jueves, 28 de junio de 2007

Episodio XLVIII

Nº de ep: 48

Título: N/A

Tamaño: 17'8, curiosamente, justo a la velocidad que me iba el eMule en ese momento (el año que viene me voy a morir para superar esto xD).
  • Tamaño 1ª Entrega: 12'1
  • Tamaño 2ª entrega: 5'7
Dedicado a: Un capitulo tan rosa, sólo se le puede dedicar a Miguel Ángel de la Rosa ^^



Episodio XLVIII

U

na bella rosa bañada por los primeros rayos del amanecer, impedía, erguida, clavada en el suelo a escasos centímetros de los zapatos de Miss Jewel, el avance de ésta.

“Tú...” dijo ella.

El caballero de la rosa se había colocado delante del ahora inconsciente cuerpo de Mireia, protegiéndolo.

“Si das un paso más, mi próxima rosa te atravesará el pie”.

“¿Eh? ¿Cómo? ¿Cuándo?” se preguntaba Fidel sorprendido de la gran velocidad con la que el caballero de la rosa se había desplazado.

Al verlo, Shawn se tranquilizó y volvió a sentarse en el sofá, lentamente, sin dejar de mirar la bola.

“Ese chico... ha cambiado mucho”.

Miss Jewel, en un acto de pedantería y egocentrismo, elevó su pie trasero con intención de dar un nuevo paso.

“Te lo repetiré una vez más, pues no pareces haber comprendido mis palabras. Si vuelves a dar otro paso te atacaré sin dudar”.

“Gabriel... no nos hagas reír – dijo Reik desde la retaguardia – no serías capaz ni de hacer daño a una mosca. Haces lo posible por eludir los combates y no usas la espada si no te ves obligado, en su lugar prefieres utilizar esas rositas inofensivas con las que lo único que logras es asustar dados sus numerosos efectos y variedades; pero te vale, porque ésa es tu intención. No quieres matar a nadie, y ésa es tu gran debilidad. Si por ti fuera, los conflictos se solucionarían hablando. Que asco. Y tanto sentimentalismo sólo por lo que pasó con esa chica hace años...”

“¡Cállate! Tú no me dejaste hablar de tu pasado. Yo tampoco te permito decir nada sobre el mío”.

“Como quieras, pero sigo pensando que no atacarás”.

“Ponme a prueba”.

Reik sonrió, el hecho de tener la oportunidad de demostrar lo que decía le producía un inmenso placer. Sin dudarlo, creó una pequeña bola de energía y la proyectó contra su ex-compañero, en espera de resultados.

“Contraataca si te atreves”.

El caballero de la rosa no se movió mientras la bola continuaba acercándose.

“¿Vas a dejar que te impacte?” pensó Peter.

“¡Vamos! – exclamó Reik – si no te apartas te llevarás una buena pero si lo esquivas impactará contra tu preciosa protegida, ¡¿qué vas a hacer?!”

Seguro de haberse salido con la suya, comenzó a reír de manera descontrolada. Se sumergió tanto en sus fantasías, que no prestó atención a lo que estaba sucediendo. El caballero de la rosa agarró la empuñadura de su espada y, sin desenvainar, la cogió como un bate. Al llegar la bola la golpeó con todas sus fuerzas, enviándola de cabeza al rostro de Reik, donde explotó haciendo un llamativo fogonazo. Reik cayó al suelo ante la mirada estupefacta de los presentes.

“¡Toma! – exclamó Jonyo – la ha devuelto”.

Reik estaba tumbado en el suelo, con la cara chamuscada, los pelos despeinados y andaba algo atontado. Le pitaban los oídos y todo lo que veía bailaba como si estuviera borracho. Se recuperó un poco dándose unas palmaditas en ambas mejillas y poco a poco, terminó levantándose.

“¿Por qué lo haces? ¿Por qué la proteges? ¿Es que acaso has encontrado en ella a la sustituta de...?”

“¡No te consiento ni que digas su nombre! Tú ya no eres el de antes. Ahora eres cruel y despiadado, no obedeces a tu propio juicio y eres objeto de los deseos de esa mujer. Por tanto no tienes derecho a hablar de ella con tanta confianza. Además, todo eso es pasado, esto no tiene nada que ver”.

“Si no es por ella, entonces dime, Gabrielín, ¿qué te impulsa a proteger a esa chica? A una persona por cuya culpa ha perdido la vida un inocente y que se aprovecha de las almas de los demás para aumentar sus fuerzas”.

Todos los presentes escuchaban con atención la conversación. Nadie se atrevía a interrumpir y esperaban con impaciencia el contra-argumento del caballero.

Gabriel giró la cabeza y vio a la joven desmayada. Se agachó y apartó con una caricia los cabellos que descendía desde su frente y ocultaban parte de su rostro. Después cogió su cuerpo en brazos y lo llevó a un lugar más apartado, donde no se viera afectada por la batalla. La dejó sentada con el cuerpo apoyado en un árbol y al momento se volvió y miró a Reik fijamente a los ojos.

“Pues porque... porque no se necesita una razón para impedir que alguien pierda la vida. Ni siquiera quiero quitarla yo, por eso procuro no utilizar la espada. Yo no llegué a conocer a Isabel, murió a manos de Mesa antes de que tuviera la oportunidad. Después le llegó el turno a Andrés, que sacrificó su vida para evitarnos un oponente. Verónica falleció en vano delante de mis ojos sin que tampoco pudiera hacer nada. Por suerte, en Petoria, gracias al esfuerzo de todos, conseguimos que no muriese nadie, aunque hubo muchos heridos y gente que se quedó sin hogar. Allí, mientras combatía contra Jezabel, dudaba de si usar mi espada o no, porque la vida de un oponente es tan valiosa como la propia, pero si lo que pretenden es acabar contigo, no hay que vacilar. Aún así sigo dudando cada vez que tengo que combatir, porque ya he visto demasiadas muertes a lo largo de mi vida, y sé perfectamente que sólo traen como consecuencia más muerte y desolación. Ahora, he vuelto a ver morir a una persona sin que yo haya podido hacer nada, y encima os oigo decir que tenéis un foso de cadáveres, ¿qué pasa? ¿Vosotros matáis por diversión? Y Aún así te atreves a preguntarme eso... Pues la protejo porque puedo hacerlo, porque tengo la oportunidad de evitar su desdicha, porque a la hora de proteger a alguien no se debe mirar de reojo, al igual que un médico cura a sus pacientes sin importarle su modo de vida. ¿Qué mas da lo que haya hecho o esté haciendo? Nadie es perfecto, sus acciones no son causa suficiente para quitarle la vida o su libertad. No me importa que hayas sido un camarada, si intentas hacerle daño, te detendré”.

Cuando terminó, el Capitán Lardo comenzó a aplaudir, dando palmadas tristes, sosegadas y con pequeños intervalos entre ellas, provocando que la atención se desviase hacia su persona.

“¡Bravo! – exclamó mientras aplaudía – hacia tiempo que no oía una historia tan conmovedora. El caballero que, a pesar de tener un gran poder, se abstiene de usarlo porque respeta la vida de sus adversarios. Maravilloso, pero ya he tenido bastante por hoy, ha sido un viaje largo y no he tenido tiempo de descansar”.

“Ya lo has oído – dijo Reik sonriente – tengo permiso para acabar contigo”.

Se lanzó ferozmente contra el caballero de la rosa, quien desenvainó su espada y se colocó en posición.

Al mismo tiempo, Jonyo dio un salto para añadirse también a la contienda, pero Arturo le detuvo agarrándole de un hombro.

“¿Vas a ir a ayudarla?”

“A mí la chica me da igual, yo voy a ayudar a Gabriel” e inmediatamente soltó su mano y se lanzó al ataque.

Reik avanzaba con su sed de sangre ya habitual desde que cayó en manos de Miss Jewel. Estaba a punto de atacar a Gabriel, cuando una suela se posó en su mejilla, dándole una fuerte patada que lo catapultó hacia una de las chozas cercanas, derrumbándola y cayendo todos los escombros sobre él.

“¡Jonyo!” exclamó el caballero de la rosa al verle.

“Escucha, Gabriel. Deja de sufrir. Las personas que han dado la vida por nosotros no lo hicieron para que llorásemos su pérdida, sino para darnos una oportunidad, la oportunidad de elegir el camino a seguir. Si sigues sufriendo entonces las muertes sí que habrán sido en vano. No sé qué te ocurrió en el pasado ni tampoco sé nada sobre esa chica que ha mencionado antes Reik. Sólo te digo que lo que estamos haciendo, lo hacemos porque queremos. Nadie nos obliga ni nos recompensa, es nuestra elección. Con esto quiero decirte que si es demasiada carga para ti, no tienes por qué hacer nada. Hemos elegido este camino y de la misma forma podemos elegir dejarlo. Puedes irte ahora mismo, acabar con Miss Jewel o lo que quieras, que sepas que nadie dirá nada por la opción que escojas. Yo voy a intentar contener un poco a Reik, ¿tú?”

Reik emergió furioso del montón de escombros con tan mala suerte que nada más salir recibió un rodillazo en la cabeza y una patada en la nuca. Eran Fidel y Arturo que también se habían sumado a la batalla. Reik cayó al suelo de bruces sin llegar si quiera a ver quien le había atacado. Después del ataque, Fidel y Arturo se reunieron con Jonyo y Gabriel.

“¿Pensabais ocuparos del asunto vosotros dos solos?” preguntó Arturo.

“No – respondió Jonyo – Es que habéis tardado demasiado en llegar”.

Shin no tardó en aparecer y unirse a ellos.

“Casi me dejáis solo, caballeros”.

“Perdona, Shin – dijo Fidel – Bueno, ya estamos todos”.

Reik se levantó de nuevo, esta vez más calmado. Se tocó la mejilla y la notó algo hinchada. Después escupió y vio sangre. Entonces fue cuando se enfadó de verdad.

“¡Maditos! ¡Os mataré a todos!”

Reik se lanzó contra Fidel, quien aún estaba alegrándose de que se reunieran todos de nuevo, y no se percató de que se aproximaba.

“¡Cuidado!” exclamó Jonyo.

Apartó a Fidel de un empujón y bloqueó el ataque de Reik con su espada. La onda expansiva al chocar ambas espadas hizo que los que se encontraban alrededor cayeran al suelo. En aquel momento los rostros de Jonyo y Reik estaban a escasos centímetros el uno del otro, frente a frente.

“Ahora comprendo tus palabras, Shin – pensaba el caballero del rayo mientras veía aquella expresión de odio en el rostro de su antiguo camarada – pensaba que si alguno de mis compañeros caía en manos de Miss Jewel sería psicológicamente capaz de hacerle frente sin ningún problema. Me burlé de ti y no tomé en serio tus palabras. Ahora que le tengo de frente, las cosas cambian, y comprendo que del dicho al hecho hay un gran paso. Apenas me siento capaz de defenderme y mucho menos de inflingirle daño sabiendo que sus acciones se están llevando a cabo en contra de su voluntad. Te pido disculpas, Shin. Tenías razón”.

Desde la retaguardia, Miss Jewel, Bill, Wancho y el Capitán Lardo observaban el combate disfrutando de ver a dos compañeros matarse entre sí.

“¡Vamos, Reik! ¡Acaba con él! ¡Si me lo traes vivo podremos sacrificarlo! – exclamaba Miss Jewel con euforia – Wajajajaja”.

Desde el suelo, Gabriel se fijó en que Miss Jewel, al contrario que sus dos subordinados y el Capitán Lardo, quienes se mantenían alerta, en espera de lo que pudiera ocurrir; ella estaba despreocupada y desprotegida en medio del claro, animando a Reik.

“Mmmm – pensó – Es mi oportunidad”.

Aprovechando el revuelo del enfrentamiento entre los caballeros y Reik, el caballero de la rosa se fue retirando poco a poco hacia el bosque sin que nadie se percatara de sus movimientos, Oculto entre los árboles, fue buscando el mejor ángulo para un ataque directo, certero y definitivo.

El Capitán Lardo demostró darse cuenta de sus movimientos, pues seguía de reojo el recorrido del caballero, pero no parecía importarle, ya que no avisó a nadie de ello. Es más, su mirada denotaba un cierto interés, una cierta curiosidad por descubrir en que desembocaría aquello. Finalmente, se decidió por coger una pequeña piedrecilla y lanzarla contra la zona en la que se encontraba Gabriel. La piedra chocó contra un árbol cercano a su posición y provocó su alteración e inquietud.

“No – pensó – me ha descubierto”.

“¿Ocurre algo, Mi Señor?” preguntó Bill al verle actuar de aquella manera.

“No – dijo sonriendo – sólo era un ave”.

Gabriel suspiró de alegría e intentó esconderse mejor para evitar aquella situación en el futuro.

“Ese hombre... – pensó mientras le miraba desde su escondrijo – ¿de verdad no me ha visto o está jugando con nosotros? Poco importa, yo tengo algo que hacer”.

Al fin, y tras optar entre varias posibilidades, Gabriel encontró un hueco por el que atacar sin ser descubierto.

“Bien – dijo sacando una rosa negra – acabaré con ella con mi rosa que todo lo atraviesa”.

En absoluto silencio, lanzó la rosa en línea recta, directamente a la frente de la mujer, con el fin de atravesar su cráneo y taladrarle el cerebro.

“Gracias, Jonyo, por esas palabras, esto va por ti”.

Wancho observaba intranquilo el combate, preocupado de si sería capaz de dar la talla ante tales oponentes, cuando vio una extraña mancha negra en el cielo.

“¿Qué es eso?” pensó.

Agudizó la mirada y distinguió la rosa, siguió su recorrido con el dedo y descubrió el objetivo.

“No puede ser, esa rosa va hacia...”

Salió corriendo a toda velocidad con el fin de evitar una desgracia dando gritos desesperados.

“¡Mi-Mi Señora! – exclamaba mientras corría hacia ella – ¡Cuidado Mi Señora!”

Todo el mundo se detuvo y volvió su mirada hacia Wancho al escuchar aquellos alarmantes gritos.

“¿Qué te pasa, Wancho? ¿A qué viene tanto jaleo? ¿No ves que estoy ocupada?”

“¡Allí! ¡Mi Señora! ¡Allí, en el cielo!” gritó señalando la posición de la rosa.

Miss Jewel miró confiada hacia donde le señalaba Wancho y al fin descubrió la rosa acercándose a ella a toda velocidad. La distancia que las separaba era ya muy escasa y Miss Jewel quedó petrificada de terror al sentir la muerte tan cerca. Nada parecía ser capaz de salvarla de aquel horrible destino.

“Vamos... – pensaba Gabriel – acaba ya...”

Wancho dio un salto desesperado y se arrojó contra Su Señora, esperando salvarla. De un fuerte placaje, logró tirarse al suelo con ella. Sin embargo, la rosa estaba ya muy cerca y el tallo rozó al pasar contra una de las paredes de los orificios nasales de Miss Jewel, haciendo una pequeña incisión. Después, la rosa quedó clavada en el suelo y una gota de sangre se deslizó por el tallo hasta el suelo.

“¡No! – dijo enfadado Gabriel mientras volvía a reunirse con sus compañeros – He fallado por muy poco”.

“Si Wancho estuviera en su sano juicio y viera lo que acaba de hacer – dijo Shin – seguro que se suicidaba”.

“Los subordinados hasta le salvan la vida – dijo Fidel – esto va a costar más de los que esperábamos”.

“Habrá que intentarlo de nuevo – dijo Arturo – pero hemos perdido una gran oportunidad”.

Wancho estaba en el suelo con medio cuerpo sobre Miss Jewel. A los pocos segundos se dio cuenta de la osadía de sus actos, aún por la causa que fueran. Le había puesto la mano encima a Su Señora, aquello era imperdonable. No obstante, era consciente de lo que había hecho y aún sabiendo que le esperaba la muerte, no se arrepentía. Se apartó de ella tan rápido como pudo, arrastrándose por el suelo, ya que le temblaban las piernas y era incapaz de mantenerse en pie, por lo que optó por observar desde lejos.

Ella estaba en el suelo, tirada, de lado, parcialmente manchada de arena y polvo y en estado de shock post-traumático. La herida en la nariz le sangraba, la sangre se había ido extendiendo hacia el sur, llenando la parte de boca cuyo lado coincidía con la herida. Podía notar su sabor con la punta de la lengua. Había llegado a extenderse incluso a los comienzos del cuello. Aún sin haberse recuperado de su experiencia cercana a la muerte, fue levantándose poco a poco. Su cuerpo temblaba. Era la primera vez que había sentido la muerte tan cerca. Una vez de pie, y con media cara ensangrentada comenzó a mirar a su alrededor en busca de Wancho. Cuando le vio, avanzó hacia él con paso ligero mientras observaba su rostro aterrorizado.

Wancho se quedó paralizado unos instantes, por su cabeza pasaban imágenes de su futuro sacrificio en nombre del Capitán Lardo con todo el mundo alrededor pidiendo sangre y muerte. Enloqueció. Quiso salir corriendo de allí, sin levantarse siquiera, pero lo único que consiguió fue estrellarse de bruces contra el suelo al cruzársele las piernas. Fue entonces cuando escuchó los últimos pasos de Miss Jewel acercándose. De pronto el sonido se detuvo, miró hacia atrás y la vio, allí estaba ella, mirándole fijamente. Sólo les separaban la diferencia entre que él estaba en el suelo y ella de pie. Su corazón latía a toda potencia. Estaba perdido, era su fin, y él lo sabía. Finalmente, Miss Jewel rompió el silencio.

“Levántate...” susurró.

“Por favor Mi Señora no me haga nada, por favor...” susurró él también.

“Levántate” dijo en un tono algo más elevado.

“Por favor se lo ruego, yo no quería, de verdad, no...”

“¡¡¡He dicho que te levantes!!!” gritó.

El perdón no estaba entre sus posibilidades. Asumió su destino y se puso en pie medio llorando. Miró por última vez a quien había estado sirviendo durante aquella última etapa de su vida de la cual tan orgulloso estaba y cerró los ojos lentamente en espera de su final mientras sonreía satisfecho.

“Adiós...” dijo para sí mismo.

No tardó en notar presión sobre su cabeza. No obstante, era una sensación extraña. Sentía que estaba siendo aplastado contra algo suave y esponjoso. Pensó que Su Señora, en un último acto de bondad, le iba a proporcionar una muerte dulce. Sin embargo, no parecía ser así, ya que la fuerza con la que le apretaba no era lo suficientemente fuerte como para evitar que continuara respirando, cosa que podía hacer con casi total normalidad. Deseoso de averiguar de una vez lo que allí acontecía, abrió los ojos y descubrió la verdad.

“Pero si… - murmuró Bill - Ella…”

Miss Jewel le estaba abrazando, sujetando con firmeza su cabeza con ambos bazos. La diferencia de alturas había desembocado de tal forma que la cabeza de Wancho estaba a la altura de los pechos de la mujer, contra los que estaba siendo presionado. Ella le abrazaba con deseo. Él, con el temor de que fuera una equivocación o que si decía algo, estropease aquel momento tan precioso de su vida, se limitó a disfrutar del abrazo ruborizado un con una sonrisa placentera. Llegó incluso a pensar en corresponder el acto, pero no le convenía aumentar la gravedad de sus faltas, así que se quedó quieto y en silencio. Para su desgracia, pasados unos minutos Miss Jewel se apartó y su placer cesó, provocándose un cruce de miradas.

“Gracias Wancho, por salvarme la vida – dijo ella con un tono muy dulce – Te aseguro que sabré recompensártelo, pero antes he de terminar con cierto asunto”.

Aún en silencio, Wancho asintió con la cabeza y ambos se separaron lentamente. La herida de Miss Jewel parecía haber dejado ya de sangrar, pero una enorme mancha de sangre cubría la parte inferior de su rostro y al hablar notaba su sabor. Sin prisa pero sin pausa, fue avanzando hacia los caballeros.

“Reik, aparta de ahí, estás en medio”.

“Con el debido respeto, Mi Señora, aún no he terminado de...”

“¡Que fuera!”

Cabizbajo y resentido, el caballero del hielo se retiró hasta el lugar donde se encontraban el Capitán Lardo, Bill y Wancho, no sin antes desviar una mirada de odio hacia los caballeros.

“Caballeros... – les dijo Miss Jewel con total seriedad – habéis conseguido hacerme enfadar... Sin embargo, no me encuentro en condiciones de aplicaros el correspondiente castigo. Como amante de la belleza, sería una deshonra para mí combatir en estas condiciones. Además, el Capitán Lardo y se merece y recibimiento adecuado y no olvidemos a Wancho, que merece un premio por salvarme. De manera que no tengo más remedio que invitaros a retiraros de mis dominios. Volved en otro momento y arreglaremos cuentas”.

“¿Y esperas que nos vayamos así por las buenas? – contestó Arturo – No nos iremos sin nuestro compañero, así que ve pensado otra cosa”.

“Esperaba esa respuesta, pero la decisión no la tomáis vosotros”.

“Prueba a echarnos” dijo Jonyo.

“Está bien, probaré... ¡Ridley, ven a mí!”

Un dragón negro de ojos rojos apareció acercándose desde el horizonte. Era grande y fiero, pero bastante escuálido. Dos cuernos le salían hacia atrás desde la frente, otros un poco más debajo de los ojos y un último por debajo de la barbilla. Tenía pinchos en los hombros, codos, talones y en los extremos de sus dos alas. Su columna vertebral presentaba pequeñas crestas, haciendo que pareciera una sierra que, junto a sus afiladas garras, parecían hacerle invencible. Lanzó un fuerte chirrido abriendo la boca lo más que pudo, dejando a la vista dos hileras de afilados dientes que rodeaban su larga lengua, mientras movía de alegría su cola por tener algo que comer.

“Uuuuuuuuu, que miedo – dijo Fidel con ironía – Un dragoncito no va a echarnos de aquí”.

“Claro que no, él sólo está aquí para daros un empujoncito, yo seré quien os eche ¡Another Dimension!”

Un vórtice dimensional mezcla de negro y morado se abrió detrás de los caballeros, atrayendo todo hacia sí con un gran poder de absorción.

“¿Y esto?” pensó Shin.

El vórtice absorbía piedras y hojas a través de un viento feroz. Los árboles y las casas aguantaban, pero no podían evitar torcerse hacia él. Los caballeros soportaban la presión perfectamente, mientras veían al dragón lanzando fuego por la boca hacia el cielo y escuchaban las risas de Miss Jewel y compañía.

“¿A qué vienen esas risas? – preguntó Peter algo molesto – ya veis que no es suficiente para que caigamos dentro”.

“Mira detrás de ti” dijo Bill.

El viento absorbente aumentó su potencia y los caballeros tuvieron que esforzarse por no ser absorbidos. No obstante, había dos cuerpos que no eran capaces de aguantar por sí solos. El cadáver de Suso y el cuerpo animado de Mireia eran incapaces de evitar por su propio peso la fuerte atracción del vórtice. Ambos se elevaron y salieron volando directos al vórtice.

“¡No! ¡Déjalos! ¡Ellos no te han hecho nada!”

El caballero de la rosa saltó hacia ellos, consiguiendo atraparles un segundo antes de que cayeran en el interior del abismo dimensional. Sin embargo, a la corta distancia del vórtice a la que se encontraban, la atracción era tan fuerte que los tres acabaron por caer dentro. La fuerte corriente del interior hizo que a Gabriel se le escaparan los cuerpos, escuchándose un grito ahogado del caballero quien, en vano, trataba de alcanzarle. El grito se fue perdiendo según se adentraba en la inmensidad del portal.

“Será idiota... – dijo Jonyo – ¿Por qué ha tenido que...?”

“¡Cuidado, Jonyo!” escuchó gritar a Arturo.

Cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde. El dragón le sorprendió con un fuerte placaje, precipitándole hacia el vórtice.

“¡No! ¡Jonyo!” exclamó Fidel.

De repente escuchó una risa eufórica que se acercaba cada vez más. Se trataba de Wancho, quien se abrazó al caballero de la tierra y le echó el aliento en la cara, provocando su desorientación y retroceso. Rápidamente la soltó y lo mandó hacia el vórtice de una patada.

“¡Fidel!” gritó Peter.

“No te preocupes, ahora mismo te reunirás con él”.

Peter se estremeció. Reik estaba a su lado. Dio un soplo de aire gélido sobre su cuerpo. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y perdió la sensibilidad de varias partes durante unos segundos, impidiendo a Peter controlar su cuerpo como era debido. La atracción y el viento hicieron el resto por arrastrar su pequeño cuerpo.

“¡Caballeros...!”

“¡Cállate y déjalos! ¡Ellos ya tienen de que preocuparse como para andar detrás de ti!”.

Bill estaba delante suyo, con aires de superioridad, mirándole fijamente.

“Has pedido ayuda a unos extranjeros y traicionado a tu pueblo. Eres el único insurrecto que no está bajo las órdenes de Miss Jewel. Me avergüenzo de haber sido alguna vez amigo tuyo. La próxima vez que nos encontremos acabaré contigo. Tenlo presente”.

“Bill...”

Con unos cuantos suaves golpes con el filo de la mano en el estómago, lanzó a su antiguo amigo al interior del portal. Sus miradas estuvieron cruzándose hasta que Shin se perdió en el abismo.

Ya sólo quedaba Arturo en pie, con todos sus oponentes enfrente y un fiero dragón en el cielo acechando.

“¿Quién...? – pensaba el caballero del fuego mirando a su alrededor, sin tratar de perder detalle de los movimientos de todos los presentes – ¿Quién de todos ellos será el que venga a por mí?”

Wancho se lanzó en primer lugar, dio un salto y se colocó en el aire con el culo en pompa, apuntando al caballero. Su rostro mostraba una mueca de estar haciendo fuerza e inmediatamente, como si de proyectiles se tratase, disparó varias ventosidades contra Arturo.

“Que asquerosidad...” pensó Bill para sus adentros, mientras se tapaba la nariz con un pañuelo blanco y limpio.

Arturo lanzó una débil llamarada contra las ventosidades de Wancho, esperando disiparlas.

“¡Jajaja! – reía Wancho desde el aire – ¿Crees que esas llamitas de nada pueden derrotar mis Pedos Atómicos? No son pedos normales, explotan al entrar en contacto con el objetivo, ¡estás muerto!”

Las llamas y el ataque entraron en contacto, provocando, al ser varios proyectiles, una cadena de explosiones que alcanzaron a Wancho, envolviéndole en una nube de fuego para que finalmente cayera al suelo chamuscado.

“Deberías saber que tus flatulencias están formadas por nitrógeno, oxígeno, metano, dióxido de carbono e hidrógeno. Algunos de esos elementos son altamente inflamables y se usan para crear explosivos. Como caballero del fuego, parte de mi instrucción fue conocer todos esos elementos a través de los cuales podía aumentar el alcance de mis poderes en un caso de emergencia. Es más, tus ataques no explotan al entrar en contacto con el objetivo al que los diriges, sino que reaccionan con el calor corporal de los seres vivos, si los lanzases contra una piedra, no te servirían más que para que los animales cercanos se asusten al percibir el olor. No estaría de más que supieras la composición química de aquello que usas para atacar, te aseguro que es de lo más útil.”

Wancho estaba en el suelo medio inconsciente, tumbado de lado con la lengua fuera, y apenas se enteró de las palabras del caballero.

“Ahora, ¿quién es el siguiente?” dijo Arturo en tono desafiante, apuntando con su espada al frente.

“Ya está bien de tantas – dijo el capitán Lardo – Está claro que si no lo hago yo, estaremos aquí toda la mañana, cosa que no me va a gustar, porque el cielo está nublado y va a empezar a llover, así que...”

“Pero amor... no tienes que molestarte, mandaré a Reik y...”

El Capitán Lardo esbozó una sonrisa, mezcla de excitación e impaciencia, mientras pasaba olímpicamente de todo lo que decía Miss Jewel. No parecían importarle sus argumentos. Es más, su sonrisa denotaba que le daban igual, él quería combatir.

Sin dejar de sonreír, fue desenvainando lentamente una larga espada. El mango estaba en perfectas condiciones, pero no se podía decir lo mismo de la hoja. Ésta estaba muy deteriorada. Se notaba que se le había mucho uso, ya que todo el filo estaba mellado, en algunas zonas hasta tal punto que se podía decir que tenía verdaderos dientes, y el continuo contacto con la sangre de sus víctimas había logrado oxidar algunos puntos de excesivo uso como la punta.

“¿Todavía sigues con esa vieja espada? – preguntó Miss Jewel – Voy a pedir a mis siervos que te forjen una nueva. No puedes ir por ahí con esa chatarra, pareces un vagabundo”.

“Déjalo, así está bien. Es mi espada, no quiero otra”.

El Capitán Lardo se colocó en posición. Extendió un brazo con la manos medio abierta que le sirvió de mirilla para enfocar de manera aproximada su objetivo. Después, colocó su espada mirando hacia el frente, sirviéndose de la mano para calcular la trayectoria adecuada. Arturo le vio y se puso en guardia.

“Aquí estoy... – pensó – ¡Ven!”

Todo fue demasiado rápido. En un instante, la espada del Capitán Lardo atravesaba completamente el cuerpo del joven caballero, entrando por el pecho y saliendo por la espalda. La estocada había sido tan veloz que el cuerpo de Arturo aún no había comenzado a sangrar. El Capitán Lardo miraba al frente, serio, concentrado en el ataque.

“¿Cuándo ha...? – pensaba el caballero en su agonía – Ni lo he visto...”

La herida comenzó a sangrar de golpe por ambos lados, lanzando un chorro de sangre a presión que empapó por completo al capitán, el cual no parecía disgustado por ello.

“Que velocidad... – pensó Reik – para no haber dado tiempo a Arturo ni siquiera a reaccionar”.

Arturo miró al Capitán Lardo, que giró la cabeza mostrando una sonrisa de felicidad. La mirada del caballero comenzó a nublarse y pronto perdió el sentido. Entonces el Capitán le sujetó por la cabeza con una mano y con la otra fue extrayendo la espada lentamente. La antigüedad de la espada, que había hecho mella en la hoja, pasaba ahora factura en el cuerpo del caballero, haciendo que todos esos pequeños dientes y surcos le hirieran por dentro en el momento de la extracción, desgarrando todos los órganos a su paso. Con la espada fuera, completamente manchada de sangre, arrojó al caballero al interior del vórtice, dejando un río de sangre por donde pasaba. Por último, el dragón entró también en su interior y el portal se cerró.

“¿Y éste se supone que era el más fuerte de todos? – dijo insatisfecho – Pues menuda decepción, esperaba divertirme un poco más. Mesa ha debido volverse muy débil para perder contra esta pandilla de críos”.

“Me parece muy bien que te diviertas – dijo Miss Jewel enfadada – pero, ¿por qué has tenido que matarlo? Esperaba añadirlos a todos a mis filas tras divertirme un rato, ¡pero ahora has acabado con una de las mejores piezas y mi ejército estará incompleto!”

“Tranquilízate, no morirá”.

“¿Cómo que no morirá? Si le has atravesado entero... Y en el caso de que no muriese, tardará meses, e incluso años, en recuperarse de algo así. Todo eso sin contar las secuelas permanentes, ya nunca será el mismo”.

“No te preocupes, cuando regrese será como si nada hubiera pasado”.

“¿Esperas que me crea algo así?”

“¿Osas cuestionar mis palabras?”

Miss Jewel se calló.

“Ya me parecía... Cambiando de tema, ¿qué ha pasado con esa fiesta de bienvenida?”

En el pueblo, la doctora y la enfermera tomaban u café calientito mientras observaban al cielo cubrirse de nubes.

“Mmmmmm – dijo la enfermera saboreando el café – va a caer una...”

“Shin y los caballeros se van a empapar como no vuelvan pronto”.

“Seguro que nos traen nuevas aventuras y un futuro de paz”.

“Tú lo que tienes que hacer es dejar de soñar despierta y buscarte un novio, que estás aquí todo el día, dándome la tabarra y no se puede trabajar en paz”.

“¿Novio? Pero si están todos poseídos...”

La doctora se levantó riendo, cogió las dos tazas, ahora vacías y las llevó a la cocina. Al posar una de ellas sobre la encimera se fracturó levemente por un lado.

“Vaya, casi se rompe”.

“No ha pasado nada”.

“Hay que tener más cuidado, doctora...”

“Algo no va bien – pensó la doctora al ver la taza medio rota – Tengo un mal presentimiento”.

Al otro lado de la isla, en la playa donde los caballeros llegaron por primera vez, el portal dimensional se abrió en medio del cielo. De su interior cayeron a los pocos segundos los cuerpos de Mireia y Suso, que avanzaban de cabeza contra el suelo.

“¡No caeréis!” exclamó una voz.

Ágil y veloz como una gacela, el caballero de la rosa salió del vórtice volando a toda velocidad. Con suavidad y elegancia, cogió los dos cuerpos y aterrizó sobre la arena.

“Uf – suspiró una vez se vio a salvo – ha estado cerca”.

Gabriel se puso a colocar los dos cuerpos sobre un montículo de arena, en una posición cómoda, cuando escuchó un grito de excitación proveniente del interior del agujero.

“¡Yahooooo!”

Jonyo emergió del vórtice con un aterrizaje perfecto y tocó tierra dando un resoplido se satisfacción.

“¿Qué? Se ve que te ha gustado el viajecito, ¿no?”

“Ya ves... Luces, colores, formas extrañas... y sobretodo velocidad. A mí todo lo que sea pasar de 150...”

“Rápido como un rayo, ¿verdad?”

“Sí... jeje. Cambiando de tema, ¿cómo están esos dos?” preguntó Jonyo al ver al caballero de la rosa colocando ambos cuerpos sobre la arena.

“Ella está bien. Sigue desmayada, pero no corre ningún peligro. Ese aroma de Miss Jewel debe contener algún tipo de somnífero, tal vez cloroformo o la sustancia que se utiliza como anestesia en la medicina... No sé, el caso es que no es normal mantenerla dormida tanto tiempo. Él, por el contrario, avanza rápidamente de acuerdo a su estado. Su cuerpo está frío y ha comenzado a ponerse rígido. Me ha costado bastante colocarle en esa posición”.

“Vaya...”

“¿Por qué ha tenido que ocurrir esto?”

“No hemos podido hacer nada...”

“Eso no sirve cuando se ha perdido una vida... Dime una cosa, Jonyo, ¿crees que he actuado bien respecto a...?”

“Sinceramente, creo que ya somos todos mayorcitos para saber lo que hacer y lo que no. Y si tú has actuado de esa forma, será porque tienes motivos o ves las cosas de otra manera. No estamos aquí para juzgar a nadie. Que esté de acuerdo contigo o no, no implica que no apruebe tus métodos”.

“Gracias...”

Un grito atormentado y asustadizo interrumpió la conversación de los caballeros. Fidel caía del vórtice atormentado y confuso, sus ojos bailaban mirando a todas direcciones. No parecía si quiera saber que había salido del interior del abismo y por tanto no hizo nada por hacer algún tipo de aterrizaje. Por suerte, la arena amortiguó la caída evitando daños mayores.

“¿Estás bien, Fidel?” preguntó Jonyo.

“Noooo...” contestó el caballero.

“Anda, te ayudamos a levantarte...”

“Deja, deja. Creo que me he mareado. Estar ahí dentro ha sido demasiado para mí. Tantas luces y colores brillantes lanzando flashes continuamente...”

Dio unos cuantos pasos tambaleándose, pero se detuvo pronto y comenzó a palparse el estómago.

“¿Estás mejor?” repitió Jonyo.

“No... De hecho... – dijo llevándose la mano a la boca – Creo que voy a vomitar...”

Se tiró de cabeza al agua e hizo todo lo que tenía que hacer. Gabriel y Jonyo se giraron para darle intimidad. Al poco rato emergió sofocado.

“Haaaa, haaaaaaa, que alivio... Espero no tener que estar ahí dentro nunca más”.

“¿Ya...?”

“Sí, Jonyo. Gracias por preguntar. Aunque... ¡estaría mucho mejor si no fuera por ti!” exclamó señalando al caballero de la rosa”.

“¡¿Qué?!”

“Exacto, ya que todo lo que ha ocurrido es culpa tuya”.

“Culpa... ¿mía? ¿Y yo qué he hecho?”

“¿Que qué has hecho? ¿Que qué has hecho, dices? ¿Encima tienes el valor de preguntarlo? Yo creo que ni hace falta decirlo. Ayudar a esa chica. ESO, es lo que has hecho. Estábamos todos muy bien, simplemente observando, pero tú tuviste que intervenir, aunque no entiendo la razón ¿No había robado ella las almas de los cuerpos de su cementerio? Pues deja que sea ella quien afronte las consecuencias, y si le cuesta la vida... que lo hubiera pensado antes. Ese asunto no tenía nada que ver con nosotros”.

“¿Dejar morir a alguien es algo que no tiene que ver con nosotros?”

“Ella nos atacó, igual que a Reik, como te he dicho antes, se lo había buscado”.

“No, corrijo. Tú la atacaste. Ella se defendió, ¿o es que no recuerdas tu rebote cuando cogió el alma de Suso? Sus movimientos siempre fueron defensivos. Recuerda que a pesar de todo, sólo te inmovilizó el brazo, cuando podría habértelo cortado perfectamente. No se puede ir atacando a la gente sin conocerla y después acusarle injustamente. Y con Reik fue exactamente lo mismo. Sólo se defendió, ninguno de sus ataques fue con carácter bélico ni utilizó ninguna técnica mortal”.

“Creo que estás exagerando, Fidel – interrumpió Jonyo para defender a su compañero – No debes olvidar que tú también estabas allí en el momento en que Gabriel nos dio las pertinentes explicaciones de sus actos. Entiendo tu enfado, pero te estás pasando”.

“Sí, estaba allí y lo oí todo como los demás, pero eso no quiere decir que lo aceptara. En mi opinión Reik tiene razón. Habrá encontrado en ella a una sustituta para esa oscura chica de la que no quiere ni hablar. ¿No te parece extraño que no nos haya contado nada de su pasado? Por algo será”.

“Estás hablando de cosas sobre las que no tienes ni idea. Cállate antes de que empeore la situación”.

“Con que cosas sobre las que no tengo ni idea, ¿eh? Es cierto, pero hay una cosa que sí sé. Sé que por culpa de tu estúpida galantería casi nos quedamos encerrados ahí dentro para siempre”.

“Eso no es verdad. Ahí sí que no tienes razón. Estaba claro que el vórtice sólo nos alejaría del lugar. No nos atraparía ni nos mandaría a ningún lugar extraño”.

“¿Cómo?”

“Muy sencillo. Tal vez no recuerdes estas palabras de Miss Jewel...”

>>“No me encuentro en condiciones de aplicaros el correspondiente castigo (...) No tengo más remedio que invitaros a retiraros de mis dominios. Volved en otro momento y arreglaremos cuentas”.

“Estas palabras demuestran que quiere matarnos personalmente, o incluirnos en sus filas, nunca se sabe. El caso es que lo que es seguro que no quería hacer es dejarnos vagando entre dimensiones. Además, normalmente un vórtice sirve para pasar de un lugar a otro, salvando grandes distancias, utilizando como puente otra dimensión, pero ese paso no tiene por que ser entre varias dimensiones o mundos, puede ser en el mismo. Contando con los detalles que tenemos sobre la fuerza de Miss Jewel, que es poco mayor que la de cualquier mujer normal, dudo mucho que pueda hacer el salto entre dimensiones. Por eso salté, porque no había peligro.”

“También yo te puedo confirmar esa teoría – volvió a interrumpir el caballero del rayo – Dado que yo pensaba exactamente lo mismo. De hecho, me lo pasé muy bien ahí dentro. Salí sonriendo y con ganas de más”.

“Aún así... Aunque tengáis razón los dos... Existía una mínima posibilidad de que el portal se cerrara con nosotros dentro. Ya fuera porque esa mujer tenga más poder del que piensas o porque fallase la salida del portal y, o no se abriese o se cerrase antes de tiempo”.

“Parece ser que por mucho que diga mis palabras no consiguen hacerte entrar en razón. Tal vez quieras solucionar este asunto con la espada” dijo desenvainando.

“Será un placer – confirmó Fidel desenvainando también – Primero acabaré contigo y después me encargaré de ella, para que no vuelva a dar problemas a nadie”.

“Ey chicos, ¿no estáis llevando las cosas demasiado lejos?”

“Apártate, Jonyo. Si quiere matarla tendrá que matarme a mí primero. No la he salvado de ellos para dejarla morir en sus manos”.

“Parece que nada de lo que pueda decir les hará cambiar de opinión – pensó Jonyo – Lo mejor que puedo hacer es alejarme y observar. Este combate me servirá para aprender muchas cosas”.

Ambos caballeros se lanzaron el uno contra el otro. En sus miradas se reflejaba auténtico odio. Se escuchó un fuerte choque metálico y acto seguido hubo un silencio.

“Vaya... jeje – reía Jonyo – al final ha habido suerte”.

Sin y Peter habían aparecido, recién salidos del interior del abismo, interponiéndose entre los dos caballeros. Sin bloqueaba la espada de Fidel con sus katares mientras que Peter hacia lo propio con Gabriel a través de una pequeña barrera.

“Tranquilizaos, caballeros – dijo Shin – no hay por qué ponerse así”.

“¿Se puede saber qué os pasa a vosotros dos? ¿Es que no tenéis bastante con que ya haya un caballero en nuestra contra que le dais el placer a Miss Jewel de enfrentaros vosotros también?”.

“Díselo a él, quiere ayudar a un enemigo”.

“Díselo a él, quiere matar a una persona”.

“Me traen al fresco vuestras excusas, ¡parad ya! Y tú, Jonyo, ¿es que pensabas quedarte ahí mirando?”

“Tampoco es que pudiera hacer mucho. Si hubiera tratado de detenerles, se habrían unido para quitarme de en medio y después habrían seguido. Era mejor quedarse al margen e intervenir en caso de necesidad”.

“...”

“No me mires así, es verdad”.

Poco a poco, los dos caballeros fueron cesando el forcejeo hasta bajar las armas. Después se miraron y mostraron una expresión de insatisfacción.

“Está bien. No trataré de matarla”.

El caballero de la rosa sonrió.

“Pero nos quedamos con su espada en concepto de compensación”.

“¡Joder! Pero... ¿qué te ha hecho para que quieras robarla? ¡Entre Reik y tú me vais a volver loco!”

“Esa espada contiene la energía de las almas de montones de seres vivos. Podría sernos muy útil contra gente como Mesa”.

“Lo siento Fidel – dijo Peter – pero no vamos a robar a nadie, por muy suculentos botines que se nos presenten. No somos ladrones”.

“Cuando Mesa os mate y ella absorba vuestras almas, os acordaréis de mí”.

“Vaaaaaaaaaaaaale” contestaron a coro.

“Bueno, ya sólo falta Arturo por venir” dijo Jonyo.

“Alomejor ni viene – comentó Peter – Se quedó allí aguantando cuando Shin y yo fuimos atrapados, y parece que aguantaba bastante bien. Con suerte les habrá dado a todos una buena y aparecerá por algún sitio”.

“No. Vendrá a través del portal” dijo Jonyo seguro de sí mismo.

“¿Cómo lo sabes?”

“De no ser así, el agujero se habría cerrado cuando salisteis, pero sigue abierto”.

“Espero que venga pronto – dijo Shin – el tiempo está muy mal y si empieza a llover la temperatura descenderá lo suficiente para que me de otro ataque de alergia”.

Fidel sintió que le caía una gota en la cara.

“Pues parece que ya”.

“Espera un momento... – dijo Gabriel preocupado – las gotas de agua no son... rojas”.

Fidel notó de nuevo que le caían gotas, la mayoría sobre la ropa, excepto una, que cayó en su mano, y pudo comprobar que era sangre. Todos miraron hacia arriba. El cuerpo moribundo de Arturo salía del vórtice con la herida que le había hecho el capitán Lardo soltando gotas de sangre, que caían una tras otra, ante la impactada mirada de los presentes. Una de ellas cayó sobre el ojo de Fidel, haciendo que viese rojo por un instante. Se limpió con una mano y después vio que ésta estaba temblando, al igual que cuerpo y el de sus compañeros.

“¡¡¡Arturo!!!” exclamaron al verle.

4 comentarios:

Jon dijo...

olaa jeje me ha gustado pero se me ha hecho corto y ya se que es porque estaba dividido pero no se los he interpretado como capitulos diferentes a si que weno quiero leer ya el siguiente que ya me diras cuando lo subiras
venga un saludo a todos

Anónimo dijo...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ CABRON!!!!!!!!!!!!!!! AORA NO SABEMOS KE VA A PASAR ASTA KE NO SAKES KAPITULO, YA ES VERANO Y NO TIENES KE ESTUDIAR, NO AY ESKUSAS PARA NO SAKARLO A SU ORA O ANTES, ASI KE YA ME TIENES ESPERANDO
espero ke admitas la sugferencia de las escenas ke te kmente unas de rollo bollo entre las enfermeras, kreo ke a mas de uno le gustaria vastante,
******un saludito, SUSO *******

Dani Lopez dijo...

Es cierto lo que dice Suso, ahora es verano y espero que puedas sacarlos más a menudo :P, que ya quiero el siguiente episodio ^^. Por cierto bonito dibujo xD

Patricia dijo...

bueno, ya escribi comentario en el anterior, pero aun así escribiré en este, me a parecido muy imaginativo, no se con que mas me vas a impresionar lo del dragón, haber que aaran con el dragon, xDDD weno enorabuena por esos capitulos tan...perfectos? xD