martes, 23 de octubre de 2007

Episodio LVIII

Hola de nuevo, con un par de días de retraso, pero se me acabaron los apuntes y las nuevas ideas han tardado en surgir. Bueno, esto se acaba, se acaba, es probable que en el próximo las cosas pasen demasiado rápido, ya se acaban los golpes y hay que cerrar la historia, q ganas de acabar ya xD x cierto revisad el correo, tenéis la convocatoria para la firma ^^

Título: N/A

Tamaño: 9

Dedicado a: N/A



Episodio LVIII

L

a onda resultante del Neo Freezing Attack era tres veces el tamaño del caballero. Al ir alejándose la parte que había estado concentrando durante aquellos minutos, Reik continuó enviando energía, ya por un canal más fino, como si de un tubo se tratase. Sin embargo, la parte concentrada y de mayor tamaño tenía capacidad suficiente para destruir cualquier cosa o persona con la que chocase. Arturo, Miss Jewel y el Capitán Lardo, observaban desde el suelo como se iba acercando e iluminando todo con su radiante luz.

“No tengo más remedio, si quiero parar ese ataque, tendré que hacer una onda yo también” dijo Arturo y comenzó a cargar energía entre sus dos manos.

“¡Ja! Alguien como tú no podrá detener a mi más fiel siervo, ¡desiste!” exclamó Miss Jewel.

“Gracias por los ánimos. No recordaba que haciendo esto también salvaba su vida”.

“¡Ja! – rió de nuevo – ¡Ingenuo! Yo no moriría por algo así. Aunque Reik se haya vuelto incontrolable durante unos minutos por un ataque de odio, si estuviera en peligro mi amor me salvaría sin dudarlo. ¡No tengo nada que temer!”

Arturo observó al Capitán Lardo, observando desde la roca los acontecimientos con emoción como un niño viendo una película de la cual no puede prever el final.

“¿Tú crees?”

“Recibe el impacto del ataque y lo comprobaremos. Así mataré dos pájaros de un tiro. Demostraré que tengo razón y además morirás”.

“Lo siento – dijo mientras la energía que concentraba en sus manos se volvía más brillante – pero hoy no tengo ganas de morir, ¡Ha-do-ken!”

El caballero del fuego emitió también una onda de energía directamente contra la de Reik. Tras unos segundos de avance mutuo, ambas chocaron brutalmente, provocándose un colapso de energía cuya presión acentuaba la gravedad del lugar. Debido al retraso del ataque de Arturo y a que su onda era bastante más fina, Reik tenía un mayor terreno ganado y a su vez mayores posibilidades de ganar la confrontación. Sin embargo, aunque en desventaja, Arturo mantenía su posición sin retroceder. No obstante, su cuerpo pagaba la factura de su atrevimiento. Sus pies se hundían en el suelo poco a poco, destruyendo tierra y piedras a su paso, sus músculos estaban en una gran tensión y empezaba a sudar por la frente.

“Payaso – dijo Reik mientras mantenía intacta la fuerza de su onda sin esfuerzo – En un choque de ondas, la posición aérea es la más privilegiada, ya que no se ve afectada por la presión y la gravedad apoya su fuerza, ¡estás acabado!”

Arturo comenzó a flaquear, su onda perdía terreno. Podía notar la presión en todo su cuerpo mientras veía la acumulación de energía de ambos ataques acercarse más y más.

“¡No he llegado hasta ti para dejarte ganar! ¡¡Reik!!”

Un aura blanca rodeó su cuerpo y, tras dar un fuerte grito, aumentó la fuerza de su onda, recuperando terreno hasta equilibrar de nuevo la balanza. En el aire, Reik retrocedió un poco.

“¡No me das miedo!”

La marca de labios en su frente brilló aún con mayor intensidad, otorgándole mayores poderes. Un aura roja recubrió su cuerpo y el suave fulgor rojo de sus ojos pasó a convertirse en el color de su iris. Tras esto él también lanzó un fuerte grito y añadió un mayor potencial energético a su ataque. Sin embargo, únicamente engordó su tamaño, no ganó terreno.

“¡Eso es, Reik! – Exclamaba Miss Jewel animándole – ¡Acaba con él!”

“No es tonto, si aumenta el tamaño de onda pero mantiene la posición, es una forma de ahorrar energía – pensaba el caballero del fuego – De ese modo, la onda cada vez me pesará más y terminaré cayendo por mi cuenta”.

“Esto si que es un buen espectáculo – pensaba el Capitán Lardo observando plácidamente – Dos amigos enfrentándose a muerte. Me alegro mucho de haber venido”.

“Si recibo la onda me matará, y si la esquivo destruirá toda la zona y congelará el resto. Todos los habitantes del pueblo están inconscientes por los alrededores, morirían sin remedio. ¡No puedo perder!”

“Quizás si te transformarás en Super Guerrero podrías vencerme, o quizá no. Puede que con mi poder actual pudiese aplastarte de todas formas”.

“¡No sé como hice aquello, Reik! ¡Y tampoco tengo intención de aprender a controlar esa transformación! ¡Fue cosa del colgante!”

“¡Pero Peter dijo que podríamos hacerlo cualquier sin ayuda de nada, sólo teníamos que hacerlo despertar!”

“¡Pues corre! ¡A mí déjame en paz!”

“¿Cómo? – dijo el Capitán Lardo al escuchar aquella conversación – ¿Super Guerrero?”

Arturo comenzaba a retroceder. Sus fuerzas no habían disminuido, pero la onda de Reik de volvía cada vez más grande, quintuplicando el tamaño de su ejecutor.

“Se está acercando. No tengo más remedio, tendré que probar con eso, ¡y ya! Si se acerca demasiado las consecuencias serás las mismas”.

“¡¿Qué murmuras?! ¡¿Has empezado a delirar?!”

“¿Sabes una cosa, Reik? No eres el único que puede desarrollar técnicas nuevas. ¡A ver que te parece esto!”

La onda de Arturo comenzó a perforar en el interior de la acumulación de energía, entrando poco a poco.

“¿Qué hace?” pensó Reik.

“¡Burst!” exclamó el caballero del fuego a la vez que cerraba el puño.

La onda de Arturo estalló, destruyendo la de su adversario en un millón de pequeños pedazos de energía que se precipitaron por los alrededores como una lluvia dorada. Las ondas de Reik, síntesis de hielo y energía, al perder el contacto con su ejecutor, se fueron desprendiendo de la energía que las componía, transformándose en el medio del cielo en pedazos de hielo que se abalanzaron contra el poblado. La zona no quedó completamente congelada, pero tampoco salió ilesa. Los pedazos de hielo, algunos puntiagudos y mortales y otros más redondeados caían sobre todas las chozas. Las más afortunadas solo tuvieron un cristal roto o un agujero en el techo, otras recibieron múltiples impactos que dejaron las chozas en un lamentable estado, pero en pie, y por último las más desfavorecidas se derrumbaron sin remedio bajo un montón de piedras y hielo. Una de los fragmentos más puntiagudos iba directo hacia Miss Jewel, que se dio cuenta y sonrió confiada.

“¡Mira, caballero! ¡Ahora te demostraré lo que te dije antes!”

Cerró los ojos en espera de que su amado acudiera en su ayuda y, en efecto, pronto notó cómo alguien la empujaba y al instante el pincho de hielo se clavaba en el suelo a tal velocidad que la hubiera atravesado sin remedio. Para su sorpresa, cuando Miss Jewel abrió los ojos no encontró a la persona que esperaba.

“Vaya, caballero, no sabía que tú también me amases. Es un gran alivio saber que una tiene tantos hombres protegiéndola”.

“No te hagas ilusiones – dijo Arturo – Yo no estoy bajo tu influjo. Sólo te he salvado porque te necesito viva. Eres la única persona que sabe cómo hacer regresar a Reik. Si mueres todo nuestro esfuerzo habrá sido en vano”.

“¿Por qué insistes? No hay ninguna forma de que tu amiguito vuelva a ser el que era, por el simple hecho de que ahora es como debe ser. Hubiera preferido que me salvara mi amor, pero nunca está de más ser agarrada por los brazos de un joven”.

“Ese hombre no te hubiera salvado. Por eso lo tuve que hacer yo. Por el momento disfruta, porque en cuanto acabe con Reik iré a por ti” dijo el caballero y voló hacia su contrincante.

“Que modesto, en realidad estaba deseando cogerme. Si es que no se me resiste ninguno…”

Los guardias que custodiaban la choza de la princesa estaban demasiado ocupados intentando retener al caballero de la rosa, por lo que ésta estaba sin vigilancia. Una mano femenina abrió la puerta desde fuera y entró sonriendo.

“Te dije que volvería y aquí estoy. Traigo cierta información interesante sobre…”

Ver a la princesa detuvo su introducción. Estaba en la misma posición que la última vez, pero su estado era totalmente distinto. Estaba bastante pálida, había perdido ese tono rosado que tenía su piel, sus brillantes ojos estaban ahora apagados y por consecuente también lo estaba su mirada. Presentaba claros signos de desnutrición y había perdido peso. Al entrar Mireia, levantó un momento la vista pero la volvió a bajar desanimada.

“¿Ha pasado algo?”

La princesa se quedó callada unos segundos, indecisa. Finalmente, cogió aire para hablar.

“Diez personas han perdido la vida por mi culpa delante de mis ojos. Todo por pasarme de lista”.

“¿Y…?”

“¡¿Y…?! ¿Te parece una tontería? Creo que me he equivocado contigo desde el principio”.

“No me parece una tontería que diez personas hayan perdido la vida. Me parece una tontería tu actitud”.

“Que fácil es ver las cosas desde fuera. ¿Qué me vas a decir ahora? ¿Vas a soltarme un sermón de que me estoy rindiendo, de que tengo que seguir adelante? Esas personas tenían familias que les aguardaban, que les querían, y que nunca les volverán a ver. Y todo por mi culpa, por no haber dado a esa mujer lo que quería. Cuando se pierde la vida ya nada importa, no tienes una segunda oportunidad”.

“Te equivocas – dijo sacando su espada y mostrándosela – De hecho, yo estoy especializada en dar una segunda oportunidad a las personas que mueren”.

De pronto se escuchó un estruendo, Mireia, en un acto reflejo, miró por la ventana. De lejos se veía el enfrentamiento de Arturo y Reik y una extraña lluvia dorada que caía del cielo.

“¡¡¡Al suelo!!!”

“¿Qué pasa?”

Mireia se lanzó sobre la princesa empujándola hacia una esquina justo un segundo antes de que la lluvia de pedazos de hielo arrasara la choza. No tenía ventanas, así que no hubo cristales rotos. No obstante, sí hubo trozos de hielo puntiagudos que atravesaron el techo y las paredes, quedando a escasos centímetros de clavarse en alguna de las dos jóvenes, trozos que tiraron abajo partes de la fachada por completo, pero por suerte, la choza no se derrumbó por completo. Cuando paró el ataque, ambas se quedaron paradas unos segundos, por si acaso, y después se levantaron.

“¡Qué bestias! – Exclamó Mireia enfadada – ¡No tienen cuidado de nada ni de nadie! ¡Estúpidos caballeros!”

“Esto…”

Al llamarle la atención, Mireia recordó donde estaba y volvió a poner los pies en la tierra.

“Perdona, es que a veces me sacan de quicio. ¡Ah, sí! Lo que yo venía a decirte es…” dijo y se acercó a susurrarle algo al oído.

Al escuchar sus palabras, la princesa iba recuperando progresivamente la sonrisa, la alegría y la fuerza de voluntad.

“¿Quieres decir que si… entonces no…? ¿Nunca más?”

“Exacto, siempre que estés en condiciones de volver a hacer lo que me enseñaste la otra vez”.

“No será ningún problema”.

“Pues hala, ¡ve! Tienes algo que hacer. Yo me quedaré por aquí para ver como acaba esto y después me iré. Me acabo de poner perdida con ese derrumbe, no es buena imagen para una mujer”.

“Esto… Gracias. Me voy ya”.

“¡Hasta otra!” exclamó mientras veía irse a la princesa.

Mientras Arturo volaba hacia Reik, podía ver los efectos de la lluvia de hielo sobre la aldea con mayor claridad.

“Si la onda de Reik se hubiera acercado más, puede que destruirla en pedazos hubiera sido inútil, habrían caído en una zona muy concentrada y los resultados hubieran sido desastrosos. Por suerte, pude calcular bien la distancia para que no ocurriera eso y para que el radio fuera lo suficientemente amplio para alcanzar a los guardias que están por los límites de la zona”.

Al contrario, Reik observaba decepcionado cómo había sido frustrado su intento de victoria.

“Lo estás haciendo bien, Arturo. Hacía tiempo que no me divertía tanto”.

Aquel enfrentamiento energético había menguado notablemente las fuerzas de ambos combatientes. Los dos jadeaban de cansancio, pero conservaban las ganas de continuar. Decididos, se lanzaron el uno contra el otro con el puño al frente. Chocaron, y en ese momento se produjo una gran tensión en los músculos de sus brazos. La fuerza con la que golpeaban, añadida al cansancio que soportaban, provocó que los puños se desviaran, acabando por golpearse en la cara mutuamente. Como ninguno se lo esperaba, salieron rechazados hacia atrás dando vueltas en el aire. Rápidamente frenaron en seco, quedándose levitando con el cuerpo al revés. Sin perder un segundo, extendieron los brazos y se lanzaron una onda lo más fuerte que pudieron, apenas del tamaño de sus cabezas. Las ondas llevaban la misma fuerza y al chocar, en vez de producirse un equilibrio como la vez anterior, estallaron. Los dos caballeros estaban demasiado cercanos para evitar la explosión, y ambos salieron afectados. La onda expansiva les alcanzó de lleno, haciendo que se estrellaran contra el suelo al mismo tiempo tras una larga caída.

“Que gran combate – comentaba admirado el Capitán Lardo – lástima que sea el único que lo esté disfrutando. Debería haberme comprado una cámara de vídeo para estas cosas…”

Ya bastante cansado al recibir la última explosión, Reik aún no se daba por vencido y volvió a lanzarse contra su adversario. Arturo hizo lo mismo y esta vez decidió tomar él la iniciativa y atacar con un fuerte puñetazo, sin embargo en el momento del impacto Reik se desvaneció.

“¿Una ilusión?”

Apareció por detrás con la espada desenvainada y, sin que Arturo tuviera tiempo ni de darse la vuelta, se la clavó en la nuca, atravesando todo el cuello y salió por la garganta acompañada de un chorro de sangre.

“¡Ja! ¡Se acabó!”

Arturo se convirtió en fuego y se desvaneció también, calentando un poco a Reik en ambos sentidos.

“¡No! ¡¿Dónde estás?!”

“¡Aquí!” exclamó Arturo, apareció de repente y le dio una patada en la cara.

Reik retrocedió hasta casi caerse, momento que Arturo aprovechó para continuar su ofensiva con una nueva patada, esta vez en el estómago. Para su desgracia, Reik fue más rápido y pudo parar el golpe sujetándole las piernas con los brazos, para después lanzarle por los aires.

“¿Qué? ¿Te han gustado las llamas de mi clon de fuego?” preguntó sonriendo mientras se alejaba en el aire.

“¡Tanto como te van a gustar a ti estos refrescantes hielos!” exclamó y emitió un rayo de hielo contra su oponente.

“Otra vez no, bastante con que me hayas congelado una vez”.

Arturo lanzó un rayo de fuego y al mezclarse ambos elementos se produjo una niebla que cubrió toda la zona. Rápidamente Arturo se detuvo en el aire.

“Creo que no ha sido buena idea”.

“¡No! ¡¿Por qué han tenido que hacer eso?! – exclamó enfadado el Capitán Lardo – ¡Ahora no veo lo que pasa!”

El caballero del fuego observaba a su alrededor en busca de su antiguo compañero, pero lo único que veía era blanco por todas partes. De pronto notó un pequeño corte en el brazo. Intentó atacar hacia ese punto pero no dio a nadie.

“¡Mierda! ¡Ahora sí que la he liado! No veo nada, no sé donde está, pero como estoy volando él si puede detectarme por la energía. Tengo que hacer algo hasta que se despeje la niebla”.

No tardó en notar otros pequeños cortes en distintas partes del cuerpo. De nuevo trató de atacar, pero fue en vano.

“Está jugando conmigo – pensó – será mejor que baje a tierra para poder ocultar también mi energía”.

Dicho y hecho, el caballero descendió hasta el suelo lentamente y al pisar tierra ocultó su energía.

“A ver… ¿dónde está?”

Cerró los ojos para intentar concentrarse, pero todo fue en vano. A los pocos segundos notó un corte a lo largo de toda su espalda y después una patada que lo tiró al suelo. Con algo de esfuerzo y evaluando la herida, consiguió levantarse.

“Sigue sabiendo donde estoy, pero ahora que he ocultado mi energía le cuesta más localizarme, eso explica que el corte no sea muy profundo. Puede que esto me haya salvado la vida. ¡Bien! ¡Ven otra vez! ¡Te estaré esperando!”

Reik le vigilaba, lo suficientemente lejos para permanecer oculto en la niebla y lo suficientemente cerca para no perder el contacto visual.

“Ese corte ha sido un aviso, ahora viene lo mejor. Ha sido divertido, Arturo, ¡ahora despídete!”

El caballero del fuego estaba de pie, concentrado, con los cinco sentidos puestos en su entorno. Cualquier sonido, aroma u objeto que pasase por allí no podía hacerlo sin ser detectado por él. El nuevo ataque no tardó en producirse, en esta ocasión por delante. Arturo notó una sensación fría y metálica irrumpiendo desde su costado y tratando de avanzar para desgarrarle el estómago.

“¡Adiós!” exclamó Reik mientras realizaba su ejecución.

De pronto Reik no pudo seguir cortando. Arturo sujetaba la hoja de su espada con sus propias manos con mucha fuerza, cortándose en toda la zona que estaba en contacto con la espada. Reik lo vio y aumentó la presión, creyendo que su oponente cedería, pero no fue así. A pesar del dolor y de sujetar la hoja de la espada con una sola mano, Arturo no cedió y continuó el forcejeo.

“No sé que intentas con esto, Arturo – dijo Reik fríamente, mientras le miraba a los ojos a escasos centímetros de distancia – Tienes la mano izquierda ensangrentada y medio costado desgarrado, aunque salgas de aquí no podrás hacer nada. Y en el hipotético caso de que estuvieras en perfectas condiciones, no tienes lo que hay que tener para acabar conmigo”.

“¿Qué te hace pensar así?”

“Vamos, no me hagas reír. Durante el combate has tenido varias oportunidades para matarme, oportunidades que has desaprovechado por propia voluntad. No trates de engañarme, dentro de ti sigues pensando una manera de que vuelva a ver como antes, pero se te olvida que mi verdadero yo es el que ves ahora”.

“Tienes razón. Nunca sería capaz de atacar a un amigo, a un compañero con el que he compartido muchas de mis aventuras. Es algo imposible para mí. Pero tú no eres Reik, eres un monstruo sin corazón que no merece otra cosa que la muerte”.

Dicho esto, y aprovechando la escasa distancia que le separaba de su adversario, Arturo asestó un corte vertical a su adversario por todo su lado izquierdo, movimiento que hizo que Reik retrocediera de inmediato y desistiera en su intento. En aquel momento la niebla se disipó y quedaron ambos combatientes heridos, mirándose el uno al otro.

“¡Me he perdido la mejor parte! – Gritaba el Capitán – ¡Esto es jugar con la ilusión de la gente!”

“¡Reik! ¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Estás herido?!” preguntó Miss Jewel terriblemente preocupada.

En aquel momento apareció Gabriel, librándose de una patada del último de los esbirros que le molestaban, y observó la escena.

“Parece que… han terminado”.

“No ha estado mal, Arturo. Tienes lo que hay que tener. El desarrollo del combate ha estado dejando claras secuelas que podían notarse en la fuerza de nuestros ataques. Sin embargo, tu último golpe rebosaba tanta energía como el primero. No creo que pueda continuar”.

Un chorro de sangre salió de su herida y le obligó a apoyar la rodilla en el suelo, dejando caer su espada llena de sangre. Arturo no estaba en mejores condiciones y no tardó en empezar a flaquear. Miss Jewel fue a ayudar a Reik y Gabriel fue a ayudar a Arturo.

“Ey, lo has hecho bien, colega. Te has enfrentado tú sólo a Reik con total sangre fría. Vas a tener que darme unas clases de control emocional”.

“Je, no es para tanto. Ha sido más un arrebato momentáneo que un control continuo. De todas formas no hemos terminado. Yo ya no puedo hacer más, tienes que acabar con esto tú. Utiliza esa rosa ahora, es el momento. No hay guardias, el Capitán Lardo no hará nada y ella está ocupada con Reik. Deja de preocuparte por mí ahora y haz lo que tienes que hacer”.

“¡Sí! ¡Enseguida!”

Miss Jewel no daba crédito a sus ojos. Su mejor guerrero había sido derrotado, sus dos sirvientes más allegados la habían abandonado y su aldea estaba destrozada. Nada podía ir peor.

“Reik… ¡Levántate Reik! ¡Tienes que acabar con ese tipo! ¡¿Es que quieres que me pase algo?! ¡Reik!”

“Lamento no poder continuar, Mi Señora. Le debo tanto a usted, que me ha dado una nueva vida. Pero él tampoco puede hacer nada. Aproveche y huya, por favor”.

Gabriel sacó su rosa amarilla y apuntó a Miss Jewel, decidido a cumplir su misión.

“¡Reik! ¡No te preocupes! ¡Te curaremos! ¡Y después podrás enfrentarte de nuevo a ellos!”

“No se preocupe Mi Señora, nosotros nos encargamos de todo” dijo una voz.

“¿Quién…?”

Miss Jewel volvió la vista y contempló algo que no se esperaba. Su mirada de desesperación se desvaneció en un instante y volvió su sonrisa malvada, que pronto se transformó en una carcajada penetrante que llegaba hasta el más lejano confín del lugar. Todos los subordinados que Gabriel y Arturo habían dejado fuera de combate estaban allí cubriendo la zona, rodeando tanto a Miss Jewel y a Reik como a los dos caballeros.

“Oh, no, se han despertado – dijo Gabriel preocupado – Esto nos pasa por dejarlos con vida. ¿Y ahora qué?”

“¡Mi Señora! – Exclamó el que parecía estar al mando – ¡Le rogamos salga inmediatamente de aquí! ¡Llévese a Reik también! ¡Nosotros nos ocuparemos de ellos mientras tanto!”

“Está bien – dijo mientras ayudaba a Reik a levantarse – ¡No les dejéis con vida, quiero que sus cabezas sirvan como sacrificio al amanecer!”

“¡A sus órdenes!” contestaron a coro.

“Esto se pone interesante” dijo el Capitán Lardo.

2 comentarios:

Jon dijo...

Joder tio me ha vuelto a pasar lo mismo que la otra vez tenia encontrados varios fallos y los habia copiado en el comentario pero le he vuelto a dar y se ha eliminado el comentario cawen la lexe
weno respecto al capitulo ha estado muy bien la pelea y me ha recordado mucho a dragon ball z jejey na felicitarte por el capitulo porque realmente ha estado bien a pesar de que has tenido algun problemilla como ya has dicho al principio de ideas pero que ha quedado muy bien
Un saludo a todos

dani lopez dijo...

Perfecto... simplemente perfecto. Aunque los pipiolos esos q van de mega guays al defender a su señora no tienen nada q hacer contra los caballeros xD