miércoles, 5 de septiembre de 2007

Episodio LI

Y cumpliendo los tiempos, aquí está el siguiente, recién salido del horno ^^De las estadísticas pues comentar que cuando dejé el cuaderno había superado ya las 500 páginas (era ya el segundo) y si hubiera seguido utilizándolo me lo habría acabado con este capítulo, pero claro, no leeríais estas líneas hasta dentro de un mes xD Y de word pues... el tamaño del volumen actual es de 172 páginas, con el siguiente ep ya superaremos el tamaño del anterior (178) Y tamaño total actual es de 359 páginas (y lo que queda xD) Bueno, al lío ^^

Título: N/A

Tamaño: 10'2

Dedicado a: Beatriz Serrano


Episodio LI

¿Cómo? – preguntó Peter – ¿Dices qué Suso es compatible?”

“Sí – reafirmó la enfermera – Lo he comprobado dos veces para asegurarme. La sangre del cuerpo inerte que habéis traído es del mismo tipo que la del caballero de fuego”.

“¡Bien! – exclamó Fidel – ¡Podrá curarse!”

“No tan deprisa, caballero – interrumpió la doctora – Esto no soluciona las cosas”.

“¿No?”

“Supongo que al averiguarlo te habrás puesto a extraer toda la sangre posible. Ese cuerpo, por razones que no alcanzo a comprender, estaba demasiado descompuesto para el tiempo que llevaba fallecido. Supongo que tendrá su explicación”.

“Es algo bastante complicado” dijo Gabriel.

“Bueno, me lo contáis más tarde, no es demasiado importante. El asunto es otro, teniendo en cuenta el estado de descomposición, ¿cuánta sangre útil has sido capaz de extraer?”

“Bueno, aún no he terminado, estoy tratando de sacar la mayor cantidad posible, ya que el individuo ya no la necesita. A pesar de todo, cuando lo comprobé por última vez llevaba algo más de un litro, pero no creo que llegue a conseguir siquiera un segundo”.

“Hmpf… Eso complica las cosas…”

“No será suficiente, ¿verdad?” preguntó Peter.

“El organismo de un ser humano adulto contiene aproximadamente cinco litros de sangre. Vuestro compañero ya ha perdido más de la mitad, por lo que si le inyectamos los dos litros, suponiendo que lleguemos a conseguirlos, aún quedaría un litro más para que se recuperase”.

“Entonces, ¿no hay solución?” preguntó Jonyo.

“No he dicho eso. La sangre se genera digiriendo alimento, pero no podemos dar de comer a alguien que no está consciente. Podemos inyectarle vitaminas, pero sólo se utiliza para casos de huelgas de hambre que pasan de lo estimado por los huelguistas. Es un parche, no servirá para curarle si no come después. Se salvará si la cantidad de sangre es suficiente para que recupere la consciencia y coma, pero las vitaminas sólo retrasarán lo inevitable”.

“¡¿Pues a qué esperas?! – exclamó Fidel con su característica energía – El tiempo va en nuestra contra”.

“Sólo quiero informaros de que hay un porcentaje de éxito no demasiado alto. Como el paciente está incapacitado para decidir, sus más allegados son los que toman las decisiones. Además aún estamos terminando de extraer la sangre del cuerpo del difunto”.

“Fidel, tú eres quien conoce a Arturo desde hace más tiempo – dijo Jonyo – Decide”.

“Adelante, ¡hágalo!” exclamó sin pensárselo dos veces.

En cuanto Fidel terminó de hablar, y sin decir ni una palabra, la doctora y la enfermera salieron del lugar en direcciones opuestas, pararon a salas distintas y cerraron la puerta.

“¡La sangre ya ha terminado de extraerse! – exclamó la enfermera desde la habitación en la que se encontraba – ¡Tengo casi dos litros!”

“¡Perfecto! ¡Nos encontraremos en el quirófano dentro de 90 segundos!”

La doctora se equipo con los guantes de látex y la mascarilla, cogió una aguja, un tubo muy fino y largo y una bolsa de suero, los puso sobre una bandeja y se fue hacia el quirófano. La enfermera se colocó bien su gorro con una cruz roja, se puso los guantes, agarró la bolsa con la sangre de Suso y se dispuso a salir de la habitación, no sin antes echar un último vistazo al cuerpo del difunto.

“Puede que estés muerto, pero tu sangre salvará otra vida” dijo y se fue.

Las dos mujeres entraron en el quirófano a la vez, empujando la camilla en la que descansaba Arturo. Cerraron la puerta y lo último que pudieron ver los caballeros fue el ahora pálido rostro de su compañero alejándose más y más hasta desaparecer.

“Pues ahora… me voy a duchar” dijo Jonyo.

Bill avanzaba a través de la isla completamente mojado por la lluvia, sin un rumbo fijo, buscando la dirección que tomar en su interior. Frustrado, se detuvo bajo un árbol para pensar que hacer.

“Si tuviera la posibilidad de elegir, ¿con cuál de ellos…?”

La tormenta empeoró y un rayo cayó sobre el árbol bajo el que se encontraba, dándole escaso tiempo para escapar de un salto reflejo. El árbol ardió además de partirse por la mitad, las ramas y hojas llenas de hollín saltaron por los aires en todas direcciones manchando completamente al joven a la vez que dejaban una estela de humo a su paso.

“Joder… y me acababa de duchar…”

Había pasado ya una hora desde que la doctora y la enfermera se encerraron en el quirófano con su paciente, y los caballeros se habían quedado en silencio, pensando cada uno en sus cosas, sin decir ni una palabra. Jonyo ya estaba aseado y limpio como ansiaba. Shin observaba la tormenta desde la única ventana que daba al exterior en aquella sala. Las nubes grises no dejaban de arrojar agua hacia la tierra acompañándola de rayos, truenos y relámpagos.

“No puedo ver el cielo” rompió Shin el silencio.

“¿Cómo?” dijo Fidel.

“Sí. Hace tiempo que no puedo ver el cielo. A pesar de que ha habido últimamente muchos días soleados y claros, y muchas noches claras con luna llena, no he tenido ni un segundo de paz para poder observar el cielo o las estrellas acompañado de un ser querido. Es como si estas nubes que lo cubren ahora hubieran estado siempre, impidiéndome apreciar su belleza”.

“Para esta situación voy a decirte un verso de una canción de uno de los grupos de música que suelo escuchar”.

La tormenta, la tormenta

Cuando cae llega la tranquilidad

Y los sueños y tu risa

Ven morir El Espíritu de Seagram

“Gracias por los ánimos, caballero”.

“Pronto todo acabará, y el cielo se verá de nuevo”.

En ese momento la puerta del quirófano se abrió y la doctora salió acompañada de su enfermera, quien le secaba la frente con una pequeña toalla.

“Se acabó” dijo la doctora al quitarse la mascarilla.

“¿Ha muerto?” preguntó Jonyo.

“Noooo, perdón. Me refería a que ha terminado la intervención médica. El resto depende de la fuerza de voluntad del paciente”.

“¿Entonces ha ido bien?” preguntó Peter.

“Bueno, normal. Su cuerpo ha respondido a la sangre ajena, pero el cambio brusco de la presión sanguínea de poca a mucha en tan poco tiempo ha provocado que estuviéramos a punto de perderle en un par de ocasiones. No obstante, nuestra experiencia y preparación han servido de ayuda”.

“Bueno, más la suya que la mía. Yo no llevo demasiado tiempo en esto”.

“No digas tonterías, no se nace sabiendo. Si tú no estuvieras pendiente de las pulsaciones y de la presión mientras yo le inyectaba la sangre puede que cuando la máquina me avisase con el pitido ya no hubiera nada que hacer. No infravalores tu trabajo”.

“Tal vez…”

“En fin, a lo que iba. La sangre ha hecho que recobre su temperatura corporal a niveles casi regulares y está estable, pero no seguirá así durante mucho tiempo a menos que genere nueva sangre para llenar el litro que falta”.

“¿Y las vitaminas de las que habló?” preguntó Fidel.

“Tuvimos que ponerlas durante una de las complicaciones de la intervención. Ya no podemos tirar de ningún sitio más”.

“Entiendo, habrá que confiar en él”.

“No podemos hacer nada hasta que despierte, así que podéis aprovechar para hacer algo mientras tanto” dijo la enfermera.

“Enterremos a Suso” dijo el caballero de la rosa.

“¡¿Qué?!” exclamaron todos a la vez.

“Justo antes de morir, Suso fue capaz de abrir su corazón y mostrar sus sentimientos. Cometió delitos, como cualquiera, pero demostró que no era todo egoísmo. No merece que su final sea como le vemos descomponerse sobre una camilla de hospital. Al venir hacia aquí la primera vez vi un cementerio un poco más al este de este lugar, en el que podemos darle sepultura. Sólo se vive una vez, y ahora él no volverá a caminar por este mundo. Es nuestro deber como últimas personas que trataron con él enviarle de vuelta con la tierra, un final digno”.

“Entiendo, pero esto no es una funeraria – dijo la doctora – Aquí no tenemos ataúdes. Lo único que puedo ofrecerte es la camilla en la que se encuentra y cubrir su cuerpo con una sábana”.

“Servirá”.

Entre todos cogieron el cuerpo y lo llevaron en volandas hacia el cementerio, con paso lento y silencioso. La tormenta había cesado hasta convertirse en una leve llovizna suave y tranquila, que acariciaba la sábana que cubría el cuerpo del difunto, como si la misma tierra llorase su pérdida. Fidel abrió con los poderes de su elemento un hueco en la tierra, donde metieron el cuerpo, que después fueron tapando con una pala poco a poco, a la vez que, desde su interior, cada uno se despedía de él a su manera.

“Ya no te verás obligado a robar” pensó Peter.

“Nuestras pequeñas disputas ya no tendrán lugar” pensó Gabriel.

“Como has muerto tus deseos carnales desaparecerán – pensó Jonyo – Un momento, ¿eso es algo bueno? Supongo que en tu caso sí, porque fue lo que te llevó a la muerte”.

“Te vengaremos, no lo dudes” pensó Fidel.

“Hemos encontrado esta piedra con forma de prisma – dijo la doctora – Servirá de lápida”.

“Muy bien, ponedla ahí – dijo Gabriel – He escrito un epitafio para la ocasión”.

Eran tan grandes y redondas

Que pudieron contigo…

“Es bonito…” murmuró la enfermera.

“Además es ideal” susurró Jonyo.

“Es una pena, si lo hubierais traído a tiempo, tal vez lo hubiera salvado a tiempo del veneno”.

“¿Cómo lo has sabido?” preguntó Fidel.

“Es cierto, me pica la curiosidad. Antes has hecho lo mismo – dijo Peter – Cuando entramos a tu casa no hubo que decirte lo que había pasado. Adivinaste que enfermedad tenía cada persona sin preguntar, ¿podrías explicárnoslo?”

“Es normal al llevar tanto en el oficio. En primer lugar, al escuchar el ruido pensé que era alguien del pueblo controlado por Miss Jewel que venía a atacarnos, pero al ver al joven Fidel con Arturo en brazos tuve un pequeño respiro. No obstante, ese respiro no duró demasiado, ya que me preguntaba la razón por la que había tirado mi puerta abajo sin previo aviso. Si fuese para curar algún tipo de herida o golpe no hubiera hecho falta que vinieseis, era innecesario teniendo los poderes curativos de Peter. Durante unos segundos estuve desconcertada pensando la razón de vuestra visita, pero al ver llegar a Jonyo sangrando reaccioné. Debía ser algo grave para que ni siquiera hubiera dado tiempo a curar al pobre caballero. Ver la sangre de su herida me hizo reaccionar, y entonces recordé que cuando vi al chico la primera vez que vinisteis era mucho más moreno que ahora, por lo que no podía ser otra cosa que una pérdida excesiva de sangre. Al no haber herida de ningún tipo la única posibilidad era que Peter ya la había curado con anterioridad. Así fue como lo deduje, y al tocar su cuerpo cuando nos llevamos para examinarlo lo confirmé”.

“Vale, eso Arturo – dijo Fidel sin creérselo todavía – pero, ¿y los demás? Adivinaste también lo del resto”.

“Jonyo estaba herido, saltaba a la vista, Peter lo curaría, no requería ninguno de mis cuidados, sólo una buena ducha. El avanzado estado descomposición del joven al que estamos enterrando no daba pie a otra posibilidad, pero para alcanzar aquel estado de descomposición debería llevar muerto varios días, pero llegasteis hace muy poco, no le ha dado tiempo a morir y a descomponerse de esa forma, por lo que el causante debía ser un veneno muy fuerte. Shin tenía los síntomas de siempre y la enfermedad de siempre, no había mucho que adivinar, y la chica no mostraba signo alguno de malestar, así que o estaba ya muerta o estaba bien, y contando con la galantería con la que la agarraba el caballero de la rosa, no podía estarlo”.

“Excepto por lo de que el veneno causó la descomposición de Suso, lo demás exacto – dijo Jonyo aplaudiendo levemente – El veneno sólo le mató, la descomposición la causó otra cosa. Te pongo un 9’5”.

“Gracias, caballero. En ese caso, ¿qué causó la descomposición?”

“Si se lo dijéramos no nos creería, es mejor que lo olvide”.

“Es verdad, la chica – dijo Peter – Me había olvidado por completo de ella”.

“Ni falta que hace que te acuerdes – dijo Fidel – hay cosas más importantes que tratar. Ahora que ya ha pasado lo peor y estamos todos más calmados, decidme, ¿cómo creéis que pudo Arturo con semejante herida?”

“¿Qué herida era? – preguntó la doctora – Porque si no nos lo decís nosotras no podremos opinar”.

“Pues no es fácil de explicar. Le habían atravesado el pecho, y además tenía todos los órganos internos por los que pasó el arma desgarrados”.

“Es cierto, no es algo normal. No conozco ningún arma capaz de hacer algo así, que yo recuerde todas dejan un corte limpio, y si hubiera sido con una sierra o algo parecido no hubieran podido atravesarle, en todo caso cortarle por un lado”.

“Seguro que fue Reik – dedujo Fidel – Pudo hacer una lanza de hielo con dientes alrededor y lanzarla contra él”.

“¿Reik?”

“Nuestro último compañero, doctora – contestó Jonyo – Cayó en poder de Miss Jewel”.

“Os comprendo, por esa misma razón aquí ya no quedan más hombres que Shin”.

“Si lo piensas bien, encaja con su comportamiento – insistió Fidel – El odio y la frialdad que añade Miss Jewel haría el resto”.

“Me temo que no fue exactamente así” dijo una voz.

Todos volvieron la vista atrás. Allí estaba Arturo, de pie, todavía algo debilitado, pero sonriendo.

“¡Arturo!” Exclamaron todos a la vez.

“¡¿Qué haces aquí?! – Gritó la doctora enfadada – Deberías estar descansando. Aún estás muy débil.

“Lo siento, doctora, pero tenía que venir a despedirme de Suso. Yo también vi su horrible muerte y me siento en parte responsable por no haber podido evitarlo. Era mi deber como caballero acudir a su último adiós”.

“Pues hala, despídete y volvamos a la clínica, no te vayas a morir ahora con lo que ha costado curarte”.

“¿Tan mal estaba?”

“Puf, ahora te contamos” dijo Shin sonriendo y todos regresaron caminando mientras la lluvia terminaba de amainar.

Miss Jewel paseaba junto al Capitán Lardo a través del bosque cercano a su base de operaciones, disfrutando de la luz del sol que asomaba entre las nubes al despejarse. Dos esbirros les cubrían las espaldas.

“Que bien que haya dejado de llover, ¿verdad amor?”

“Sí… sí…” dijo pasivamente mientras observaba una planta con las hojas con forma estrellada que había encontrado por casualidad.

“Te veo un poco ido. Tal vez te haga falta algo que te llame la atención”.

“No, de verdad…”

“¡Eh, vosotros! – Gritó a los dos esbirros – ¡Llamad a Bill para que nos traiga una botella de vino! ¡Y a Wancho para que haga de bufón un rato! ¡Y ya estáis tardando!”

“¡Sí Señora!” Exclamaron los dos y corrieron en direcciones opuestas.

“Ven, vamos por aquí. En esta isla hay una cascada preciosa en esa dirección. Sígueme”.

Caminaron durante un rato. Ella le miraba con deseo, deseando darle caza en ese mismo lugar, sin importarle ser descubierta, pero la actitud pasiva de su acompañante le frenaba sus instintos primitivos llegando a enfadarse por dentro. Sin embargo ella era una mujer fuerte, y no iba a permitirse perder los papeles por algo tan trivial.

“Amor…” susurró.

“¡Mi Señora!” gritó una voz.

El grito de uno de los dos subordinados que había enviado antes interrumpió su momento estrella. Venía corriendo desde atrás, sofocado y con las manos vacías.

“¿Qué haces aquí? ¿Dónde está esa botella de vino que pedí?”

“De eso se trata, Mi Señora. Bill no está, ha desaparecido”.

“¡¿Qué?!”

“¡Mi Señora!” gritó otra voz.

El otro subordinado también venía corriendo y con las manos vacías.

“¿Y tú?”

“Wancho no está, Mi Señora. Se ha volatilizado”.

“¿Él también? Es muy extrañó. Esos dos han debido de irse juntos, ¿cómo se atreven a marcharse sin mi permiso? Cuando regresen se van a enterar…”

Arturo disfrutaba de un buen almuerzo tumbado en la cama de la habitación del hospital mientras charlaban animadamente.

“Él comiendo ese banquete… – se quejaba Fidel – Y a nosotros no nos das más que un triste refresco. Venga, que también tenemos hambre”.

“Tú no has estado a punto de morir, y esto no es un restaurante” replicó la enfermera.

“Genial…”

“Jajaja, no te desesperes, ya cogeremos algo ahí fuera por ahí como antes” dijo Gabriel.

“Sí, para que la paloma ésa me vuelva a quitar la comida…”

“Cambiando de tema – interrumpió Arturo – ¿Decís que fue Suso quien me salvó la vida?”

“Sí, su sangre era la única compatible con la tuya – contestó Peter – Al parecer eres afortunado, tienes un grupo sanguíneo de lo más extraño”.

“Suso, sigues vivo dentro de mí”.

“Bueno, no te pongas melodramático y cuéntanos cómo acabaste atravesado y desgarrado” dijo Fidel.

Arturo se quedó en silencio durante unos segundos.

“Me atacó él”.

“¿Reik?” preguntó Jonyo.

“No, aquel al que llaman Capitán. Su espada, además de ser larga, estaba desgastada y agrietada, llena de pequeños dientes, por eso me desgarró al sacarla. No sólo consiguió atravesarme, sino que además no tuve ni la oportunidad de defenderme. Estaba delante de mí y al instante ya me había atacado. No pude ni verlo”.

“¿Será más fuerte que Mesa?” preguntó Gabriel.

“No lo sé, a pesar de que me derrotó por completo, no creo que sean datos suficientes como para hacer una afirmación de tal calibre”.

“Puede que las circunstancias te influyeran – comentó Jonyo – Ya sabes, ver a Reik poseído, estar delante de un portal que intenta absorberte… no son cosas que ayuden a uno a concentrarse”.

“Es posible, pero hasta llegar al punto en que no pudiese ni reaccionar… No sé”.

“En cuanto estés bien saldremos a por él – dijo Fidel – Entre todos le daremos una buena paliza”.

“¿Crees en serio que será tan fácil? Para llegar hasta él primero tendríamos que quitarnos de encima a Miss Jewel, que a su vez está protegida por vuestro compañero y que utiliza a todo mi pueblo como escudo humano. No nos acercaremos ni a cien metros si ellos no quieren”.

“Podríamos intentar provocarle”.

“Caballero, parece que no estabas en el mismo sitio que los demás. ¿Es que no te has fijado en ese tipo? Pasaba olímpicamente de todo, incluso de lo que le decía Miss Jewel. No conseguirás provocarle, se reirá de ti. La única opción sería llegar a él por la fuerza, eliminando a todos los demás”.

“¿Atacando a nuestro compañero? – irrumpió Jonyo – ¿No eras tú el que te negabas a atacar a los de tu pueblo?”

“Yo no he dicho que quiera hacerlo, caballero, he dicho que es la única opción”.

“Yo también he estado reflexionando sobre ese aspecto – dijo Arturo – y creo que lo estamos enfocando de forma errónea”.

“¿Errónea?” preguntó Peter extrañado.

“Sí, concretamente, egoísta”.

“Será mejor que te expliques, porque me parece que se está caldeando el ambiente…” dijo Fidel.

“No me malinterpretéis, no quiero decir con egoísta que no nos importen las personas que están siendo controladas, sino que se nos ha escapado un detalle. Miss Jewel sabe que no somos capaces de atacar a todas esas personas por los vínculos afectivos que nos unen a ellas, y lo utiliza en nuestra contra. No había más que verla la otra vez. El problema es que nosotros estábamos enfocando el asunto desde fuera, desde nuestra perspectiva, en vez de verlo desde la de las personas manipuladas”.

“Desde… ¿ellos?”

“Exacto. No nos hemos parado a pensar qué es lo que querrían ellos que hiciéramos, nos limitábamos a decidir por ellos, como si estuvieran en coma o algo parecido. Ellos tampoco quieren hacernos daño a nosotros, están obligados, sin embargo les estamos permitiendo hacerlo al apenas defendernos de sus golpes. Nos ven sufrir, nos ven acorralados, impotentes, y no pueden evitarlo, porque esa marca de labios les impide razonar. Decidme, si estuvierais siendo controlados como ellos, ¿preferiríais hacer daño a vuestros seres queridos o moriríais antes de tal traición?”

“Hombre, en el caso de Reik, es difícil saberlo…”

“¡Fidel!”

“Gracias, Jonyo. Continuo. No hace falta que respondáis, porque tengo pruebas de mi teoría. Shin, ¿no nos dijiste que cuando tus paisanos eran sometidos, con sus últimas fuerzas, borraban de su mente aquel secreto para que Mis Jewel no se saliera con la suya?”

“Sí…”

“¿Y te gustaría que su sacrificio fuera en vano si te atraparan o murieras? Todos se han sacrificado para darnos la oportunidad de luchar, no para que dejemos que Miss Jewel consiga lo que quiere. Con nuestra actitud actual, estamos insultando a Reik y a todos los hombres de esta isla. Debemos luchar, y terminar con esto para que su sacrificio no sea en vano y se sientan orgullosos”.

“¿Nos estás pidiendo que, si es necesario, matemos a esa pobre gente?” preguntó Peter.

“El chico tiene razón – dijo la doctora – Estoy harta de ver muerte y desolación por todas partes, sólo veo a las mujeres sufrir porque no pueden recuperar a sus familias. Hemos intentado hacerles entrar en razón una y otra vez, todas sin éxito. Soy la primera que odia ver gente morir, y más con mi profesión, pero estamos contribuyendo a que esa bruja se haga cada vez más y más poderosa. No creo que los caídos quisieran eso cuando renunciaron al secreto”.

“Nunca lo había enfocado desde ese punto de vista…” dijo Shin.

“Entonces… ¿vamos?” sugirió el caballero de la rosa.

“¡Ahora mismo! – exclamó Arturo – Hay que acabar con esto ¡ya!”

Todos se levantaron y comenzaron a prepararse.

“Pero, ¿os vais ya?” preguntó la doctora.

“Sí, no queremos hacer esperar a toda esa gente, tenemos que liberarla de su esclavitud” dijo Jonyo.

“Ah, se me olvidaba, cuando tenga un hueco envíe un telegrama a Petoria para que se lleven el cuerpo de Suso y le den un entierro digno – dijo Peter – Que pasen todos los gastos a mi cuenta, no habrá ningún problema”.

“Muy bien, pero, un momento, ¿qué hago con la chica?”

“Cuando se despierte que se vaya. Bastante hemos hecho con traerla hasta aquí” dijo Fidel y todos se marcharon por la puerta.

“Estos jóvenes, que impulsivos. Sólo espero que tengan suerte”.

3 comentarios:

Jon dijo...

estan muy bien tambien estos episodios en los que solo das informacion pa meternos mas en la historia y recrearnos mas en nuestro personaje,cuando he empezado el capitulo tenia un sueño que me caia pero me has desvelado jeje weno y ahora llegan los fallos ortograficos
¡Nos encontraremos en el quirófano de 90 segundos!”(en en vez de de)
, no si antes echar un último vistazo al cuerpo del difunto.(sin en vez de si)
el ahora pálido rostro de su compañero en la alejándose más y más hasta desaparecer.(en la alejandose)
Es como si están nubes que lo cubren ahora hubieran estado siempre, (estas en vez de estan)
“En fin, alo que iba(a lo en vez de alo)
y lo llevaron en volandas hacia e cementerio, (el en vez de e)
actitud pasiva de su acompañante de su acompañante (repetido)
“Bueno, no te pongas melodramático y cuéntanos cómo acabaste atravesado y desagarrado”(desgarrado en vez de desagarrado)
“Hombre, en el caso de Reik, en difícil saberlo…”( es en vez de en)
Todos se han sacrificado para que nosotros para darnos la oportunidad de luchar, (para que nosotros para darnos)
Un saludo a todos

Mana_Rubén dijo...

De puta madre ^^ Todo corregido y resubido ^^ Como estén así todos los demás lo llevo claro...

daniel lopez dijo...

Bueno bueno bueno... comienza la emoción de esta saga!!!! madre cita van a caer carros y carretas xD, speremos que mueran los menos posibles... ¬¬ jajaja