domingo, 29 de abril de 2007

Episodio XLVI

Esto de poner la letra pequeña es un chollo, antes escribía 17-19 paginas de cuaderno y se me quedaban en unas escasas 11 de word. Ahora escribo 16 siempre, la otra vez se me quedaron en 12 y esta vez en... ya lo veréis más abajo en la ficha. Son tiempo difíciles para mí, estoy en una dura etapa de la vida estudiantil pero, afortunadamente, por ahora nada me impide seguir publicando cada dos semanas como me propuse. He de decir que para haber escrito este capitulo deprisa y corriendo (el viernes por la tarde aún llevaba el 12’5% y acabo de terminar de subirlo...) ha quedado REALMENTE BIEN. Este es un capitulo esperado por muchos (algunos para bien y otros para mal..) pero esperado, así que leed, y que no se os olvide el pañuelo xD.

Nº ep: 46

Título : iba a poner uno, pero podía ser spoiler, así que prefiero no ponerlo.

Tamaño: 14’5 (no se alcanzaba un tamaño similar desde hace 4 meses ^^)

Dedicado a: Lo pone abajo, es q eso sí sería spoiler, pero no lo podía dejar sin poner



PD: Sé que es complicado, pero intentemos comentar no sólo del final del capítulo (y más con el final de éste) ya que a veces me siento como si lo demás no contase para nada :(


Episodio XLVI

R

audos como un relámpago que se disipa en el cielo, los caballeros abandonaros la consulta de la doctora con destino a la base de operaciones de Miss Jewel, con el fin de liberar al caballero del hielo del embrujo que lo cautivaba, usando para ello la palabra.

Shin iba en primer lugar, encabezando la expedición y los caballeros le seguían de cerca, bañados todos por la tenue luz de la puesta de sol.

“¿En cuanto tiempo llegaremos, Shin?” preguntó Peter.

“No lo sé”.

“¿Eso significa que está muy lejos?” preguntó Jonyo.

“No lo sé”.

“¿Sabes el camino?” preguntó Fidel.

“No. La base de operaciones de Miss Jewel ha estado siempre muy oculta, demasiado a mi parecer, para que la gente del pueblo como yo, que lleva aquí toda su vida, no haya podido dar con ella”.

“Entonces – dijo Arturo – ¿por qué dijiste que nos guiarías?”

“Yo solo dije que os acompañaría, nunca dije que conociera el camino. No os preocupéis, seguro que lo encontramos” dijo convencido y siguieron avanzando a ciegas.

Sentada en su trono, Miss Jewel observaba la puesta de sol, momento en el que Suso apareció por el lugar.

“Bienvenido” dijo ella.

“Hola muñeca, ¿qué tal?”

“Después de lo que hemos hecho, ¿cómo quieres que esté? Jajaja” rió a la vez que se mordía el labio de placer, recordando el acto.

“Me alegro”.

“Ahora que recuerdo, aún no te hemos dado una fiesta de bienvenida como te mereces”.

“¿Fiesta de bienvenida?”

“Bueno, más bien lo podríamos llamar celebración que fiesta”.

“¿Y en que consiste?”

“Pues... elegimos a una persona y...”

“¿Y...?”

“La sacrificamos en tu honor”.

“¡¿Cómo?!” exclamó Suso extrañado.

Se escuchó un grito. Suso se giró preocupado y descubrió a Wancho, que agarraba del cuello a uno de los esbirros sin importancia.

“Oh – dijo Miss Jewel – ¿tú por aquí? – Veo que ya te has recuperado. Me alegro”.

“Sí, Mi Señora. Lamento mi actitud anterior. Permítame realizar el sacrificio para enmendar mi error y ganarme su perdón, el cual sé que no merezco”.

“Adelante, pues. Es todo tuyo”.

“Si quiero mantenerme cerca de Miss Jewel será mejor que me porte bien – pesó Wancho – ya encontraré el momento de deshacerme de Suso con más calma”.

“Esto... – interrumpió Suso – no creo que un sacrificio sea necesario”.

“¿Prefieres ocupar su lugar?”

Suso tragó saliva.

“En ese caso disfruta del espectáculo. Al fin y al cabo, va por ti”.

El lugar no tardó en llenarse de gente, los cuales comenzaron a gritar pidiendo muerte y sangre. Wancho avanzaba hacia el altar de sacrificios arrastrando a la víctima. Al llegar, entre varias personas ataron sus extremidades con cadenas. Una vez sujeto, Wancho sacó una lasca mientras se acercaba a la víctima, que no dejaba de gritar pidiendo clemencia. Sin ninguna piedad, comenzó a cortar la tripa de la víctima de un lado a otro, lentamente, hundiendo la lasca cada vez más. Los hilos de sangre no tardaron en convertirse en chorros que salían disparados a presión. Tras realizar el corte, incrustó la mano dentro de la herida y empezó a retorcer las entrañas de la víctima. Sus gritos complacían los oídos de Miss Jewel y del resto de los espectadores. Suso observaba inquieto lo que allí acontecía. Wancho había extirpado el intestino delgado de la víctima, se lo había enrollado al cuello a modo de rosario y bailaba una extraña danza ritual inventada en ese mismo instante. Para dar el descanso eterno a su presa, sacó de nuevo la lasca, pero esta vez le seccionó la garganta con un tajo vertical. De nuevo, introdujo la mano y le arrancó loas cuerdas vocales, provocando su inminente defunción. Todo el mundo comenzó a emitir grito de júbilo y satisfacción y de nuevo transportaron el cadáver y lo arrojaron al foso.

“Dime, Suso – dijo Miss Jewel – ¿ha sido la ejecución de tu agrado?”

“Por supuesto – respondió tratando de no ofenderla, a la vez que intentaba evitar que le temblara la voz – no podría haber sido mejor”.

“Me alegro. Pero no te preocupes, aún quedan muchas sorpresas”.

La noche había caído. La única luz que permitía a los caballeros distinguirse entre sí era el leve atisbo que ofrecía el cuarto menguante. Los caballeros continuaban corriendo por la isla sin conseguir encontrar un recorrido a seguir.

“Llevamos varias horas yendo de un lado para otro sin resultado – aclaró Jonyo – ¿sigues pensando que encontraremos el lugar de pura casualidad?”

“¡Por supuesto!” exclamó Shin con firmeza.

Los caballeros le miraron con los ojos entreabiertos dejando notar claramente cierto desconvencimiento ante sus palabras.

“Está bien, paremos y pensemos una nueva estrategia”.

Avanzaron unos segundos más y se detuvieron en un claro que encontraron un poco más adelante. Sentados sobre unas rocas, meditaron.

“No lo tenemos fácil – dijo Arturo – y tampoco podemos permitirnos perder tiempo correteando por ahí”.

“He visto unos árboles frutales cerca de aquí mientras veníamos – dijo Fidel – iré a por algo de fruta. No se puede pensar con el estómago vacío”.

“Está bien – dijo Gabriel – y que no falten picotas”.

“Dalo por hecho”.

Fidel volvió al bosque y caminó durante unos minutos guiándose por las pisadas del grupo al pasar por el lugar.

“A ver... era por aquí...”

Tras deambular durante unos minutos sin estar seguro de haber tomado el camino correcto, llegó a un paisaje con árboles frutales de todo tipo. Manzanos, perales, melocotoneros, cerezos, higueras, ciruelos y algunos que incluso ignoraba su nombre.

“¡Lo sabía!”

con una fuerte sonrisa, fue hacia el árbol que tenía más cercano, alzó la mano para recoger la fruta pero se detuvo al instante.

“Un momento – pensó – algo falla. No es normal que en una misma isla se reúnan tantos tipos de árboles. Es imposible que haya sido por causas naturales. Esto tiene que ser un cultivo privado de alguien del pueblo de Shin. Quizás no debiera cogerlo, sería un robo. Además, lo más probable es que sea un cultivo de autoconsumo, si lo cojo yo, no tendrán con qué comer. Mejor lo dejo”.

Bajo el brazo desanimado y se dispuso a irse. Al dar unos pasos le sonó el estómago. Estuvo alternando la mirada de su estómago a los árboles varias veces; observando la fruta en todo su esplendor, parecía pedirle que le comiese. Su estómago volvió a sonar, esta vez con más fuerza.

“Tal vez esté sacando las cosas de quicio. He de mirarlo desde otra perspectiva. A ver... ¡ya lo tengo! No hago daño a nadie cogiendo algo de fruta para el grupo, puesto que en realidad esta finca no tiene dueño. Bueno, no es que no lo tenga, pero el único hombre con juicio que queda en toda la isla es Shin. Es muy poco probable que de todos los habitantes del lugar, éste sea su terreno. De todas formas si fuera suyo me dejaría coger, y si no lo es, el dueño está siendo controlado por Miss Jewel, así que no creo que le importe. Todo esto sin contar que ésta es una parcela abierta, sin ningún tipo de valla que la delimite o proteja. Es normal que sin querer se confunda con la del vecino o con árboles naturales. Definitivamente, voy a coger, si salvamos al dueño del influjo de Miss Jewel seguro que no se enfada”.

Comenzó con las manzanas, después con las peras y siguió con las demás frutas, procurando llevar una pieza para cada uno. Cogió todo lo que pudo sostener sobre sus brazos e incluso una pieza la llevaba en la boca para comerla por el camino. Se dispuso a irse, feliz y contento con su botín, cuando unas palabras irrumpieron en su memoria.

>>“Y que no falten picotas” recordó.

“Es cierto, casi se me olvida, Gabriel quería picotas”.

Dejó las piezas a un lado y volvió a perderse entre los árboles, hasta que dio con uno al que le quedaba un pequeño racimo.

“Ahí están, se va a poner muy contento cuando las vea”.

Despreocupado, alzó la mano para arrancar la rama que contenía el racimo. Nada más partirla, una paloma blanca apareció y le picoteó varias veces en la mano, provocando que soltara su botín de un acto reflejo. Sin dar tempo a que cayera al suelo, la paloma agarró la rama con el pico y se marchó volando.

“¡Eh! ¡Devuélveme eso! Es para el caballero de la rosa, no para ti. Si tienes hambre hay muchos más árboles aquí”.

La paloma, haciendo caso omiso de lo que decía el caballero, continuó volando y empezó a perderse en el horizonte.

“Se va... ¡no escaparás!”

Levitó para poder seguirla desde el cielo, cuando, desde las alturas vio el botín que había recolectado hasta el momento.

“No... si la sigo desde el aire no podré llevarme todo lo que he cogido. Cht, tendré que ir a pie...”

Descendió, agarró la montaña de frutas o más bien las que pudo contener en sus brazos y salió corriendo tras la paloma.

En el claro, los caballeros intentaban decidirse por una dirección a tomar.

“Pero, ¿vosotros no erais capaces de captar la energía o algo así?” preguntó Shin.

“No es tan sencillo como parece – explicó el caballero de la rosa – las energías del nivel de una persona normal pasan desapercibidas por necesidad. Si las captásemos, imagínate, sería como estar viendo constantemente una hilera de hormigas delante de los ojos, así que sólo notamos energías sobresalientes al resto. De todas formas, aunque notes ciertas energías, no puedes reconocerlas si no conoces a la persona de antemano, por lo que tampoco sabemos si podríamos identificar a Miss Jewel en caso de manifiesto”.

“A vuestro compañero le conocéis, supongo que no tendréis problemas”.

“No deberíamos, pero ha surgido un problema. Como recordarás, cuando se enfrentó a Bill sí fuimos capaces de reconocerle, pero cuando le dio la paliza a Fidel no. Esto fue debido a que Miss Jewel manipuló su energía, coincidiendo con tu hipótesis de que otorgaba mayor poder, y ahora es completamente desconocida para nosotros. En cuanto a la otra persona desaparecida, su energía es algo mayor a la de un ser humano corriente, pero a menos que vuele o luche en serio contra alguien, no se manifestará de manera suficiente”.

“Y si también ha sido capturado no tendrá nadie contra quien luchar” concluyó Peter.

“Es una situación complicada la vuestra, caballeros”.

El ruido de unos gritos acercándose interrumpió la conversación. Todos se giraron sobresaltados. Al fondo se veía a Fidel cargando con una pila de frutas mientras corría despavorido. Iba tirando frutas al aire, intentando dar a algo, pero no podía ver a qué por la oscuridad de la noche.

“¡Dame eso!” exclamó lanzando una pera contra la paloma, sin conseguir darla.

Al llegar hasta los caballeros, dejó caer la fruta al suelo y cayó al suelo rendido.

“¿Qué te pasa? – preguntó Jonyo – Se te ve cansado”.

“Paloma... picotas... Gabriel” balbuceó jadeando mientras señalaba al cielo.

Miraron al cielo y vieron a la paloma dando vueltas alrededor del cielo estrellado, con la rama en el pico.

“Entiendo, te la ha quitado – dijo Peter – ¿has probado a usar la cabeza?”

“¡Es cierto! – exclamó Fidel levantándose con rapidez, como si hubiera descubierto algo importante – ¡Ahora verá!”

Generó una bola de energía en la palma de su mano y, enfurecido, la proyectó contra la paloma. Ella se asustó, el impacto era inminente y no le daba tiempo de esquivarlo. Dejó caer la rama con las picotas y éstas aterrizaron en el regazo del caballero de la rosa. La paloma se cubrió con las alas esperando el impacto, pero una segunda bola desvió la primera en el último segundo salvándola de una muerte segura.

“¿Qué haces, Arturo?” preguntó Fidel enfadado, al no haber podido salirse con la suya.

“¿Estás tonto o qué? Es sólo un ave, no tienes motivos para hacer eso. Además, ya ha soltado las picotas”.

“Curiosamente las ha dejado caer justo encima de mí – dijo Gabriel – como si supiera que era yo el que las quería”.

“Ha sido casualidad”.

“¿Tú crees?”

La paloma descendió y propinó a Fidel un picotazo en la cabeza. Acto seguido, fue a posarse en el hombro de Gabriel.

“Parece que sabe elegir, jaja, ¿quieres picotas tú también?”

El caballero de la rosa comenzó a tomar la fruta compartiéndola con la paloma mientras el resto cogía alguna pieza del montón. Digeridas unas cuantas por cabeza, la paloma retomó el vuelo, estuvo unos segundos emitiendo gruñidos en el aire, voló unos metros hacia delante y volvió a gruñir otra vez.

“Intenta decirnos algo” dedujo Shin.

“Creo que quiere que la sigamos” dijo Gabriel.

“¿Vas a arriesgar el camino a escoger basándote en los gruñidos de una paloma? – preguntó Peter – ¿Estás loco?”

“¿Tienes una idea mejor? La paloma ha podido ver la base desde el aire”.

“Para hacer eso, podemos ir volando nosotros” dijo Fidel.

“No – negó Jonyo – si hacemos eso nos descubrirán; sin olvidar que Shin ni sabe volar”.

“¿Alguna objeción?” preguntó Arturo.

La paloma echó a volar y los caballeros siguieron su ritmo desde el suelo sin perderla de vista.

En el campamento de Miss Jewel, se estaban haciendo los preparativos para la recepción del Capitán Lardo, dirigidos por ella en persona. Todo el mundo estaba ocupado realizando alguna función, por lo tanto nadie se dio cuenta de que un extraño haz de luz emergía del foso de cadáveres. Fue volando lentamente hasta perderse en el bosque, donde se incrustó en el filo de una espada.

“Bien... uno más”.

Los caballeros estuvieron un buen rato siendo guiados por la paloma únicamente con la esperanza de que les llevara a su destino. Atravesaron todo tipo de paisajes, montañas, ríos, valles, llanuras, yermos, para finalmente acabar en un bosque. Estando allí, la paloma cogió altura y se perdió en el horizonte.

“Se va...” dijo Peter.

“Ya decía yo – dijo Fidel – nos ha engañado”.

“Si guardas silencio y estás atento comprobarás lo contrario” dijo Gabriel.

“¿Cómo?”

Todos se callaron y procedieron a avanzar de forma sigilosa. Unos metros más adelante podían verse luces de antorchas y escucharse las voces y los pasos de gente que se movía de un ladeo para otro, como preparando algo. Viendo tanto ajetreo, decidieron quedarse observando hasta tomar una decisión sabía. Rodearon el lugar, intentando familiarizarse con la zona. Pudieron distinguir la parte residencial, el trono ahora desocupado de Miss Jewel, el altar de sacrificios y un profundo foso que despedía un intenso aroma podrido.

“Es extraño – dijo Shin – no veo ni a Miss Jewel, ni a Bill ni a Wancho”.

“Tampoco se ve ni a Reik ni a Suso” dijo Peter.

“Pues habrá que hacerles salir” sentenció Arturo desenvainando su espada.

“¿Qué haces? – preguntó Gabriel de forma retórica – ¿Quieres salir de frente? Si lo haces nos descubrirán”.

“Lo harán más tarde o más temprano, y quiero acabar con esto. Quiero ver de una vez a Reik”.

“Estoy de acuerdo – dijo Fidel – necesitamos hacer ejercicio para bajar la fruta”.

“Mataréis a alguien” dijo Shin.

“No te preocupes. No seríamos buenos caballeros si fuéramos incapaces de no controlar nuestra propia fuerza. No podré evitar que haya heridos, ya que incluso si sólo nos defendiéramos los habría. Prefiero atacar y dejarles inconscientes de un golpe seco a que por no intentar hacer nada las cosas acaben peor”.

“Me has convencido – dijo Jonyo desenvainando también – ¡vamos allá!”

Al otro extremo del lugar, Wancho paseaba pensativo. Tenía dos pequeñas piedras en la mano y hacía malabares con ellas a la vez que caminaba.

“¿Qué puedo hacer? – pensaba – ¿Qué puedo hacer para que Miss Jewel deje de interesarse por ese amigo de los caballeros?”

Continuó caminando sin ninguna idea hasta que la concentración le falló y una de las piedras se le cayó.

“¡Joder! – exclamó – No se me ocurre nada, y ya ni siquiera soy capaz de hacer malabares con una mano sin que se me caiga, ¡pues adiós malabares!”

Arrojó la piedra al cielo enfurecido con tan mala fortuna que en ese mismo instante la paloma blanca volaba por allí, la impactó de lleno e hizo que se precipitara contra el suelo.

“¡Aiba! He dado a un pájaro”.

Wancho se acercó mirando hacia alrededor, cuidando de que nadie le hubiera visto cometer aquel acto vandálico. Llegó hasta la paloma y vio que estaba en el suelo, inmóvil. La cogió en brazos y la examinó. Pasó la oreja sobre su pecho y escuchó un leve sonido.

“Esta muy mal, su corazón aún late, pero dudo que pueda volver a volar. Será mejor que acabe con su sufrimiento”.

La paloma, que únicamente estaba algo conmocionada por el golpe, comenzó a recuperar el sentido. Notó como la dejaban en el suelo, abrió los ojos y vio a Wancho, que la miraba con pena. Creyendo que iba ayudarla, movió un poco las alas para demostrar que estaba bien. En su lugar, vio acercarse rápidamente la suela de su bota con la intención de acabar con su vida. Exaltada, la paloma lo esquivó de un acto reflejo y salió volando de allí tan rápido como pudo.

“Vaya, parece que al final se encontraba bien. Que alivio”.

De pronto escuchó una sucesión de gritos ahogados que perturbaron la calma de Wancho.

“¿Qué ha pasado? Iré a ver” dijo y salió corriendo.

Desde su aposento, Bill también escuchó los gritos, se asomó por la ventana y vio a los caballeros con un montón de cuerpos de esbirros inconscientes a su alrededor.

“¡Ya están aquí!” exclamó.

Salió corriendo sin perder un solo segundo, atravesó el campamento para por fin llegar a una choza, en la que irrumpió sin llamar.

“¡Miss Jewel!” exclamó al entrar, sin ni siquiera saludar primero.

“¿Qué ocurre, Bill? Parece que tienes prisa”.

“Han llegado”.

Miss Jewel corrió y ambos salieron de la choza.

Mientras tanto, los caballeros se enfrentaban a los subordinados. Por su parte, Shin aún dudaba y se mantenía al margen.

“¡Fuera de mi camino!” exclamó Fidel.

Tres subordinados venían a atacarle de frente. Con un galante movimiento, los evitó y les golpeó con la nuca con la empuñadura de la espada, cayendo inconscientes.

“¡Quitad de en medio!” exclamó Jonyo.

Un grupo de vasallos lo rodeaba. Cerró los ojos y se concentró. Todos le atacaron a la vez. En el momento del impacto se desvaneció y apareció en el aire. Uno a uno, fue posando su mano sobre la cabeza de sus enemigos y aplicando una leve descarga eléctrica que los dejó sin conocimiento.

“Se os ve cansados... – dijo Gabriel – ¿qué tal una siestecita?”

Todos los esbirros que había alrededor del caballero de la rosa empezaron a caer al suelo dormidos, con una rosa turquesa clavada en el cuerpo.

“A ver si sois capaces de darme” dijo Peter.

Varios lacayos intentaron golpearle, pero a pocos centímetros de conseguirlo, notaron que una extraña barrera invisible se lo impedía. Al golpearla, salían destellos de luz.

“¡Y se acabó!” exclamó Arturo.

De un golpe certero, derrotó a los subordinados que acosaban a Peter. Al caer el último, los que aún quedaban de pie se asustaron y comenzaron a retroceder. Jonyo se acercó a ellos con una mirada amenazante haciéndose crujir los nudillos.

“Bu...” susurró al acercarse y todos salieron corriendo.

“Un problema menos” dijo Peter.

Arturo respiró hondo varias veces y finalmente cogió aire.

“¡¡¡SALIDDDDDD!!! ¡¡¡¡MISS JEWELL!!!! ¡¡¡¡¡¡REEEEEEIKKK!!!!!!” gritó con todas sus fuerzas.

El grito se escuchó por todo el lugar, atravesando toda la zona y llegando a todos los rincones.

“Eres muy escandaloso, caballero, ¿qué le haces a mis fieles vasallos? – dijo una voz femenina – Yo soy Miss Jewel, ¿en qué puedo servirte?”

Apareció tan flamante como siempre, vestido y maquillado con las más estricta elegancia, y acompañada de Bill. A los pocos segundos también llegó Wancho.

“Así que eran ellos” dijo Wancho.

“Bill... Wancho...” murmuró Shin.

“Shin – dijo Bill al verle - ¿tú por aquí?”

No contestó. Prefirió el silencio a comenzar una discusión bizantina.

“Mejor, así aprovecharemos para sacarle la información” dijo Miss Jewel.

“¿Dónde está?” preguntó Arturo.

“¿Cómo?” dijo ella.

“Dile que salga... ¡¡¡a Reik!!!”

“Además de escandaloso eres impaciente. En fin, si tanto lo deseas...”

Miss Jewel dio unas palmadas y al momento comenzaron a oírse pasos. Caminando con decisión, agarrando la empuñadura de la espada pero manteniéndola envainada y dejando ver orgulloso la marca de labios que adornaba su frente, Reik avanzaba con una sonrisa malévola hasta que se colocó a la derecha de su señora.

“Creo que ya los conoces, Reik, pero por si acaso te los presentaré. Estos son los odiosos caballeros con los que te juntabas antes de pasar a mis servicios”.

“Los recuerdo, Mi Señora y me avergüenzo de mi pasado”.

“No hay duda, es él – dijo Gabriel – y a la vez ya no es él”

Extrañado por los gritos, Suso apareció por el lugar, caminando tranquilamente. Al ver a todo el grupo reunido en el mismo lugar, se detuvo.

“Cuanta gente hay por aquí”.

“¡Suso!” exclamaron al verlo.

“¡Oh no! ¿Tú también has caído presa de esa mujer?” preguntó Fidel.

“¿Yo? ¿Presa?”

“Fíjate bien – dijo Jonyo – no tiene marca en los labios”.

“¡Es cierto! ¡Suso, rápido! Vete de aquí antes de que te sometan”.

“¿Qué dices?”

“Sí – reincidió el caballero de la tierra – Esa mujer hace que los hombres caigan bajo su control, ¿no te resulta extraño que todos tengan una marca de labios en la frente?”

“Claro, y yo robaba en Petoria, todo el mundo tiene defectos, venga corta el rollo”.

“Suso, cariño – dijo ella – Antes, cuando yacíamos carnalmente, quisiste darme un beso y me negué, si quieres puedes hacerlo ahora”.

“Encantado – dijo relamiéndose los labios – así verán que no pasa nada”.

“¡No! – exclamó Shin – ¡Detente! Si lo haces...”

Los labios de Miss Jewel y de Suso se juntaron dando lugar a un beso con lengua que se prolongó varios segundos. Después se separaron y hubo un pequeño silencio.

“¿Veis?” no ha pasado nada. Dejad de decir tonterías. Esta mujer es buena persona, aunque tenga un modo de recibir a la gente un tanto peculiar. Y si no fijaron, Reik está aquí también”.

“No del todo” dijo Miss Jewel.

De pronto, la expresión de Suso cambió y comenzó a encontrar se mal.

“¿Qué me ocurre?”

“Tenías razón en una cosa – explicó ella – con el beso en los labios yo no someto a nadie. Tiene que ser en la frente para que la sustancia penetre directamente al cerebro, así que nadie te quitará tu juicio. Al fin y al cabo, no fue necesario. Me seguiste por propia voluntad”.

“¡¿Qué?!”

“Continuo, cuando la sustancia penetra por los labios, se mezcla con la saliva y termina en la sangre. El organismo lo reconoce como a un extraño y segrega anticuerpos para contrarrestarlo, pero la sustancia acaba por destruirlo todo. Resumiendo, actúa como un veneno mortal en pocos minutos”.

“¡No!”

“Ya empiezan a notarse los efectos. Tus pupilas se están dilatando, las venas del globo ocular se ensanchan haciéndose más vistosas y tus labios y yemas de los dedos se han vuelto de color púrpura. Pronto no podrás mantenerte en pie”.

“¡Puta! ¡¿Cómo te atreves?! ¡Ahora verás!”

Suso se lanzó contra ella, sacó su navaja en el aire y atacó de forma abierta y descontrolada.

“Aparta, estás estorbando”.

Miss Jewel levantó el puño, dejando ver un anillo con una prominente piedra preciosa de color rojo, cuando Suso llegó, el anillo emitió una onda de choque que lo rechazó e hizo que cayera al suelo, quedando boca arriba.

Los caballeros observaban paralizados la crueldad de Miss Jewel, pensando qué podían hacer para ayudar.

“Haaaaaa, haaa – jadeó – me cuesta respirar”.

“Es normal. Es el siguiente efecto del veneno. Ahora empezarás a perder tu sistema nervioso, después el cerebro se detendrá, ¡y morirás!”

“No le hagas caso – dijo Jonyo – No vas a morir. Peter te curará con sus poderes. Tú sólo aguanta”.

“Es cierto, en Petoria contaban que el presidente curaba gente con una extraña luz verde. Nunca llegué a verlo pero sé de gente que fue curada por él. Esto redujo los costes de sanidad y elevó el nivel de vida de la isla”.

“Jonyo, ¿no crees que si eso fuera posible ya lo habría dicho yo?”

“¿Qué quieres decir?”

“Es lo mismo que sucedía con Shin, podía curarle los síntomas de la alergia, pero no la alergia en sí, y mientras siguiera expuesto al frío, no saldría de peligro. Esto es exactamente igual, cierto es que puedo regenerar todos los tejidos que el veneno está destruyendo ahora y curarle, pero seguirá dentro de su cuerpo y en cuanto pare volverá a actuar. Habría que extraérselo, pero no tenemos ni material ni tiempo. Es como si tienes una espada clavada en el cuerpo, aunque te curase, la espada impediría que la herida se cerrase, y en cuanto dejase de aplicar tratamiento volvería a empezar. Me duele tener que estar viendo esto y no poder ayudar, pero desgraciadamente, yo también tengo mis limitaciones...”

“¿Estás diciendo que... no hay nada que hacer?”

“No... – murmuró Suso – voy a morir...”

“¿Y a quién le va a importar tu muerte? – dijo Miss Jewel – He escuchado que no eras más que un vulgar ladrón. Nadie te echará de menos”.

El veneno estaba invadiendo el sistema nervioso de Suso, quien se retorcía de dolor en el suelo, los músculos ya no respondían a las órdenes que mandaba su cerebro, su vista se nublaba por momentos y comenzó a echar una extraña espuma blanca por la boca. Aún así, sacó fuerzas para levantar el tronco y miró a Miss Jewel mientras jadeaba.

“¿Sabes? – murmuró mientras la oscuridad invadía su mirada lentamente – Es posible que yo fuera un ladrón en Petoria. Sí, lo era, robaba dinero, joyas, comida y todo lo que me resultara útil, llamase mi atención o pudiera vender a otra persona. Eso no estaba bien, es cierto, pero era mi forma de vida y no podía escapar de ella, ya era demasiado tarde. Sin embargo, ¡yo no robo la voluntad de la gente como haces tú! ¡No soy un patético inútil que no puede vivir por sus propios medios y necesita controlar a los demás para satisfacer sus necesidades! Y por eso... ¡morirás! Aunque yo no esté aquí para verlo... Los caballeros te aplastarán, no durarás ni cinco segundos contra ellos, porque alguien como tú no puede hacerles ni un solo rasguño, te harán picadillo, y después harán un banquete con tu carne para toda la isla, vete preparando... ¡WAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!”

Miss Jewel frunció el ceño, extendió el brazo y el dedo índice de la mano. Emitió desde él una pequeña pero concentrada onda de energía que atravesó el lado izquierdo del pecho de Suso, quien dejó caer el tronco que con tanto esfuerzo había levantado chocando bruscamente su espalda contra el suelo, a la vez que lanzaba un chorro de sangre por la boca.

“Le ha atravesado el corazón...” dijo Peter temblando.

“Ya deberías saberlo – dijo Miss Jewel – No soporto las tonterías”.

“¿Por qué has hecho eso? – dijo Gabriel enfurecido – ya estaba malherido, no había necesidad de rematarlo”.

“Se estaba poniendo demasiado pesado con todo ese rollo del sometimiento, no me gusta que me juzguen”.

“Eso no es razón para hacer lo que has hecho. Serás...”

Algo interrumpió al caballero, quien se puso a temblar de repente.

“¿Qué es... esa energía?” dijo Arturo.

“Viene de allí...” susurró Fidel.

Todo el mundo se calló. Durante unos minutos, sólo se escucharon pasos. Un hombre se acercaba caminando. Era de estatura media, de poca envergadura, se podría decir que hasta enclenque. Era moreno, con el pelo corto, unos grandes ojos negros y tenía el labio inferior más gordo que el superior. Vestía de una forma sencilla, con un pantalón y una camiseta de manga corta, sin importar la estación del año y una larga espada la colgaba de la cintura.

“¿Qué recibimiento es éste, Miss Jewel?”

“Oh, mi amor, eres tú”.

Los subordinados que había alrededor se arrodillaron ante él y le saludaron.

“¡Ave, Lardo! ¡Los que van a morir te saludan!”

“No... es... posible... Es el Capi... el Capitán Lardo...”

“¿Un tipo así es el famoso Capitán Lardo? – dijo Arturo extrañado – No parece peligroso”.

“No te equivoques – respondió Peter – él es así”.

Caminó hasta Miss Jewel y le acarició la mejilla.

“Cuanto tiempo sin vernos, querida”.

“Sí, amor”.

“No la beses... – advirtió Suso – si lo haces morirás...”

El Capitán Lardo sonrió y besó a Miss Jewel sin ningún pudor. Al terminar, se llevó la mano a los labios y despegó una fina tira de plástico que los recubría. Al retirarla, ésta se volvió púrpura.

“Miss Jewel, que mala eres, siempre intentando matarme”.

“Qué bien me conocer, amor”.

“Je, - rió Suso mientras se desvanecía en la oscuridad – ahora lo veo claro. Él será tu perdición...”

“No hables – dijo Peter – solo conseguirás acelerar tu muerte”.

“Lo cierto es que no he tenido mala vida. nunca tuve problemas económicos gracias a mi trabajo y, aunque fuera a costa de los demás, elegía a mis presas de acuerdo a lo que hacían con su dinero. No robaba a ciudadanos que ayudaban a la gente, porque sería como robarme a mi mismo, sólo a ricachones cuyo único pensamiento era acumular más riquezas para obtener un puesto más alto en su escala social. Un coche más grande, una casa más grande... Pobres diablos, todo para que lo disfrutara la mujer con su amante. Y cuando sus hijos suspendían matemáticas lo arreglaban con un profesor particular, en vez de dedicarle algo de tiempo a la criatura, que hubiera sido una solución más fácil y económica. Pero claro, ellos estaban muy ocupados trabajando, no podían preocuparse por nimiedades. No me arrepiento de haber robado a esa escoria”.

“Aguantas mucho para haberte atravesado el corazón” dijo Miss Jewel.

Haciendo gala de sus últimas fuerzas, extendió el brazo hacia los caballeros, como intentando alcanzarlos.

“Matadla... por favor, matadla. Hacedlo por mí y por todos los que han caído víctimas de su maldad. Matadla, os lo suplico, con vuestros puños de caballeros – dijo medio llorando mientras apretaba el puño con fuerza – Y cuando volváis a Petoria, decid que me pongan una estatua o algo, eso estaría bien...je”.

El puño se relajó y comenzó a descender a la vez a la vez que sus ojos se cerraban de forma suave. El brazo chocó contra el suelo y él murió, quedando en su rostro una suave sonrisa, la misma que había tenido siempre y se había convertido en parte de su ser.

“Si tú nos lo suplicas, si nos lo pides llorando, es porque te ha hecho sufrir mucho. No te preocupes, Suso, tu venganza está asegurada y tu memoria será honrada” dijo Arturo desenvainando su espada.

“Espera – dijo Shin – mira eso”.

Una extraña luz blanca emergió del cuerpo de Suso, viajó lentamente a través del aire hasta donde comenzaba el bosque, donde asomaba el filo de una espada. La luz se metió dentro de ella y su portador de dejó ver.

“Su alma mejor me la quedo yo” dijo Mireia.



Dedicado a: Suso, finales como este, hay pocos ^^

5 comentarios:

Jon dijo...

jeje se nota mucho en los capitulos de que hemos tenido examenes ultimamente jeje esta bien eso de las parcelas abiertas, te han faltado los balances de economia.Va a estar bien esta lucha porque no es solo Reik tambien Lardo y Miss Jewel contra los demas caballeros a si que na toca esperar dos semanitas
Un saludo a todos.

Dani Lopez dijo...

2 semanas para que empiecen los combates. Ya ha muerto Suso, esperemos que no sea como DB y se pueda revivir, porque entonces esto sería sodoma y gomorra. A lo de que siempre comentamos el final es simple, al principio la acción y la intriga son pocas y en el final es donde se encuentra toda la "chicha" (me encanta esa palabra y nunca tengo oportunidad de usarla, lo mismo me pasa con la palabra "colosal")

Suso dijo...

LO PRIMERO DECIR KE A SIO UN WUEN EPISODIO, AUNKE KOMO YA TE KOMENTE MAZO DE.... COMO DECIRLO, ESTO KE ESTAS LEYEMNDO E IMAGINANDO LO KE PASA Y TE IMAGINAS KE TE RAJAN LA TRIPA Y TE A ARRANAKAN LAS KUERDAS VOCALES....POS ESO YA ME TA DANDO YUYU AL PENSARLO ESA PARTE NO MA MOLAO TANTO, PORKE YO PA ESAS KOSAS BUA SE ME REVUELVE EL ESTOMAGO POR LO DEMAS KASI YORO AL MORIR EL INKREIBE E INIMAGINABLE PERSONAJE DE SUSO AL KE SUS ERMANOS LE EXARAN MUXO DE MENOS ESPERO. Y SIGE ESKRIBIENDO KE AORA KUANDO AKABES EL KURSO TENDRAS KE ACELERAR EL RITMO DE LA HISTORIA..... UN ABRAZO HERMANO
* * * * * SUSO * * * * *

wancho dijo...

tu tio es muy weno de mayor seras como cervantes xd un saludo

Patricia dijo...

Juer!! ya se porque me dijiste q me iba a quedar flipada...como me as dejado no me voy a la cama sin leer el XLVII!! Buen trabajo ;)