domingo, 18 de septiembre de 2011

Episodio CCXV

No sé durante cuanto tiempo voy a poder aguantar el ritmo de capítulo semanal, pero de momento, mientras el argumento y mi situación académica y personal me lo permitan, que parece que va a ser durante bastante tiempo todavía, voy a poder seguir haciéndolo.


Título: Quiet Chamber, Noisy Heart


Tamaño: 6'5

Dedicado a: Celia, pues recuperar lo perdido es algo a lo que en la vida real todos anhelamos constantemente poder aspirar pero cuyas posibilidades no sólo ya de conseguir, sino tan sólo la oportunidad de intentarlo, suelen ser remotas o incluso nulas. Hoy no apoyo al caballero del fuego por tener esa oportunidad, le envidio.


Episodio 


CXXV


El caballero del fuego se precipitaba directo al pozo de lava, luchando internamente contra sí mismo para no morir calcinado, mientras Shawn Stevenson observaba con total atención.

“¡Si no consigo volar de nuevo moriré dentro de pocos segundos! – Pensaba Arturo según veía la lava acercarse – ¡Tengo que pensar!”

“Volar es únicamente utilizar tu propia energía como propulsión y así mantenerte en el aire” recordó las palabras que Mesa dijo a Suso.

“Si es así, no puede ser complicado, lo he hecho muchas veces, siempre me ha salido solo, ¡he de conseguirlo!"

Cerró los ojos y concentró todas sus fuerzas. Trató de imaginar lo que sentía cuando volaba, lo que hacía, y sobre todo, cómo lo hacía, pero todo era inútil. Continuó cayendo igualmente sin poder hacer nada para por evitarlo.

“No intentes volar – escuchó desde arriba – Para eso hace falta mucha energía, y es precisamente lo que no tienes, no lo conseguirás. Suso lo consiguió con el poder del colgante, y tú antes gracias al SuperGuerrero, y ahora mismo no puedes utilizar ninguna de las dos cosas”.

“Mierda, ¿cómo sabía lo que estaba intentando? – Continuaba dentro de su cabeza – Pues si no puedo volar, sólo me queda una opción…”

Estiró el brazo para tratar de agarrarse a algún saliente de la pared interior del volcán. Shawn le había arrojado todo lo adentro que alcanzaba su propio brazo, así que estaba cerca, pero cuanto más caía más se ensanchaba la chimenea de camino a la cámara magmática. Consiguió rozar la pared con el dedo durante un instante, pero no llegaba a alcanzar ningún saliente. Decidido a darle la vuelta a la situación, dio una patada en dirección a la pared con la suficiente fuerza como para que impulsara su propio cuerpo, logrando clavar la pierna entre las rocas.

“Lo he… Conseguido…”

El cuerpo del caballero quedó de espaldas a la lava, medio suspendido en el aire, y sin posibilidad de moverse al tener la pierna clavada en la roca. Su cabeza había quedado boca arriba, y el pelo, por efecto de la gravedad, parecía haber adoptado el peinado del SuperGuerrero, aunque sin su color característico.

“Si te viera Fidel seguro que pensaba que te has transformado” le dijo Shawn.

“Ya he sobrevivido a la caída, ¿qué tengo que hacer ahora?”

“Me temo que aún no has hecho nada, Arturo. No se trataba de impedir que cayeras, sino de que cayeras” contestó mientras le apuntaba con la mano abierta.

“¡¿Qué?! No irás a…”

“¡Au revoir!” exclamó desde la superficie y lanzó una pequeña bola de energía contra su pierna, que al estallar contra las rocas dejó de sujetarle y volvió a precipitarse hacia el fondo del volcán.

Arturo no tuvo palabras para responder a ese acto. Su propio mentor le había arrojado a las garras de la muerte. Hizo lo único que podía hacer. Se quedó mirándole a los ojos para que su recuerdo le atormentara mientras viviera.

Cayó de pie. Dada la alta densidad de la lava, amortiguó la caída y con el impactó, su cuerpo se sumergió sólo hasta la mitad, y después empezó a ser absorbido lentamente. No miró hacia abajo, sabía que era lo último que debía hacer. Se quedó observando lo poco que veía del cielo desde el interior del volcán, un pequeño círculo azul en medio de una inmensidad roja. No sentía dolor, igual que cuando Reik le quemó en el hotel, pero su cuerpo se estaba incendiando igualmente y sabía que no podía escapar a su terrible destino. Antes de ser totalmente tragado por el magma, extendió la mano tratando de alcanzar el cielo. Luego, su cabeza fue sumergida y lo único que quedó asomando fue ese brazo alzado, que fue cayendo lentamente hasta desaparecer en aquel mar de llamas.

“Uno menos – dijo Shawn – Ahora a por el siguiente”.

Al mismo tiempo, en el barco, el resto de caballeros ya estaban despiertos. Gabriel, Reik, Fidel y Peter estaban en la cubierta, a la espera de noticias de Arturo. De pronto, se abrió la puerta que conducía a los camerinos, y de ella salió Jonyo sonriente.

“¡Por fin es la hora de mi entrenamiento! – Gritó a los cuatro vientos – ¡Esta vez me he levantado antes que nadie!”

“¡¿Perdón?!” dijeron todos al unísono al escucharle.

En ese momento se dio cuenta de que todos estaban allí ya, y que además tenían pinta de llevar un buen rato despiertos.

“Me he dormido otra vez… ¿verdad?” preguntó cabizbajo.

“No te preocupes ya estamos acostumbrados – le dijo Fidel mientras engullía unos cereales – Cada uno tiene sus cosas”.

“Entonces, ¿qué ha ocurrido? ¿Se ha pasado la hora de mi entrenamiento?”

“Estás de suerte – dijo Peter – Arturo todavía no ha regresado”.

“¿Y se sabe algo sobre si su entrenamiento ha tenido éxito?”

“Hace rato que no puede sentirse su energía – dijo Reik – Bueno, la poca que le queda”.

“Eso no significa nada – opinó Gabriel – Nosotros tenemos cierto umbral de sensibilidad en ese sentido, si hay muchas energías pequeñas en un mismo lugar, o la energía se aleja un poco, tendemos a ignorarla y no la percibimos a menos que pongamos mucho empeño”.

“Buena excusa, pero la isla está desierta, ahora mismo sólo está Shawn, así que no puede perderse entre ninguna multitud. Y hasta hace un rato, aunque débil, la estábamos sintiendo, y ha desaparecido de repente. Si se hubiera alejado, habríamos notado cómo se vuelve cada vez más débil hasta desaparecer”.

“No estoy de acuerdo contigo – le rebatió Fidel – En esta isla viven animales salvajes, la energía de Arturo se puede haber mezclado con la de una manada de panteras o elefantes. Te lo digo porque he entrenado con ellos muchas veces. Y sobre lo otro, Shawn ha podido llevarle lo suficientemente lejos como para que no le sintamos, pero como la energía de Shawn es potente, continuamos notándola con la misma intensidad aunque cambie un par de kilómetros de posición”.

“Pues ahora resolveremos dudas – contestó Gabriel – Por ahí viene”.

Shawn Stevenson aterrizó en la cubierta del barco y se dirigió directamente al caballero del rayo.

“Te toca. Vámonos de una vez”.

“Un momento, ¿qué ha pasado con Arturo? – Preguntó Peter – ¿Se ha recuperado ya?”

“Ha muerto”.

“¡¿Cómo?!” exclamaron todos a la vez.

“No ha superado el entrenamiento. Es mejor así. Aunque hubiera sobrevivido, sin su poder habría muerto en batalla, seguro que prefiere haber muerto luchando por recuperarse a sí mismo que haber sido abatido por Mesa o el Capitán Lardo. Bueno, ¿vienes o qué?” le preguntó mientras saltaba fuera del barco.

“Eeeh... – Jonyo, al igual que el resto, estaba en estado de shock – Sí, ya voy”.

“¿En serio te vas a ir con él? – Susurró Gabriel – Ha podido matar a Arturo él mismo”.

“Seguro que si voy averiguo algo. Confiad en mí”.

“¿No sería más fácil preguntarle a ese tío directamente?” opinó Reik.

“Ni que nos lo fuese a decir” dijo Gabriel.

“Sabía que había cambiado, pero nunca imaginé que lo hubiera hecho hasta este punto…” dijo Peter.

“Arturo no es de los que mueren así como así – dijo Fidel – Seguro que ha malinterpretado las circunstancias”.

“O las ha provocado él – dijo Reik – Todavía no lo sabemos. Jonyo, si ha sido él, dale una buena”.

“Con lo que sea os cuento – fue lo último que dijo antes de marcharse – ¡Hasta la vista!”

Los dos se alejaron caminando. Jonyo mantenía una distancia prudencial. Antes no es que se fiara o se fiara de él, le daba igual, no le conocía, pero después de lo que acababa de escuchar, la balanza de su opinión se había inclinado claramente hacia el lado de la desconfianza.

Cuando les perdieron de vista, el resto de caballeros decidían qué hacer.

“Arturo muerto… Yo no me lo creo” insistió Fidel.

“Si ha muerto, tendría que haber cadáver, pero Shawn venía solo” argumentó Gabriel.

“Ha podido deshacerse de él de muchas formas – dijo Reik – Quemándolo, tirándolo al mar, dejando que lo devoren los animales salvajes… O puede que haya optado por lo más simple. Abandonarlo”.

“Si el cuerpo todavía existe, tenemos que encontrarlo – volvía a incidir Gabriel en el mismo punto – Es la única prueba concluyente de que haya muerto”.

“¿Y la desaparición del rastro de su energía? ¿Y qué te lo hayan dicho expresamente? ¿Eso no cuenta, eh, Gabriel? ¿No cuenta para nada? Fidel, ¿con quién coño has estado entrenando?”

“Yo… No sé qué decir… Conmigo se ha portado bastante bien, dentro de lo que cabe, claro… Pero… Pienso igual que Gabriel, no me creeré que ha muerto hasta que vea su cuerpo, y si lo ha hecho, tendremos que encontrarlo para darle un final digno”.

“A mí también me habéis convencido – dijo Peter – Vamos todos a buscarlo”.

“No, no, Peter – interrumpió el caballero del hielo – Si quieren buscarlo, que vayan ellos, pero tú te vienes conmigo, que tenemos cosas que hacer”.

“¿Qué cosas?” preguntó extrañado.

“¡Que vengas!”

“Vale, vale… – se rindió ante su devastador poder de negociación – Pues en cuanto alguien sepa algo, que avise a los demás”.

Acordaron reunirse de nuevo en el barco pasadas dos horas y se marcharon, separados en las dos parejas. Gabriel y Fidel salieron volando cada uno en una dirección, mientras que Reik, seguido por Peter, caminó tranquilamente hacia el interior de la jungla con un cigarrillo encendido.

Arturo se despertó. Estaba tirado en el suelo en medio de la nada. Sólo sentía frío, mucho frío. Se levantó lentamente y observó el paraje que le rodeaba. Era un extenso yermo que llegaba hasta donde alcanzaba la vista, que no era demasiada distancia, pues el cielo estaba cubierto de nubes negras, llovía con fuerza y hacía mucho viento. Estaba seguro de que era de día, pero la oscuridad le envolvía tanto que le hacía dudar. Intentó dar un paso, pero resbaló y se cayó. Fue entonces cuando descubrió que una capa de hielo recubría el suelo. Los pocos árboles que veía no eran más que ramificaciones de un tronco seco y muerto clavado en tierra árida. De vez en cuando caía un rayo o veía un relámpago entre las nubes, seguido de un trueno a los pocos segundos, y poco después cayó un rayo sobre uno de los árboles secos, carbonizándolo al instante sin que apareciese una pizca de fuego.

“¿Dónde estoy? – Se preguntó – ¿Ya estoy muerto? ¿Acaso esto es lo que llaman infierno?”

“Todavía no estás muerto” escuchó una voz, lo que terminó de aterrorizarle del todo.

“¡¿Quién eres?!” gritó al cielo.

Una pequeña llama blanca apareció frente al caballero. Extendió el brazo para tocarla y pudo comprobar que no quemaba. Emitía una luz tenue, pero era capaz de transmitirle una gran calidez. Sin saber exactamente por qué, sabía que podía conversar con esa pequeña llama.

“¿Quién o qué eres?” volvió a preguntar Arturo.

“Cuando vivía, me llamaban Héctor”.

“¿Héctor? ¿Cuándo vivía? ¿Entonces eres… el espíritu del primer caballero del fuego?”

“Eso es”.

“Entonces sí que estoy muerto…”

“Aún no, pero no te queda mucho tiempo. Tu cuerpo ha sido arrojado al interior del volcán y no tardará mucho en consumirse”.

“¡Es cierto! – Recordó Arturo de repente – Me había olvidado por completo de eso”.

“Como eres el caballero del fuego, tu cuerpo tiene una resistencia mucho mayor a las llamas y por eso sigues con vida. Sin embargo, en tu estado actual, incluso siendo el caballero del fuego actual, sumergirte por completo en el magma acabará con tu vida irremediablemente”.

“Si se supone que estoy en el interior del volcán, ¿qué es este lugar?”

“Este mundo es un reflejo de tu corazón. Una imagen creada a partir de tus sentimientos y tus emociones almacenados en los más profundo de tu ser, y refleja en todo momento tus deseos, tus miedos y tus esperanzas. Se podría decir que este mundo es tu alma reflejada al otro lado de un espejo”.

“Pero… Aquí no hay nada”.

“Debido a que has perdido tus poderes, se ha roto la armonía de los elementos y ahora los demás dominan el planeta. Al no haber fuego, las nubes no se disipan, por lo que no hay luz ni calor. Las plantas no pueden hacer la fotosíntesis, y el agua continua que debería alimentarlas sólo las pudre. La tierra, carente de minerales creados a partir del calor y la presión, no es fértil, y cae a merced del hielo, que asola aprovechando las bajas temperaturas que crea el agua y acentúa el viento. Por último, los rayos, que insuflan energía a aquello que alcanzan, ahora únicamente se dedican a fulminar cada cosa que encuentran en medio de esta tormenta eterna”.

“Pero, ¿y la rosa? Ella también debería estar”.

“¿La rosa? No conozco ese elemento”.

“¿Cómo ha dicho? – pensó el caballero – ¿No conoce la rosa?”

“Todo esto es así aquí porque es como tú te sientes. Al perder tus poderes, sientes que a no vales nada y que tus compañeros te dominan por completo. Has pasado de ser el más poderoso a ser una carga para los demás, de ser el que salva a la gente a ser el que necesita ser salvado”.

“Sí, es cierto. Pero por eso estoy aquí. Quiero recuperar mis poderes y restaurar el equilibro de mi interior”.

“Antes de conseguir eso, debes preguntarte una cosa. Todo este caos, ¿se debe sólo a la pérdida de tus poderes o hay algo más?”

“¿Algo más? No, no hay nada más”.

“¿Estás seguro? Para continuar necesitas ver la verdad auténtica detrás de las verdades. Pregúntate, ¿qué es lo que realmente quieres?”

“Pero, ¡ya te he dicho que no hay nada más! ¡Estoy plenamente convencido de que no hay nada más! ¡Lo único que quiero es recuperar mis fuerzas para luchar, salvar y proteger”.

“Recuerda que este lugar es una parte de ti mismo. Podrás engañar a los demás, pero no puedes engañarte a ti mismo. Si no lo averiguas antes de que tu cuerpo se consuma, morirás. Una vez lo hayas hecho únicamente debes encender tu Llama de la Última Voluntad para conseguir lo que has venido a buscar. Ahora debo irme. Ya no puedo ayudarte más. El resto depende de ti. Mucha suerte, caballero”.

“¡Un momento! ¡¿Llama de la Última Voluntad?! ¡Ni siquiera sé lo qué es eso! ¡Por favor no te vayas! ¡Dímelo!”

“Es muy sencillo – dijo mientras la llama blanca se apagaba lentamente – ¿Cuál es tu última voluntad?”

La llama blanca se consumió, y la luz y la calidez que desprendía se fueron con ella. Arturo volvió a quedarse solo, a merced del viento, la lluvia y los rayos que asolaban aquella tierra helada.

En la superficie, Gabriel rastreaba toda la isla desde el aire en busca del cuerpo de Arturo.

“Por aquí no hay nada…”

En la selva, Fidel hacía lo mismo. Había cazado una manada de cocodrilos y los había destripado buscando el cuerpo de su amigo en el interior.

“Vale, vosotros no os lo habéis comido, ¿dónde busco ahora?”

Mientras tanto, Reik, después de un largo paseo, había encontrado una playa solitaria de arena blanca y grandes rocas sedimentarias de cantos rodados.

“Sí, me gusta este sitio” dijo mientras respiraba el aire puro.

“¿Para qué me has traído aquí? Llevamos media hora caminando” le preguntó Peter.

“Estaba buscando el lugar idóneo para realizar tu entrenamiento” contestó dejando atónito a su compañero.



Curiosidades!!!

El espíritu en forma de llama blanca es la forma que tienen los muertos que no conservan su cuerpo en Dragon Ball, sólo que no he encontrado ninguna imagen ahora mismo, aunque todos sabemos como es xD

Y lo de la Llama de la Última Voluntad, lo pongo la semana que viene para no hacer spoiler.

2 comentarios:

jon dijo...

Bueno no ha estado mal el capitulo, ha estado entretenido pero se me ha ha hecho corto. Aun asi siempre hay ganas todas las semanas de leerse un capitulo. Los fallos de ortografia no te los señalo porque lo he leido en el movil
Un saludo a todos

Arthas dijo...

Bueno, bueno, bueno. Reik entrenando a Peter xD... sin comentarios jajaja. El capitulo se me ha hecho muy corto la verdad =P, pero ha estado muy bien.

"Antes no es que se fiara o se fiara de él, le daba igual, no le conocía"
Creo que sería:

Antes no es que no se fiara o se fiara de él, le daba igual, no le conocía