domingo, 4 de marzo de 2007

Episodio XLII

Wajajaja xD aquí estoy, y sin retraso ni hostias, cuatro exámenes esta semana, cuatro exámenes la que viene, no importa lo q pase, nada retrasará a Los Caballeros. Quiero terminar con esto rápido que estoy viendo el eclipse, el akatsuki (luna roja) es muy bonito y no quiero perderme ni un instante ^^ Lo único que tengo que decir hoy es que ha ocurrido un extraño suceso al que no encuentro explicación, veréis, el caso es que desde hace como semana y media las visitas al blog se han disparado, de las 530 q llevaba (contador puesto hace poco xD por si acaso...) cuando puse el anterior ep, hoy superan las 1200 lol y no sé el motivo, el estado publicando algunas cosas estas dos semanas además de lo normal, que están más abajo, por si queréis echarles un vistazo, y por eso he notado los cambios, haciendo cálculos, sale a unas 50 visitas diarias, y os aseguro q Mi Blog!!! No es tan famoso para conseguir esas cifras, entonces únicamente quería saber si alguien conoce el motivo, si ha gritado esta dirección en medio de una manifestación o si tiene un tic en la tecla F5 xD xq, por lo menos hasta ahora, los lectores solo venís por aquí cuando hay ep, como es lógico, y además sois actualmente, si llegáis a coincidir todos los que estáis al día y algún curioso... 10, y contando cuando yo me meto a publicar 11. Así que nada, si alguien sabe algo q lo ponga y si no y es casualidad y es alguien nuevo, q deje comentario, que aquí no nos comemos a nadie xD. Disfrutad el ep.

Nº ep: 42

Título: N/A Si a mí se me ocurrieran títulos tan buenos como a Kubo Tite, os aseguro que los pondría más a menudo...

Tamaño: 11’3

Dedicado a: N/A



Episodio XLII

S

hin, escandalizado ante aquella inaceptable respuesta, se levantó enérgicamente, avanzó a través de la casa, hasta sobrepasar a los caballeros y colocarse delante de ellos con los brazos extendidos, impidiendo el paso.

“Lo siento, pero no os puedo dejar pasar, como último adulto varón indígena con juicio propio en toda la isla no puedo evitar sentirme responsable de las personas que aún no han sido sometidas. Me niego a que os marchéis ahora, os capturen, y tenga que veros intentando matarme después de haberme salvado la vida dos veces en un día, no es algo con lo que se pueda dormir tranquilo, entendedlo, ¡no me lo perdonaría!”

“Nosotros también lo sentimos, - dijo Peter - pero tenemos que ir, no podemos satisfacer tu petición, nuestros compañeros están ahí fuera, en lo más profundo de esta isla, ajenos a todo lo que sucede en ella, si les pasase algo nosotros tampoco no lo perdonaríamos”.

“Por favor, apártate” dijo Gabriel.

“No puedo” repitió Shin.

“Podemos ir con o sin tu ayuda, - dijo Jonyo - sólo que con tu ayuda tardaremos menos”.

“¡No!”

Arturo dio un paso al frente y extendió la mano hacia delante. Shin no se movió. Continuó parado en el mismo sitio, aunque tragó saliva y su pulso se aceleró levemente.

“¿No irás a...?” preguntó Peter.

La palma de su mano se iluminó poco a poco hasta que la luz tomó forma naciendo una onda de energía. Shin seguía sin moverse mientras veía como la onda iba a aumentando de tamaño y concentración. Finalmente, comprendió la situación y bajó los brazos, dejando de impedir el paso. Arturo deshizo la onda de energía y también bajó la mano.

“Lo siento, Shin” dijo Arturo.

“Está bien, pero iré con vosotros, quiero asegurarme de que no le ocurre nada a mi gente”.

“Como quieras. Primero tenemos que encontrar a Suso, Fidel y Reik. Si Miss Jewel los encuentra antes que nosotros... no quiero ni imaginarme lo que pasaría si eso llega a suceder”.

“Lo mejor será dividirse, - dijo Peter - cubriremos más terreno”.

“Bien – dijo Arturo – Shin, tú vienes conmigo y para los demás, nos encontraremos en la playa cercana al barco dentro de una hora”.

El grupo se dividió y partieron todos de inmediato, excepto Gabriel, que se volvió hacia la doctora.

“Cuando estuvimos en Petoria, toqué con un grupo porque uno de sus miembros tenía una herida en la mano, estos versos son de una de sus canciones”.

Y si la noche es tan oscura que

Ni tus propias manos consigues ver

Ten seguro que amanecerá,

Y mientras tanto, ¡te invito a mi bar!

“Gracias por los ánimos, caballero de la rosa”.

“Un placer” dijo haciendo una leve reverencia y se marchó.

Todos se fueron, la doctora se quedó sola en la puerta de la casa observando la luna hasta que su enfermera apareció desde el interior y se colocó junto a ella.

“Shin también se ha ido, ¿verdad?”

“Sí. Puede que en cierto sentido haya tenido mala suerte por heredar un estado de salud tan frágil, pero, en compensación, ha sido dotado de un gran valor y amor por los suyos”.

“¿Volverán con vida?”

“Por supuesto. Aunque tenue, veo una luz al final del túnel. Estos caballeros han llenado mi corazón de esperanza”.

“Espero que la princesa también se encuentre bien...”

“No te preocupes, ella no se dejará someter. Ahora vamos dentro, aquí fuera solo conseguiremos resfriarnos, y lo último que me apetece en este momento es examinarme a mí misma, jaja”.

“Sí, doctora” dijo la enfermera y ambos entraron en la casa.

Lejos de allí, el carruaje de Miss Jewel circulaba lentamente, tirado por dos subordinados al ritmo del un-dos. Alrededor del mismo había una veintena de hombres que hacían de séquito y de guardaespaldas para los que se encontraban en el interior; Miss Jewel y Wancho, quienes conversaban animadamente.

“Mi-mi Señora – dijo Wancho – mu-muchas gracias por per-perdonarme la vida. Ca-cazaré a esos caballe-lleros por usted”.

“No hay de qué. Confío en que no volverás a fallar”.

Una melodía aguda que provenía de uno de los bolsillos de Wancho interrumpió la conversación.

“Discúlpeme un momento, Mi Señora”.

Metió la mano en el bolsillo y sacó un teléfono móvil, aceptó la llamada y estuvo un par de minutos escuchando, limitándose a emitir alguna palabra afirmativa para el otro interlocutor no creyese que hablaba solo. Terminada la llamada, guardó el teléfono y sonrió a Miss Jewel.

“Buenas noticias, Mi Señora. Me acaban de informar de que el Capitán Lardo ya está al corriente de la situación y viene en camino”.

“Perfecto, he de terminar los preparativos antes de que venga mi amor”.

“¿Pre-preparativos?”

“Sí, cuando encontremos a los caballeros lo entenderás” dijo sonriendo maliciosamente.

“Como usted diga, Mi Señora”.

El carruaje se detuvo de repente, Miss Jewel miró por la ventanilla extrañada y vio que todo su séquito se había concentrado en la parte delantera del carruaje. La excesiva concentración de gente en un mismo lugar le impedía ver la causa que los detenía. Uno de los subordinados gritó y al momento su cuerpo fue catapultado por encima del resto, cayendo cerca de la ventanilla por la que observaba Miss Jewel. El hombre yacía en el suelo con una herida en el hombro. Al verle, su mirada se tornó de alegría a enfado.

“I-iré a ver qué está pasando”.

“Está bien”.

El hombre herido trataba de levantarse, estaba ya medio de pie cuando la puerta del carruaje se abrió, golpeándole en la cara y tirándole de nuevo al suelo. Wancho se bajó del carruaje, cerró la puerta y miró al hombre.

“Fuera de mi camino, inútil”.

Avanzó abriéndose paso entre el resto de los presentes y pronto comprobó la causa de su parada. Suso estaba delante de ellos, armado con una navaja ya manchada de sangre y sonriendo con excesiva confianza.

“¡Vamos! – exclamó – ¿Queréis que os pase lo mismo que a ese tipo? Si es así venid a por mí ¡En caso contrario dadme todo lo que tengáis!”

Wancho observaba entre la multitud cómo los subordinados dudaban, se echaban atrás, cediendo ante la amenaza del ladrón.

“¡¿Pero qué demonios estáis haciendo?! – exclamó Wancho enfadado – ¡No os quedéis ahí parados y luchad por defender a Nuestra Señora!”

Dos subordinados, sintiéndose obligados a seguir las órdenes de su superior, se lanzaron contra Suso de forma alocada y descontrolada.

“He tenido suerte de encontrar este carruaje. – pensó Suso mientras los veía acercarse – Estaba caminando en busca de algo de comer cuando escuché el sonido de algo que se acercaba. Tras ocultarme entre los árboles, vi mi presa y la asalté sin dudar un segundo, con la esperanza de conseguir comida y dinero con facilidad. El atraco iba de maravilla, todos estaban asustados, y el único payaso que había osado atacarme salió disparado con un navajazo en el hombro, por las molestias, jeje. Pero ahora, cuando ya lo tenía todo ganado, aparece este imbécil y les motiva”.

Haciendo un uso maestro de su pequeña arma blanca, de un solo movimiento diagonal asestó un corte a cada uno de sus adversarios. Después se lanzó contra el primero y, de una patada le precipitó hacia el cielo cayendo sobre el techo del carruaje. Miss Jewel notó el impacto desde el interior y, enfadada, abrió la puerta del carruaje y salió.

“¡Y ahora el otro!”

Con un fuerte puñetazo en el torso, el último atacante fue lanzado contra Wancho, quien, avergonzado ante la incompetencia de sus soldados, rechazó el cuerpo de un manotazo, el cual se estrelló contra un árbol para terminar cayendo brutalmente al suelo y perdiendo la consciencia.

“Pedazo de basura...” dijo mirando el cuerpo.

“¡¿Alguien más?!” exclamó Suso orgulloso.

Los soldados retrocedieron unos pasos, hasta llegar a chocar con Wancho, que estaba un poco más atrás. Él, enfadado, apartó a todos de un empujón y avanzó hasta estar frente a Suso.

“Es-está claro que si-si tienes que hacer algo-go, es-es mejor que lo-lo hagas tú mismo”.

“¿A ti qué te pasa? – dijo Suso burlándose – ¿No sabes hablar?”

“Só-sólo los imbéciles se ríen de las enfermedades”.

Suso se lanzó contra Wancho y, seguro de sí mismo, le lanzó la navaja. Su oponente la desvió hacia arriba con una oportuna patada en el mango. Acto seguido estrelló el puño contra la cabeza de su adversario y todo su cuerpo se desvaneció en medio de una nube de humo.

“¿Un clon?” pensó Wancho.

“¡Estoy aquí!” se escuchó por encima.

Wancho miró hacia arriba. Suso estaba en el aire flotando alegremente, cogió la navaja al vuelo y se dispuso a lanzarla de nuevo.

“El combate contra Mesa me ayudó a aprender a volar, entre otras cosas, - pensó - no perderé contra un tartamudo como ése”.

“¡No caeré en la trampa!” exclamó Wancho desde el suelo.

Rápidamente lanzó una pequeña onda de energía que viajó a toda velocidad explotando en el cuerpo de Suso antes de que fuese capaz de lanzar la navaja, provocando de nuevo la desaparición de su cuerpo entre el humo de la explosión.

“Y... se acabó” afirmó confiado.

La navaja comenzó a descender lentamente, Wancho se giró y empezó a caminar hacia sus subordinados sonriendo.

“Ya veis que-que no era más que un vul-vulgar ladrón”.

“Sí, jefe” contestaron a coro.

“Un momento – se detuvo Wancho – la navaja está cayendo en este mismo instante pero, ¿y el cuerpo?”

A pocos centímetros de caer al suelo, la navaja fue cogida al vuelo por la mano de su dueño, quien, de inmediato, agarró a Wancho por el cuello, colocándole la navaja cerca de la garganta.

“Me ha cogido” pensó Wancho.

“Jajaja – reía Suso – ¿y ahora qué? Has caído ante un vulgar ladrón. Mi estrategia no era una trampa, era una trampa de la trampa”.

Los subordinados se asustaron, no sabían cómo actuar. Tras unos segundos de pánico en los que Suso se dedicó a exponer sus exigencias, uno de ellos dio un paso al frente.

“Quieto ahí o tu amigo se queda sin cuello” dijo Suso pinchándole suavemente en la nuez.

El subordinado volvió a retirarse al ver un fino hilo de sangre que fluía por el cuello de su superior.

“No os preocupéis – dijo Wancho con total seguridad – está todo bajo control”.

Wancho se tiró una ventosidad cuyo sonido hizo que Suso se apartara rápidamente. Al captar el mal olor, se alejó varios metros tapándose la nariz.

“Puagh, pero, ¿qué es esta peste?”

“Wajaja, y eso no es todo. ¡Siente mi poder!”

Se acercó a él y le echó el aliento en la cara. Suso volvió a retroceder y bajó la guardia, momento que aprovechó su adversario para golpearle en la nariz y mientras se recuperaba del golpe le puso el brazo por encima del hombro para que respirara los dulces aromas de su axila.

Suso, en un intento desesperado por librarse de aquella tortura, sacó su navaja y comenzó a dar cortes a diestro y siniestro, consiguiendo así que Wancho se alejará y poder respirar aire puro.

“¿Qué tipo más raro? – pensó Suso mientras se limpiaba la sangre de la nariz con la muñeca – He de tener cuidado o acabaré intoxicado”.

“Jajaja, e-eso te pasa por sub-subesti-timarme”

Se metió la mano por dentro del pantalón y empezó a frotarse sus partes. Al sacar la mano se acercó poco a poco con el brazo extendido. Según se acercaba Suso captaba el olor de una forma más intensa, por lo que fue retrocediendo hasta que un árbol le impidió continuar. Al seguir avanzando Wancho, no tuvo otra opción que detnerle sujetando su muñeca y, teniendo la palma de su mano a escasos centímetros de los ojos, era capaz de distinguir pequeñas gotas de residuos de un extraño líquido amarillo junto a pequeños restos de vello.

“¡Ahora! – exclamó Wancho a sus subordinados – ¡Venid todos a por él!”

“¿Qué?” dijo Suso confundido.

“¡No te distraigas!”

Wancho volvió a expulsar su aliento contra el rostro de Suso, provocando que aflojase la fuerza con la que sujetaba su muñeca y, haciendo uso de toda su fuerza, consiguió estrellarle la palma en medio de la cara a la vez que también le estrellaba la cabeza contra el árbol que había a su espalda.

“¡Ahora!”

Suso dio un grito mezcla de asco y dolor y al momento todos los subordinados que había alrededor se abalanzaron contra él en masa dejando una manta de polvo y calima tras de sí.

“Cof, cof, - tosía Wancho - menuda panda de incompetentes”.

Al despejarse el manto de polvo se descubrió una pequeña montaña de subordinados en cuya base se encontraba Suso asomando la cabeza.

“¡Te atrapamos!” exclamó Wancho.

“¡Malditos, soltadme! – exclamó intentando quitarse de encima la pila de hombre que le impedían moverse – ¡Como no me dejéis libre ahora mismo llamaré a los caballeros y os darán la paliza de vuestra vida!”

“¿Qué has dicho?” preguntó una voz femenina.

Miss Jewel estaba fuera del carruaje con la puerta abierta, observando la situación. Cerró de un portazo, avanzó con paso firme hasta Suso, se agachó y le acarició la barbilla.

“¿Has dicho que conoces a los caballeros?”

“No-no le haga caso, Mi Señora, sólo es un vulgar ladrón que trata de quedarse con usted”.

“Cuando quiera tu opinión te la pediré, Wancho. Hasta entonces mantén la boca cerrada” dijo tajantemente.

“Sí, Señora. Presento mis disculpas”.

“Ahora, - dijo volviendo su cabeza hacia Suso - ¿de verdad conoces a los caballeros o intentas tomarme el pelo para salvar la vida?”

“Se lo digo en serio – contestó tan respetuosamente como pudo – ¿es que quiere conocerlos?”

“Soy una gran admiradora suya” mintió.

“Si lo desea yo podría presentárselos”.

“¿Me lo aseguras?”

“Se lo aseguro”.

Miss Jewej le miró fijamente durante unos segundos, después se levantó e hizo una seña a los subordinados.

“Liberadle”

Los subordinados se quedaron parados ante aquella orden.

“¡¿Es que no me habéis oído?! ¡He dicho que lo liberéis!”

Los subordinados fueron quitándose uno a uno hasta que Suso se pudo levantar. Se sacudió las ropas manchadas tras el contacto con la tierra y con un pañuelo perfumado que sacó de un bolsillo se limpió la cara.

“Muchas gracias”.

Sonriendo como nunca, caminó hasta Wancho y le golpeó con fuerza en el estómago.

“Límpiate las manos antes de tocar a los demás”.

“Ugh, ugh, vul-vulgar ladrón” dijo mientras se retorcía de dolor agachado.

“¡¿Qué dices?!”

Suso, enfurecido por aquel comentario, se volvió y comenzó a patear a Wancho cada vez con más fuerza y odio mientras reía salvajemente.

“Ya es suficiente – dijo Miss Jewel – aunque sus técnicas sean un poco peculiares, es uno de mis mejores soldados, así que déjale en paz, ya te has vengado”.

“Vale” dijo Suso y dejó de golpearle.

“Wancho se quedó en el suelo, con varias heridas en la cabeza y las manos sujetando su estómago.

“No saldrás de esta isla con vida...”

Estando allí tirado, vio como Suso invitaba a Miss Jewel a subir al carruaje, acompañando el gesto con un beso en la mano. Ella aceptó sonriendo y subió seguida de Suso.

“Dime...”

“Suso”.

“Ah, si, Suso. Dime, ¿dónde se encuentran los caballeros?”

“Su barco está anclado en una playa cerca de aquí, con rocas y arrecifes por los alrededores”.

“Guíanos”.

El carruaje se puso en movimiento con un trote suave y ligero, dejando a Wancho en el suelo unos metros atrás. Tras muchos esfuerzos, consiguió levantarse y siguió el carruaje a pie.

“No-no te dejaré solo con Mi Señora, no me fío de ti”.

En el interior del carruaje, Miss Jewel presionó un botón y una pequeña bandeja con dos copas y una botella de champagne salió de un compartimento oculto. Ella sirvió ambas copas y le ofreció una a Suso en primer lugar, cogiendo ella la restante. Tras un brindis, bebieron un poco y comenzaron a animarse.

“Bueno, preciosa – dijo Suso en tono seductor – ¿qué recompensa me espera por este trabajo?”

“Jaja, ya te veo venir, pillín – contestó sonriendo – Si de verdad me llevas junto a los caballeros, ¿qué te parecería una dulce velada a mi lado?”

“Mmmmm, suena muy bien”.

“Sin embargo, si me estás engañando, serás sacrificado en mi honor”.

“Sí, jaja” dijo a la vez que tragaba saliva.

En la playa; Shin, Arturo, Peter y Gabriel se encontraban comentando la situación, impacientes en espera de noticias. Tras unos minutos esperando, Jonyo apareció en el lugar.

“Llegas tarde – dijo Peter – dijimos que nos encontraríamos aquí pasada una hora, y llegas media más tarde, estábamos preocupadísimos, creíamos que te había encontrado Miss Jewel”.

“Lo siento”.

“Bueno, - interrumpió Arturo para calmar la tensión - vayamos al grano, ¿alguno ha encontrado a Fidel, Reik o Suso?”

“No” contestaron todos.

“Mal asunto – dijo Gabriel – si aún no los hemos encontrado, seguramente sea porque ella lo ha hecho antes que nosotros...”

“¿Hacemos otra búsqueda?” sugirió Arturo.

“No – dijo Jonyo – si después de habernos separado una vez hemos tenido la suerte de volver a salvo, a estas alturas, hacerlo de nuevo sería tentar a la suerte. No sería de extrañar que ellos no estuvieran buscando también a nosotros. Además, pronto amanecerá, no es necesario separarnos”.

“Y lo más importante – dijo Shin – será mejor que os vayáis mentalizando de que al encontrarnos con vuestros compañeros ya no serán los mismos”.

Los caballeros se miraron aterrorizados y empezaron a ponerse mal sólo de imaginarlo.

“Bueno, mantengamos la calma – dijo Gabriel – Esos tres son lo bastante listos como para no dejarse atrapar, en especial Suso, que llevaba años huyendo de la justicia. Confiemos un poco en ellos”.

“Aquí no hacemos nada – dijo Peter – tal vez todavía podamos salvarlos, ¡vamos a encontrarlos!”

Los caballeros se pusieron en camino todos juntos escogiendo como destino una dirección aleatoria.

“Los encontraremos – pensó Gabriel – estoy seguro”

En cuanto se perdieron a los lejos el carruaje de Miss Jewel apareció en la playa, una puerta se abrió y Suso bajó sonriendo, correteó hacia la costa y se detuvo a la orilla.

“¡Eh! ¡Caballeros! – exclamó – ¡Ya he vuelto! Sé que estabais preocupados por mí pero estoy bien, una preciosa mujer me ha ayudado y quiero presentárosla, ¡salid!”

Estuvo esperando sonriente durante varios minutos en espera de una respuesta que nunca llegó. Nadie apareció. Miss Jewel se bajó también, avanzó hasta Suso con los brazos cruzados, ojeó a su alrededor durante unos segundos y después miró a Suso fijamente a los ojos en espera de una explicación.

“Parece que no están...” dijo Suso.

“Eso ya puedo verlo yo misma – contestó Miss Jewel – lo que quiero saber es o dónde están o si me estás engañando, para ir tomando medidas”.

“Es..esto – balbuceó Suso – han-han debido de marcharse, estarán dando una vuelta por la isla”.

Wancho llegó a la playa, aún sin recuperarse de los golpes de su combate, y se tiró en la arena a descansar.

“¿Quién tartamudea ahora?”

“Payaso, ¿insinúas que miento? – dijo mirándoles a ambos – Ya veréis como volverán de un momento a otro”.

“No volverán – dijo Wancho – porque no hay nadie que vaya a aparecer”.

“¿Cómo estás tan seguro?”

“¿Y el barco?”

La expresión del rostro de Suso cambió de repente.

“Es cierto, - dijo Miss Jewel - si de verdad no estuvieras mintiendo, aunque los caballeros no estén aquí, la presencia del barco confirmaría tu testimonio, pero su ausencia te delata, ¡embustero! Aquí no hay nada y un barco no puede desaparecer por las buenas. Estás mintiendo desde el principio, planeabas aprovecharte de mí pero, ¡lo pagaras muy caro!”

“No, no...”

“Wancho, prepárate, ¡tenemos nuevas presa!”

Wancho se levantó sonriente y se remangó.

“¡Esperad! Os lo digo en serio, conozco a los caballeros, además sé dónde pueden estar – mintió – permíteme guiaros de nuevo”.

“Mi-mientes, acabas de llegar a la isla, por lo tanto no la conoces y no sabes donde están porque, ¡no están!”

“Si eres tan listo contéstame a esto, ¿cómo he podido llegar a la isla entonces? ¿Nadando?”

Wancho se calló.

“Está bien – dijo Miss Jewel – tienes otra oportunidad, llévanos hasta ellos, pero si vuelves a engañarnos lo pagarás caro”.

Suso regresó al carruaje seguido de Miss Jewel, los subordinados tiraron del carruaje y, de nuevo, Wancho se quedó atrás. Dio unos pasos hacia delante y cayó de nuevo después de lo que le había costado levantarse. Los subordinados que no tiraban del carruaje le vieron y fueron a socorrerle.

“Ha llegado a su límite – dijo uno – acaba de perder el conocimiento”.

“Llevémosle a la base, allí será atendido correctamente” dijo otro.

Entre unos cuantos cogieron su cuerpo, llevándoselo en una dirección distinta de la que seguía el carruaje.

“Resiste, Wancho”.

En otro lugar, los caballeros continuaban buscando a sus compañeros entre la inmensidad de la noche.

“Pero, ¿dónde estáis?” pensó Arturo.

Ajeno a todo lo que ocurría, Fidel dormía plácidamente sobre una roca sin darse cuenta de que un extraño ruido se le acercaba sonando cada vez más intensamente.

“Mmmmm... – soñaba Fidel – venceré a Mesa...”

El ruido terminó por despertarle y, enfadado por haberse despertado contra su voluntad, se levantó enérgicamente.

“¿Quién anda ahí?”

En el punto contrario de la isla, Reik había dejado todo helado a su alrededor con sus entrenamientos. Árboles, rocas, e incluso insectos estaban convertidos en estatuas de hielo a decenas de metros a la redonda. Aquella escena representaba el mismo invierno. Reik caminaba por al glaciar que el mismo había creado, cuando notó que su pie había estrujado algo extraño. Levantó el pie, miró hacia abajo y vio el cuerpo de una cucaracha congelada hecho pedazos. Cogió uno de ellos y observó que el interior también estaba congelado, razón por la que se había fracturado el cuerpo.

“Perfecto – dijo sonriendo satisfactoriamente – voy mejorando, aunque sea poco a poco. Al congelar un cuerpo completamente se vuelve tan frágil como un jarrón de cerámica. Si lograra hacer esto con el cuerpo de Mesa, bastaría con empujar su estatua para que cayese al suelo, se rompiese en un millón de pedazos y dejará de molestar. Además, también he descubierto algo interesante, al congelar una superficie de terreno tan grande, se produce un efecto similar al que ocurre en un igloo, el hielo es capaz mantenerse sólido durante mucho más tiempo e incluso la presencia de calor no sería suficiente para derretirlo. Interesante hallazgo”.

El sonido de algo acercándose interrumpió sus pensamientos. Rápidamente desenvainó su espada y se giró para averiguar de qué se trataba.

“¡¿Quién eres?! ¡Da la cara!”




5 comentarios:

Dani López dijo...

Se me ha hecho muy corto...:P, pero está de pm y encima con los finales que a mi me gustan, jejeje, sigue así, aunque ya sabes... más psicología xD

Jon dijo...

Mira que me jode cuando se acaban asi los capitulos de lo que sea o sin saber algo importante y que va a pasar a continuacion como cuando ponen los anuncios jeje, creo que si que he pillado uno de mis rasgos el de llegar tarde no??como siempre cuando llego a clase pero weno es que me le vanto con el tiempo justo, bueno que ha estado muy bien el capitulo sigue asi y haber si se acaban los examenes de una puta vez y puedes escribir los capitulos cada semana que hay gente que no aguanta tanto jejeje
Un saludo a todos

Un tio wapo dijo...

ey esta to bn pero lo mis poderes son un poko pateticos no?jaja weno tu mandas.
saludos

Shin dijo...

Jaja, ha estado bien. Siento no haberte escrito el comment antes, parece ser que mi navegador tenía problemas ^_^'
Sigue escribiendo como sabes ^^

Oscar dijo...

Cada vez me falta menos para ponerme al dia. yuhuuuuuuuuu. Saludos. El episodio a tao mu bien, jejejeje, ya no veremos.