!”.

“Vamos, ni hablar. ¿Qué quieres? ¿Quedarte tullido como éste? – Dijo Reik señalando a Arturo – Y peor aún, ¿quieres que nosotros nos quedemos así también? Porque en su caso el daño ya está hecho, y vale que hay que ser solidario, pero solidarizarnos hasta el punto de perder todos nuestros poderes lo veo una estupidez”.

“Con el combate de Arturo ha quedado demostrado que los poderes no se pierden. Se quedan dormidos, sólo hay que despertarlos de nuevo”.

“Claro, quedamos con el Caballero Negro, le entregamos los poderes y le decimos que no nos mate en ese momento, que se espere un par de semanas a que nos recuperemos. Como sois colegas seguro que acepta encantado”.

“Gilipollas…”

“No, es que encima voy a tener yo la culpa ahora de que nos pidas que nos suicidemos”.

“Jonyo, reconoce que estás pidiendo un imposible – Peter sabía que estaba totalmente fuera de la conversación, pero intentaba entrar de algún modo – Reik tiene razón. Mesa le ha prometido al Caballero Negro que podía ir a por ti cuando tuviera todos los elementos. Si se los damos estará fuera de control y acabará contigo y con todos nosotros. Ni sabemos exactamente el modo de despertar los poderes de nuevo ni el tiempo que se tarda”.

“Pues para eso estamos aquí, ¿no? ¡Arturo! ¡Venga a entrenar! ¡¿A qué esperas?!”

“Con eso no basta – volvió a contestar Peter antes de dejar hablar a Arturo – Sois personas diferentes, y lo más probable es que si te quitan los poderes a ti o a cualquiera de los demás los síntomas se manifiesten de forma diferente y la recuperación sea de un modo diferente también”.

“Yo te ayudaré” dijo Fidel.

Gabriel apretó el puño lleno de ira, pero de momento era capaz de controlarse, y esperó a escuchar los motivos que impulsaban a su compañero a tal despropósito.

“¿Se te puede preguntar la razón?” ya preguntó Arturo, evitando la molestia al caballero de la rosa.

“Desde que dije abiertamente que quería matar a Mesa para vengarme por la muerte de Isabel, me encontré con vuestro rechazo una y otra vez. Nunca, ninguno de vosotros fue capaz de entenderme, de darme su apoyo, por eso tuve que venir aquí. Ahora él está en la misma situación que yo. No está pidiendo que le demos nuestros poderes al Caballero Negro, está pidiendo un voto de confianza, nuestra confianza. Quiere que le dejemos este asunto a él. Cierto es que en su momento él no me apoyó a mí, y que lo correcto es hacer lo que vosotros decís, pero la confianza a veces trasciende a la razón, y además no soy capaz de ver sufrir a otra persona lo mismo que he sufrido yo. Tienes mi apoyo, Jonyo”.

“Gracias” dijo espontáneamente el caballero, pues en realidad se había quedado sin palabras.

“¿Este es el mismo Fidel que conocíamos? – Pensó Arturo – Le noto cambiado…”

“Ya habló el otro tonto… – Gabriel no aguantó más – Tenía que abrir la boca”.

“Tú estás empezando a hartarme ya – se levantó del tronco y agarró la empuñadura de su espada, sin desenvainarla aún – En el desierto de Azeroth ya me cabreaste con tus comentarios y tus tonos de mal gusto y te lo toleré porque estábamos en medio de un problema, ¡pero aquí no pienso permitirte que me trates así!”

“¿Y qué me vas a hacer? ¿Vas a sacar la espada? ¡Venga! ¡Hazlo!”

“¿No te das cuenta de que te estás comportando igual que el chico que nos has contado que eras?” irrumpió Shawn.

Por un momento los dos se tranquilizaron. Fidel soltó la empuñadura de la espada y Gabriel giró la cabeza y miró hacia el suelo.

“No voy a pegarme contigo – dijo ya más calmado – Pero quiero saber qué problema tienes conmigo”.

“¿Qué problema tengo? ¿En serio quieres saberlo? – Dijo a la vez que le devolvía la mirada – Mi problema es simple. Estoy harto de ver cómo te las das de listo y crees que lo sabes todo y tienes razón en todo cuando en realidad no tienes ni puta idea de nada, ¡eso es lo que me pasa!”

“¡Eh, sin faltar! ¡Explícate!”

“Pues que eres un falso de mierda y ya me he hartado de escuchar tus tonterías. Yo aprendí la lección al ver como hice sufrir a la persona que más quería por hacer lo que me dio la gana sin tenerla en cuenta, que es exactamente lo que estás haciendo tú. Por más que te decimos que enfrentarte a Mesa tú solo sólo te llevará a la muerte no escuchas. Ni siquiera a Arturo, que se supone que es tu mejor amigo, y el único que queda vivo de los cuatro caballeros originales. ¿Has pensado alguna vez en cómo se sentirá él si murieses? Hablas mucho de amistad y todas esas gilipolleces pero en realidad sólo eres un cerdo egoísta que no piensa en otra cosa más que en sí mismo. Y lo peor no es eso, lo peor es que por culpa de tu inconsciencia has envenenado la mente de Jonyo y ahora él quiere ir por el mismo camino, ¿cuántas vidas tienes que destruir hasta estar satisfecho?”

Después de ver la cara que tenían todos comprendió que quizá se había pasado un poco y se calló unos segundos para relajarse.

“Y bueno… Por eso no me caes bien, Fidel” concluyó.

“Puedo entender que tú, como eres más mayor que yo y tienes más experiencia en la vida, te moleste que, habiendo cometido tú un error, yo lo vea y no me sirva para no cometer el mismo. Pero tal vez lo estés enfocando de manera errónea. Yo no pienso que tú te equivocaras en tu pasado, ni que la muerte de Marta fuese culpa tuya. Simplemente pienso que parte del camino de cada uno consiste en darse en cuenta de si está haciendo lo correcto siguiendo su propia naturaleza. Aquel día, tú no hiciste nada especial. Intentaste acostarte con tu novia, como lo habías intentado otras muchas veces con otras mujeres. Unas te rechazan, y otras caen en tus brazos, como siempre. Nunca te va a salir bien ni mal todo. Nadie hubiera sido capaz de predecir lo que iba a sucederle a Marta aquella noche, por tanto no sirve de nada que sigas culpándote. También entiendo que te extrañe que esté dispuesto a cualquier cosa con tal de vengarme de Mesa, pero dime una cosa, ¿si descubrieses al violador de Marta no querrías hacerle lo mismo?”

Gabriel se quedó perplejo. Fidel le estaba echando la charla. Lo que había empezado totalmente a su favor, se había vuelto completamente en su contra en un momento.

“Ya respondo yo por ti. No. Claro que no le harías lo mismo. A ti no te bastaría con matarle, porque para ti, Marta era la persona que más querías. Era mucho más importante que Isabel para mí. Con toda la culpa que llevas acumulada, yo creo que ni una muerte lenta y dolorosa sería suficiente para calmar tu dolor. Ni el tuyo, ni el de Reik. Sólo mira al Caballero Negro, él está en esa fase. Ha estado esperando su momento desde hace años y ahora que lo ha encontrado cada día que pasa sin conseguirlo está más loco. Pero bueno él al menos mantiene algo de juicio y no se cargó a Kevin y los demás en Petoria, seguro que tú me quitarías de en medio sin dudarlo un instante si me pongo en tu camino en tu situación así, ¿o no? Así que la próxima vez, antes de hablar, piensa bien lo que vas a decir, sobre todo si es ofensivo”.

“Cuando caigas a manos de Mesa, tú mismo demostrarás con tu muerte que todo esto que acabas de decir no es más que palabrería”.

“Muchas gracias por tu apoyo, Fidel – habló Jonyo, pues todo esto había empezado por su culpa – Pero en tu caso contaba con que Blackron te robará los poderes por sus propios medios, no hace falta que se los entregues pacíficamente, eso es sólo ellos”.

“¡Serás cabrón! ¡Encima que te defiendo!”

“Jajaja. Era una broma hombre, una broma”.

“Cambiando de tema, ¿no habíamos venido aquí para entrenar?” dijo Peter para disuadir a los caballeros de seguir enfrentándose.

“Yo creo que eso es una pérdida de tiempo – opinó Reik – A estas alturas este tío no puede seguir siendo más fuerte que nosotros. Pero vale, haced lo que tengáis que hacer y vayámonos cuanto antes”.

“Sois varios y sólo hay una persona para enseñaros, tendréis que decidir el orden o algún tipo de horario, ¿no?” comentó Reik.

“Yo creo que Arturo debería ir primero – opinó Peter – Su recuperación es lo más importante, sin ella no podrá hacer nada”.

“Pues yo pienso al revés – dijo Jonyo – No sabemos cuánto tiempo va a tardar en recuperarse, y en ese tiempo los demás podríamos hacer grandes avances. Que se recupere primero por su cuenta y luego que entrene o nos retrasará a todos”.

“Eh, eh. No flipéis tanto que yo estaba aquí antes que vosotros – dijo Fidel – Y no vais a colaros ahora por las buenas”.

“Tú lo has dicho, ya llevas aquí mucho tiempo – contestó Jonyo – Ya has entrenado suficiente así que nos toca a los demás”.

“¡Porque tú lo digas!”

“¿Qué más te da? Si tus amigas ya están muertas. En cambio, yo tengo que derrotar a mi amigo y rival”.

“Oh, sí, pedazo de amigo, el que se cargó a tu novia”.

“Al menos yo he tenido no como otros”.

“Aunque hayas tenido no tienes el mismo éxito que yo – añadió Gabriel – Así que no te cebes con el pobrecito”.

“Yo por lo menos no tenía que obligar a mi novia a acostarse conmigo. Venía ella solita. Así que no sé de qué éxito estás hablando”.

“Creo que os estáis desviando de la conversación” dijo Fidel.

“Tú calla que has tenido que venir aquí a mendigar un entrenamiento porque no dabas la talla en el grupo” contestó el caballero de la rosa.

“¿Y vosotros qué? ¿Estáis haciendo turismo rural?”

“No, perdona. Nosotros venimos a acompañar a Arturo que lo está pasando mal, y ya de paso, para no desaprovechar el tiempo, entrenamos un poco, pero no nos hace ninguna falta”.

“¡Claaaaro! ¡Por eso estás discutiendo por el turno de entrenamiento!”

“Lo que sea pero poneros de acuerdo, porque el que esté en el banquillo tendrá que limpiar el barco – dijo Reik – No voy a estar cocinando gratis y los demás sin hacer nada”.

“Claro, muy cómodo, primero te largas cuando te da la gana sin dar explicaciones a nadie, y cuando vuelves se tiene que hacer lo que tú digas”.

“Al menos yo no me fui por ser débil, y cuando lo hice no fui llorando a casa de otro. Me busqué la vida”.

“Pues si eres tan guay y tan fuerte lárgate otra vez, que me molesta el humo de tu tabaco”.

“¡Y más que te va a molestar cuando te lo eche en la cara!”

“¡¡¡Esperad!!!” gritó con fuerza Arturo.

Todos dejaron de discutir, más por el agotamiento que tenían sus cuerpos después del ajetreado día, que por hacer caso al caballero del fuego.

“Estáis dejando pasar un hecho importante, y que convierte vuestra discusión en una pérdida de tiempo”.

“¿Ah, sí? ¿Cuál?”

“Shawn todavía no ha accedido a entrenarnos”.

“¿Y por qué se iba a negar? – Dijo Jonyo – ¿No ha entrenado a Fidel?”

“Fidel no me pidió que le entrenara por las buenas – resolvió la duda – Se enfrentó a Mireia y la obligó a que le trajera hasta aquí. Si ella la ha aceptado, yo no iba a ser menos. En cambio, vosotros parece que venís exigiendo”.

“Nos parece muy bien todo eso – dijo Arturo – De hecho, ya sabes que este no es el lugar de nuestros sueños. Nos encantaría estar en cualquier otra parte. Si hemos venido ha sido sólo por eso. Así que contesta de una vez y no nos hagas perder más tiempo”.

Shawn se levantó de la piedra y dio un fuerte grito que apagó la hoguera con una fuerte onda expansiva. Las ascuas de las cenizas fueron toda la iluminación que quedó, durante los escasos segundos que duraros. Un hilillo de humo fue el único resquicio que quedó del fuego cuando estas se apagaron. Entonces Shawn se dio la vuelta y comenzó a marcharse.

“Ya os dije que venir aquí era una pérdida de tiempo…” dijo Reik.

Arturo cayó de rodillas agotado y dio un puñetazo al suelo de rabia.

“No te preocupes – le animó Peter – Encontraremos la manera por nuestra cuenta”.

“Lo único que tardaremos un poco más” aportó Jonyo.

“Pero habríamos tardado menos si no hubiéramos venido aquí” dijo Reik.

Cuando ya se estaba alejando, Shawn se detuvo y volvió la vista atrás.

“¡¿Qué hacéis ahí todavía?! – Les gritó desde lejos – ¡Iros a dormir de una vez! ¡Mañana al amanecer quiero a Arturo preparado para empezar el entrenamiento! ¡Y por la mañana seguiré con Jonyo, que tengo que llamar a alguien para que colabore en su entrenamiento!”

“¡Sí! – Arturo sonrió muy contento – ¡Allí estaré!”

“¿A quién tendrá que llamar para que me ayude?”

“No te hagas ilusiones, no será una tía buena” dijo Fidel

“¿Y yo cuando entreno?” preguntó Gabriel.

“A ti no pienso entrenarte” contestó con muy mal tono.

“¿Eh? ¿Y eso por qué?”

“Lo sabes perfectamente. Hasta mañana”.

Shawn se perdió en la oscuridad y los caballeros se quedaron solos en medio de aquella isla tropical.

“Volvamos al barco – dijo Peter – Es tarde y no nos queda nada más por hacer aquí”.

“Pero hoy cocina otro, ¿eh?”

“¡¡¡Que sí!!!” respondieron todos a la vez y se adentraron de nuevo en el bosque tropical de vuelta al navío.

2 comentarios:

jon dijo...

Me ha gustado mucho,ha tenido muchos puntos comicos y no se si es porque este capitulo era mas corto pero muy fluida la lectura,por cierto que hay un par de fallos pero como he leido el capitulo con el movil no he podido ponertelos. Un saludo a todos.

Arthas dijo...

Buen capítulo. He tenido que leerme el anterior, porque no sabía que había salido xD. Los dos están muy bien. La verdad es que la historia de Gabriel con Marta está muy currada. Y ahora empiezan los entrenamientos =D