sábado, 1 de septiembre de 2007

Episodio L v2.0

Hola ^^ Mes nuevo, capítulo nuevo xD. A partir de hoy cambian 3 cosas, la primera es que hoy ya es Septiembre, el terrible mes de las recuperaciones y de la puñetera canción de El Corte Inglés "Volver a Empezar" por lo que también terminan mis vacaciones de San Andreas, FFVII, Animal Crossing... etc y el tiempo se repartirá también a favor de esto ^^ Lo segundo es que he tirado mi cuaderno a la basura (bueno lo he dejado en la estantería junto al antiguo). Escribir en el cuaderno estaba bien, pero cuando había tuto, que podía aprovechar en una guardia, ahora no había forma de coger el boli, además era muy duro, había que pensar muy bien lo que escribir, ya que los cuadrados no pueden escribir dos veces, pero en word puedes borrar y corregir a tu antojo, eso sin contar que luego había que pasarlo a word... ^^ Por último decir que rompo por primera vez con la norma que me puse hace 6 meses de no hacer los eps menores de tamaño 10'5, hacerlos obligatoriamente de mayor tamaño a esa cifra lo retrasaba bastante y, al fin y al cabo, voy a tener que contar lo mismo, así que en el fondo no pasa nada. Esto no significa que vaya a volver a hacerlos de 2 páginas y media como al principio xD, la cifra 10 seguirá siendo la medida estándar (que me sirve a mí muy bien para calcular en porcentaje de progreso, una página = 10 %) así que lo único que cambia es que todo va a ir más rápido (q ya toca acabar con esto) En 2 o 3 días el siguiente. Iba a hablar tb de estadísticas porque tocaba un número redondo, pero con este tocho mejor lo dejo ya para el siguiente xD

PD: En el título pone v2 xq se han cambiado el orden de las escenas para que cuadren los saltos de tiempo, por lo que los que ya leísteis la parte de los sacrificios leed normal y cuando aparezca lo saltáis, que hay más abajo, por culpa de ello, el ep puede pareceros corto y aburrido, pero sólo será este, ya que yo ahora descanso un rato y me pongo con el siguiente, que en mi libretita de apuntes espontáneos ya está esquematizado ^^

Título: N/A

Tamaño: 9

Dedicado a: N/A


Episodio


L

a intensidad de la lluvia había llegado a su punto culminante cuando los caballeros se acercaban al pueblo a toda velocidad. Shin estaba muy pálido, temblaba y comenzaban a salirle erupciones por todo el cuerpo. A pesar de todo, continuaba avanzando lo más rápido posible.

“Ya veo la casa de la doctora – susurró mientras le tiritaban los dientes – dejad que me adelante y voy diciendo la contraseña…”

“Tranquilo. Yo sé un método más efectivo”.

Fidel se adelanto, cogió velocidad, retiró un poco la pierna y derribó la puerta de una patada.

“¡¿Quién anda ahí?!” exclamó la doctora sobresaltada con la mano en el corazón.

Al ver a Fidel empapado con un pie sobre la puerta y el caballero del fuego sobre sus brazos pareció tranquilizarse, aunque seguía algo confusa. A los pocos segundos el resto de caballeros aparecieron a su espalda, dejándola de nuevo absorta al ver su estado.

“Enfermera… Por fin me vas a dejar en paz…”

“¿Eh?” ¿Has dicho algo?” preguntó ella, que hasta entonces no se había enterado de nada por llevar puestos los auriculares.

¡¡¡RÁPIDO!!! ¡¡¡Mueve el culo!!! ¡¡¡Necesito cuatro camillas!!! ¡¡¡Dos para observación y dos para la Unidad de Cuidados Intensivos!!! ¡¡¡Y como tardes más de diez segundos te vas a la calle!!!”

“¡A sus órdenes!” exclamó en posición militar y salió corriendo.

“Verás… – comenzó a hablar Peter cabizbajo y con un tono de impotencia – Nosotros…”

“Calma, Peter. Puedo ver lo que ha pasado. Tranquilízate y cura a Jonyo antes de que se desangre también”.

Antes de diez segundos, la enfermera ya estaba ahí con las cuatro camillas, sofocada.

“Aquí estoy, doctora”.

“Bien. Ahora vas a coger dos de esas camillas y te vas a llevar en ellas a la chica y al aquel cadáver medio putrefacto, los vas a dejar en observación y los vas a vigilar cada media hora. Cuando acabes dale a Shin en tratamiento adecuado, no creo que haya nada que explicar, no creo que haya nada que explicar. Y por último quiero que les saques medio litro de sangre a todos y que la analices”.

“¿A todos?”

“¡A TODOS! ¡El muerto incluido!”

“Pero si está medio descompuesto”.

“¡¡¡La que puedas!!! ¡¡¡Y vete ya!!!

“¡Sí!”

Jonyo y Gabriel pusieron a Suso y a Mireia en camillas y la enfermera desapareció con ellos al fondo del pasillo.

“Bien – dijo la doctora dando un suspiro – Mientras yo me ocuparé de evaluar el estado del caballero del fuego. Le mantendré estable, comprobaré sus niveles de hemoglobina y analizaré su grupo sanguíneo. Por favor ponedle sobre la camilla, he de empezar de inmediato.

Fidel le colocó sobre la camilla y la doctora se lo llevó por otro pasillo.

“Por favor – pensó mientras escuchaba el sonido de las ruedas deslizándose frente a sus zapatos – Que no ocurra lo que estoy pensando”.

Nada más desaparecer la doctora, la enfermera reapareció en la sala. Shin ya se había colocado sobre la camilla, lo que agilizó las cosas. Jonyo intentó detenerla pero las prisas y la presión de ser despedida provocaron que hiciera caso omiso del caballero.

“¿Y a mí quién me dice donde está el baño?”

“¿Piensas ir así? Anda, espérate y te curo, después podrás ducharte”.

Los caballeros tomaron asiento en la sala de espera mientras Peter curaba a Jonyo y Arturo y Shin eran supervisados por sus respectivos médicos. La enfermera no tardó en aparecer con varias jeringuillas sobre una bandeja. Llevaba guantes de látex y sujetaba las agujas con expresión malévola.

“Eh, ¿qué vas a hacer con eso?” preguntó Fidel.

“Lo siento, pero tengo que sacaros sangre a todos, es una orden de la doctora”.

“Esto es un centro de salud. ¿No tenéis sangre ya?”

“Sí, pero a parte de que éste es un pueblo pequeño y no tenemos demasiada, nada nos asegura que los tipos sean compatibles con el del caballero del fuego, por lo que debemos cubrir todos los campos”.

“Pues empieza por Shin y los demás, ¿por qué yo?”

“Ya he tomado muestras de sangre del cadáver y de la chica, la doctora se está ocupando de vuestro amigo y el grupo de sanguíneo de Shin ya lo conozco, por lo que no es necesario sacarle para averiguarlo. No obstante, aunque ya está en proceso de recuperación, quitarle sangre sería quitarle temperatura, lo que agravaría su estado”.

“Genial…”

Gabriel sacó una rosa blanca, se clavó en tallo en una vena, y los pétalos se volvieron rojos. Acto seguido, se la entregó a la enfermera.

“Aquí tienes. Una rosa es el mejor regalo para una dama”.

“Gracias” contestó algo asustada.

“Me acaban de curar la herida del brazo y ahora hay que hay que abrirla para sacar sangre. Así no acabamos nunca…”

“No te preocupes, sólo será un pinchazito”.

Una vez tuvo sangre de todos los presentes, se marchó corriendo a examinarla al laboratorio mientras los caballeros sujetaban el pequeño trozo de algodón que ayudaba a cerrar la herida.

“¡En cuanto tenga los resultados o cualquier novedad vendré a informaros!” exclamó mientras se alejaba por el pasillo.

“Rápido, por favor” pensó Peter preocupado.

El repelente olor que desprendían todos aquellos insectos obligó a los presentes a retroceder varios pasos, mientras observaban, mezcla de asustados y con asco, los nuevos poderes del antes amable e inocente pueblerino.

“Que imagen más horrenda” susurró Bill con un pañuelo sobre la nariz.

“Wancho, cariño – dijo Miss Jewel con un tono suave y delicado – Anda, haz el favor de guardar todos esos bichos donde no los vea nadie hasta que tengas que usarlos. Estás asustando a los invitados”.

Sus risas cesaron. Entonces miró a su alrededor y comprendió que su momento había pasado. Acto seguido, hizo que los insectos volvieran bajo tierra y se retiró a su posición inicial.

“Bien, volviendo al tema que nos ocupa, hay un segundo motivo por el que os he reunido aquí, en especial a Vuestra Majestad, la princesa. El capitán Lardo ha venido a visitarnos y hay que darle una recepción adecuada. ¡Saludad, mis siervos!”

“¡Ave, Lardo! ¡Los que van a morir te saludan!” exclamaron todos con el brazo derecho al frente.

“Perfecto ahora demos comienzo a la recepción, que tendrá un exquisito banquete después de que hagamos honor a nuestro invitado. ¿Qué os parece con… diez sacrificios?”

La templanza que hasta ahora reinaba en el rostro de la princesa se rompió en un instante.

“¡Con el debido respeto! – Irrumpió Bill de forma repentina y ofensiva, llegando a intimidar a los siervos de menor rango cercanos – Si ése es el propósito de Vuestra Merced, no creo que sea menester que la princesa se encuentra entre nosotros. ¡Es totalmente innecesario!”

“Nadie te ha pedido tu opinión, Bill” dijo Miss Jewel con firmeza.

“Pero… ¡Mi Señora!”

“¡Silencio! – Gritó enfadada – ¡Una palabra más y serás el primero en servir de homenaje a nuestro invitado especial!”

Él se calló y la miró con recelo.

“¡Adelante! ¡Cualquiera puede participar!” gritó después.

Antes de que a nadie le diera tiempo a gritar de alegría o a buscar un objetivo se escuchó el sonido de una espada al clavarse en un cuerpo. El capitán Lardo había atravesado a uno de los dos siervos que le abanicaban por el pecho. El otro extremo de la espada asomaba por su espalda y la punta goteaba sangre. No contento con haberle inflingido tal dolor, tiró de la empuñadura hacia arriba, cortando todo a su paso, de manera que la parte superior del cuerpo del individuo quedó separada en dos partes simétricas y el suelo lleno de sangre y vísceras.

Este acto repentino despertó la emoción y creó el revuelo entre los presentes, queriendo ser todos el siguiente guerrero que honrara a Su Señora e invitado con un sacrificio. En medio del revuelo una persona chocó accidentalmente con Reik y se giró para disculparse.

“Perdona”.

“No te preocupes, muchacho” contestó amablemente dándole una palmadita en el hombro.

El esbirro se marchó contento, pero pronto se dio cuenta de que algo no iba bien. Había perdido movilidad. Se miró y descubrió que el hombro en el que le había tocado Reik estaba congelado, y no sólo eso, el hielo se estaba extendiendo por su brazo y torso. Se asustó, pero nada pudo hacer para evitar que el hielo le cubriera por completo, convirtiéndose en una estatua. Reik se acercó y la empujó suavemente.

“Perdona”.

La estatua cayó al suelo rompiéndose en varios pedazos que luego Reik fue apartando de una patada.

Afligido por ser el único que aún no había ofrecido un sacrificio a sus superiores, Wancho se ensañó con la primera persona que pasó por su lado. Primero le echó el aliento, la víctima retrocedió tosiendo asfixiada, momento que Wancho aprovechó para poner el culo en pompa y lanzar varios de sus Pedos Atómicos. La víctima aún estaba intentado respirar algo de aire fresco, por lo que no pudo hacer frente a los gaseosos proyectiles que le acechaban, los cuales impactaron sin remedio, explotando en el momento del impacto. La explosión del primer proyectil destrozó los tímpanos del hombre, dejándole completamente sordo. La segunda fue como si una piedra bañada en fuego chocase contra su pecho y los siguientes explotaron casi al mismo tiempo, causándole la muerte instantánea.

Los esbirros sin rango no podían ser menos y un grupo de cinco que estaban casualmente en círculo se abalanzaron sobre un sexto que estaba entre ellos tras hacerse una seña con la mirada. Al no disponer de armas empezaron a darle puñetazos con semejante rapidez que, añadiendo que se trataba de cinco personas, era difícil determinar quien golpeaba en cada momento. El hombre no tardó en caer al suelo sangrando por la nariz y por la boca. Fue entonces cuando comenzaron las patadas. La mayoría se concentraron en el cráneo, aunque, al estar a su alrededor no todos pudieron hacerlo, contentándose con romperle piernas y brazos o aplastándole el pecho y los genitales. La víctima sólo se quejó en los primeros golpes, pero, a pesar de que a los pocos minutos ya sabían que estaba muerto, continuaron golpeándole durante un buen rato más, de manera que cuando se retiraron el cuerpo estaba irreconocible.

Los esbirros creyeron que un único sacrificio por su parte no era suficiente homenaje para el invitado, por lo que se tiraron contra su segundo objetivo, le cogieron en volandas y empezaron a transportarle a algún lugar cercano.

“¡No! ¡Por favor! ¡Soltadme!” suplicaba desesperado.

“Como quieras” dijo alguien.

Todos soltaron el cuerpo y éste cayó sobre un agujero al que le habían llevado sus ejecutores. Al fondo había una gran cantidad de enormes pinchos puntiagudos sobre los que cayó el individuo. Uno le atravesó el hombro, otro el codo del brazo contrario, tres el pecho, de los cuales uno de ellos el corazón y un pulmón, otro el otro pulmón y el último el estómago, otro una rodilla y otros dos la pierna contraria, muriendo al instante.

Estaba el Capitán Lardo disfrutando del homenaje hacia su persona cuando advirtió que cerca de donde se encontraba había una enorme piedra. Se levantó de su hamaca sin que nadie le viera, cogió la piedra y la lanzó hacia el cielo en dirección al cúmulo de gente. El tamaño de la piedra provocó que el lanzamiento fuera demasiado vistoso y, guiándose por la sombra de la enorme roca, todos empezaron a alejarse de su área de alcance. Fue la rapidez y agudeza de Miss Jewel la que salvó la situación. Se quitó sus pendientes de aro y los lanzó contra unos de los cobardes que trataban de huir de su destino. Los pendientes pasaron rozando los tobillos del elegido, asestando un corte en los tendones e impidiéndole andar. Él cayó al suelo y trató de arrastrarse, mientras veía que la sombra de la enorme roca le cubría completamente. Pese a todos sus esfuerzos, la roca lo aplastó sin remedio cubriéndola completamente, de manera que no se pudo saber en que estado había quedado el cuerpo.

“Va siendo hora de probar mis nuevos poderes”.

Movió las dos manos de abajo a arriba y una jauría de cucarachas comenzó a surgir del subsuelo por las pequeñas grietas causadas por la erosión de la tierra. Todo el mundo huyó despavorido. En medio del caos, una persona tropezó con una piedra, dando tiempo de huir a los demás. Al levantarse estaba solo y completamente rodeado por las cucarachas.

“Adelante queridas mías, tendréis hambre”.

Las cucarachas fueron cerrando el círculo lentamente para que la víctima se desesperara poco a poco. Los espectadores disfrutaban viendo sufrir al futuro sacrificado. Al fin, las cucarachas alcanzaron los pies del hombre y empezaron a devorar su carne. Sin prisa pero sin pausa, fueron avanzando desde abajo a medida que se quedaban satisfechas de probar aquella zona. Según avanzaban, nuevas cucarachas cubrían los puestos que dejaban sus compañeros, por lo que no podía verse en que estado estaba quedando el cuerpo. Al ver que las cucarachas llegaban a su rostro, la víctima gritó y en ese instante varios especimenes le entraron por la boca, aprovechando para devorarle también las entrañas. Al entrar, lo primero que devoraron fue las cuerdas vocales, de manera que los gritos cesaron, e inmediatamente se pusieron con las paredes del esófago, abriéndose paso hacia los pulmones y el corazón. Poco después, su cuerpo estaba ya completamente recubierto por las cucarachas. Durante unos minutos sólo se escuchaba el sonido de los diminutos mordiscos de aquel rebaño de insectos al devorar la carne. De pronto ese sonido cambió por uno totalmente distinto, parecía que habían dado con algo duro, y en ese momento las cucarachas se dispersaron penetrando de nuevo en la tierra. Lo único que quedaba era el esqueleto de la víctima tirado en el suelo sin ningún resto orgánico por alrededor. Ni ojos, ni cabellos, ni piel. No quedaba un solo resto de materia orgánica sobre su estructura ósea.

“Jijiji, jejeje – comenzó a reír gradualmente – jajaja, JAJAJA, WAJAJA, ¡¡¡WAJAJAJAJA!!! ¡¡¡Me encanta!!! ¡¡¡Me encanta matar!!! ¡¡¡Quiero mááááááás!!!”

Descontrolado, Wancho recubrió su brazo derecho con escarabajos y propinó un tremendo puñetazo al primero que se cruzó en su camino, enviándolo directo al cielo.

“Las alas delanteras de los escarabajos se han transformado con siglos de evolución en duros escudos que protegen sus cuerpos – pensó Bill mientras observaba la altura que había cogido el siguiente elegido – Recubriendo su brazo con ese tipo de bichos ha conseguido dar un golpe semejante sin que queden aplastados por el impacto. No imaginaba que un puñado de seres de tan baja categoría pudieran resultar tan útiles”.

“¡¡¡WAJAJAJAJA!!! ¡¡¡Servirás de desayuno para mis insectos voladores!!!”

“No tan deprisa. Se te está subiendo el poder a la cabeza. Es hora de bajarte los humos”.

Reik observaba al cielo con una lanza de hielo en la mano, buscando el momento idóneo para atacar.

“¡¡¡No!!! ¡¡¡Es mío!!!”

Haciendo caso omiso de lo que decía su compañero, lanzó la puntiaguda vara que tenía en sus manos con tal precisión que entró por el recto de la víctima y atravesó todo su cuerpo de sur a norte hasta salir por la boca, quedando perfectamente empalado. Acto seguido, la lanza se clavó en el suelo y se volvió completamente roja de la cantidad de sangre que de allí salía.

“Serás… me lo has quitado”.

“Tranquilo, chico. Recuerda que aún quedan dos”.

Extendió el brazo y, mientras cargaba una onda de energía, le hizo una seña a Wancho y al Capitán Lardo. Los tres se sonrieron mutuamente y al momento lanzaron cada uno una onda de energía hacia el frente. Los tres ataques coincidieron sobre uno de los esbirros, cuyo cuerpo se desintegró al instante con la fuerza de las tres ondas.

“Muy bien – dijo Miss Jewel agarrando una antorcha que había a su derecha – Yo pondré fin a todo esto”.

Lanzó la antorcha de cabeza contra el gentío y cayó sobre uno de los esbirros. El fuego se extendió rápidamente gracias al tejido de sus ropas y en un momento estaba correteando por ahí envuelto en llamas buscando un charco al que arrojarse. Los otros esbirros le cerraban el paso e incluso le empujaban si trataba de huir por la fuerza. Viendo que no tenía escapatoria, se tiró al suelo y empezó a rodar para apagar el fuego, pero ya era demasiado tarde. Sus movimientos cesaron y quedó tirado en el suelo emitiendo una columna de humo hacia el cielo.

“Aseguraos de que no quede ningún rastro de los cadáveres, ¡quemadlos todos! No vaya a ser que aparezca de nuevo esa chica…”

Con el primer sacrificio, la princesa entró en estado de shock. Con el segundo, sus ojos se recubrieron de lágrimas, pero aguantó serena mordiéndose fuertemente el labio. Con el tercero estalló lanzando un grito desesperado y rompió a llorar. Finalmente, tras ver en el cuarto y quinto cómo sus propios vecinos se mataban unos a otros, cayó desmayada.

“Espero que ahora reconsideréis vuestra posición, princesa” pensó Miss Jewel mientras sonreía plácidamente.

Una gota cayó sobre su mejilla y le corrió el maquillaje. Horrorizada, se tapó la cara para que nadie la viera mientras lo corregía.

“¡Vamos! ¡Llevad a la princesa a sus aposentos y haced lo que os he dicho! ¡¿A qué esperáis?!”

Todos se pusieron en movimiento con rapidez, para que la lluvia no impidiese incinerar los cuerpos. Todos menos uno. Bill se mantuvo en la misma posición que había estado durante todo el homenaje, observando, sin mover un solo dedo, mientras la lluvia comenzaba a hacerse notar.

“Vaya – dijo Miss Jewel con intenciones deshonestas – ¿cómo que no has matado a nadie?”

“No quería mancharme” contestó y se marchó a su choza sin dirigirle la mirada.

Shin apareció por la puerta de la sala de espera envuelto en mantas, tiritando y con una estufa bajo el brazo. Tras enchufarla y ponerse cómodo sus temblores comenzaron a cesar.

“Ya estás mejor, ¿Shin?” preguntó Gabriel.

“Sí, esto no es nada para mí. Rutina, en un rato estoy como nuevo. Me preocupa más el estado de Arturo”.

La doctora apareció por la puerta en ese momento con una terrible expresión de ansiedad pasándose la mano por la cara.

“Dinos, – se lanzó Fidel nada más verla – ¿Cómo está?”

“No voy a engañaros. Se está muriendo. Ha perdido demasiada sangre y su corazón late cada vez más despacio. Por mucho que intentemos, continuará así hasta morir”.

“¿Y lo de la transfusión?”

La doctora no contestó.

“¡Responde!” insistió el caballero de la tierra.

“La transfusión habría sido una solución, pero ha ocurrido lo que más temía. Su grupo sanguíneo es del Grupo Cero con el factor Rh negativo. Es un tipo de sangre algo raro que puede donar a todos los demás, pero que sólo acepta de su mismo tipo. Por suerte o por desgracia, en este pequeño pueblo no hay nadie con este grupo sanguíneo, por lo que nunca la hemos necesitado. Es cierto que alguna vez hemos tenido un poco, pero la sangre sólo es viable durante los 43 siguientes a su extracción. La poca que nos llegaba siempre caducaba, así que dejamos de pedirla”.

“¿Y nosotros? ¿No nos ha sacado sangre? ¿Tampoco sirve?” preguntó Jonyo.

“Acabo de explicarle la situación a la enfermera. Le he preguntado si alguno de vosotros tenía sangre compatible, pero me ha dicho que hasta el momento no, y apenas le quedan dos muestras por examinar. No es por ser pesimistas, pero a los médicos se nos obliga a ser realistas. Si habéis venido siete personas y cinco no lo son, es muy poco probable que alguno de los dos restantes lo sea”.

“¿Y qué pasaría si le pones sangre de otro tipo? Al fin y al cabo, sigue siendo sangre”.

“Me temo que no es tan sencillo. Fidel. Si la sangre no es compatible, el organismo lo identifica como un intruso, genera anticuerpos e intenta eliminarla. Estaría muerto nada más recibirla. Muy a mi pesar, ahora sólo queda esperar”.

Tras unos minutos de tensión, la enfermera apareció de repente y abrió la puerta de un golpe tan fuerte que estuvo a punto de romperla contra la pared de la emoción.

“¡Ya tengo los resultados de los últimos análisis!”

“Adelante, no nos tengas en ascuas” dijo Fidel.

Wancho rondaba por las distintas chozas del campamento de Miss Jewel aprovechando que con la lluvia nadie estaba por allí. Tras deambular un rato algo perdido, entró en una choza que estaba perfectamente limpia y ordenada, cosa que chocó con naturaleza del pequeño visitante.

“¿Qué haces aquí, Wancho? Vas a ensuciarme la choza”.

“Cálmate, no tengo la intención de quedarme demasiado tiempo. Verás Bill, había pensado que como en la fiesta tú no has sacrificado a nadie y a mí me han cortado el rollo en el mejor momento, tal vez te apetecería que fuéramos al pueblo de caza para desahogarnos”.

“No, gracias. Tengo cosas que hacer”

“No digas tonterías. Tú estás resentido por lo que le han hecho a la princesa esta mañana. Lo que te hace falta es salir para pasarlo bien y se te pasa. Entre tú y yo, a mí tampoco me gusta ese tipo nuevo que acaba de entrar a formar parte del séquito de Nuestra Señora, aquél que dicen que era un caballero. Parece que se cree mejor que nosotros. Si tú y yo saliéramos a matar a alguno de esos tipos o capturásemos a Shin y obtuviéramos la fórmula de la eterna juventud para Nuestra Señora, nuestra posición cambiaría y le cerraríamos el pico a ese engreído, ¿qué me dices?”

Bill se quedó pensativo unos segundos y después sonrió.

“Está bien, ¡vamos!”

“Jejeje, sabía que te apuntarías. Ya verás como te sienta bien”.

“No he dicho que vayamos a ir juntos. He dicho que vamos, pero cada uno irá por su lado. Es hora de terminar con esta tontería” dijo y se marchó a través de la lluvia.

“Bueno, pues si ligo serán todas para mí” pensó Wancho en voz alta y se fue también.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

mu xulo pero siempre cortas lo mejor.wancho

Jon dijo...

claro a si nos deja con la intriga eso pasa siempre pero weno ruben ha dicho que sacaria el proximo en unos 3 dias a si que bien por cierto hay fallos ortograficos y hay una frase que la repites dos veces y como tu dices se me ha hecho corto porque ya habia leido la otra parte pero weno esta bien
Un saludo a todos

Jon dijo...

Cuando acabes dale a Shin en tratamiento adecuado, no creo que haya nada que explicar, no creo que haya nada que explicar
(esta es la frase repetida)
Ahora vas a coger dos de esas camillas y te vas a llevar en ellas a la chica y al aquel cadáver medio putrefacto, los vas a dejar en observación (a en vez de al)
Gabriel sacó una rosa blanca, se clavó en tallo en una vena,(un tallo en ves de en tallo)
y creo que ya
Un saludo a todos

Mana_Rubén dijo...

Corregido, Gracias ^^

dani lopez dijo...

Muy corto, pero muy buen episodio!!!