lunes, 8 de octubre de 2007

Episodio LVI

Hola, perdonad por este día de retraso, pero no sabéis lo que cansa pasarse el Monkey Island II por la mañana y el Sparking Meteor por la tarde xD pero bueno, para mi fortuna o desgracia, no me quedan juegos de PC a los que jugar (que no requieran el botón derecho del ratón) y como no me rula, pues no puedo seguir, así que podré volver a dedicar tiempo a esto, que a ver si se acaba ya!!!! que llevo casi 220 páginas y el otro tenía sólo 178. De todas formas, el retraso está compensado en el tamaño, xq se me han ocurrido más cosas. En fin, ahí va.

Título: The Diamond Dust Rebellion

Tamaño: 10

Dedicado a: N/A


Episodio LVI

S

obre las ruinas de la choza de Miss Jewel y con un cigarro apagado en la boca, Reik rebosaba emoción, su marca de labios brillaba sin cesar, esperando el momento oportuno para atacar.

“¡¿Qué demonios estás haciendo?! – Gritó Miss Jewel – ¡Mátalos de una vez!”

A pesar de las órdenes de la mujer, Reik se mantenía en posición.

“Nos está esperando” dijo Arturo.

“¿Cómo?”

“Sí, a pesar de estar controlado por Miss Jewel, no ha perdido sus principios de caballero. No nos atacará hasta que nosotros estemos también en posición”.

“Pues no le hagamos esperar más, se ve que está ansioso por empezar”.

Arturo y Gabriel se colocaron en posición. Reik comprendió la señal y comenzó.

“¡Diamond Dust!” exclamó.

Una ventisca heladora surgió de Reik, avanzando hasta los dos caballeros. Gabriel esquivó la ráfaga saltando en otra dirección, pero Arturo se quedó donde estaba.

“¡¿Qué haces?! ¡¿Es que no conoces este ataque?! Parece una ráfaga de viento helado inofensiva, pero en ella se esconden minúsculos trocitos de hielo tan pequeños como las caras de un diamante tallado que se van acumulando sobre tu cuerpo hasta congelarte, por eso se llama Polvo de Diamantes. Hazme caso y sal de ahí”.

Entre tanto, Miss Jewel estaba dentro de la zona de alcance del ataque, animando a Reik desesperadamente y al borde de un ataque de nervios.

“Eso es… ¡acaba con ellos! ¡Conviértelos en estatuas de hielo para que me rindan homenaje!”

El pequeño grupo de subordinados que quedaba se lanzó a por ella y la sacó de allí por la fuerza.

“Mi Señora, tiene que salir de aquí, es peligroso”.

“¡Dejadme en paz! ¡Inútiles! ¡Deberíais aprender de él!”

De acuerdo con la predicción de Gabriel, pequeños cristales de hielo comenzaron a aparecer sobre el cuerpo de Arturo, aumentando de tamaño, expandiéndose hasta juntarse en un único cristal que recubrió todo su cuerpo, convirtiéndolo en una estatua de hielo.

“¡Ves! ¡Te lo dije!” exclamó Gabriel desde la retaguardia.

“Ya tengo a uno – dijo Reik sonriendo – Ha sido muy fácil”.

Avanzó hacia Arturo con intención de romper su estatua en mil pedazos. Mientras se acercaba vio como la cobertura de hielo empezaba a agrietarse, por lo que aumentó la velocidad. Desgraciadamente, Arturo hizo estallar la carcasa de hielo en mil pedazos con una llamarada desde dentro, quedando apenas unos tristes trozos por sus castaños cabellos. Reik intentó frenar, pero la velocidad adquirida era demasiada como para reducirla en tan poco espacio, por lo que vio como el caballero del fuego sonreía al verle acercarse.

“Si pretendes derrotar al caballero del fuego con hielo, me has decepcionado, Reik”.

Aprovechando que Reik venía hacia él y era un blanco fácil, le dio un puñetazo en el estómago que lo frenó en seco y, cubriendo el otro puño con unas suaves llamas, le dio un flamante golpe en la barbilla que hasta le encendió el cigarro. El golpe lo elevó por los aires, pero el caballero dio una voltereta hacia atrás en el aire y cayó de pie.

“Gracias” dijo echando una calada al cigarro.

“No hay de que”.

“Me parece que yo aquí sobro…” dijo Gabriel.

Shin respiraba con notable esfuerzo, sus movimientos eran cada vez más lentos y empezaba a dejar de sentir su torso.

“Lo notas, ¿verdad? No te llega el aire. Es normal, te he atravesado un pulmón. Cuando tratas de respirar con los pulmones perforados estos no se expanden y dejas de respirar, creando una dolorosa agonía que acaba en muerte por asfixia. Pero no te preocupes, es posible de que antes de que llegue ese momento ya hayas muerto por hemorragia interna”.

Shin intentó un par de débiles de golpes que fueron evitados con suma facilidad. Desesperado, cerró los ojos y dio un puñetazo al frente, acertando en su enemigo, creyéndose por un momento afortunado de dar en el blanco, fortuna que desapareció cuando escuchó el sonido metálico de la férrea defensa de su rival, descubriendo que lo único que había conseguido era hacerse daño en el puño.

“Si no eres capaz de dejar las manos quietas, te las pararé yo”.

Con dos certeros golpes a ambos lados del codo, el brazo entero de Shin comenzó a ponerse rojo, a mucha mayor velocidad que su pecho, el cual se iba enrojeciendo poco a poco. A los pocos segundos del impacto, Shin ya era incapaz de moverlo.

“Veo que no pierdes el tiempo, ¿eh?” dijo Shin ente hondas respiraciones.

“Te quedan menos de dos minutos”.

Sin ninguna intención de rendirse, Shin propinó un tremendo cabezazo a su adversario en medio de su rostro, consiguiendo romperle las lentes de las gafas en cientos de pedazos, doblándole la montura y haciéndose ambos una herida en la frente.

“Ah… no esperaba un golpe como ese. No suelo activar el Muro de Hierro en la cabeza porque es malo para la piel, por eso has conseguido golpearme, no te hagas ilusiones con la victoria. Además, tú también has salido herido”.

“Je, no creas que pretendo ganarte con un golpe tan simple, únicamente era para dar una vía de escape a la sangre que tus técnica contiene en mi interior, así recuperaré la movilidad. Y si nunca activas tu defensa en tu rostro, tenlo en cuenta para la próxima vez”.

“Con esa tontería sólo ganarás otro par de minutos, no cambiará el resultado final. Y tengo una mala noticia para ti, ¡no habrá una próxima vez! No sólo me has ensuciado con mi propia sangre, lo cual ya me parece lo bastante asqueroso, ¡sino que también has cometido la osadía de mancharme con la tuya! ¡Pagarás por ello!”

Sin dilación ninguna, Bill asestó otro par de certeros golpes a cada una de las piernas de Shin, que comenzaron a ponerse rojas al instante. Shin se tambaleó un poco, caminó buscando un árbol mientras aún podía controlar sus pies, pero en medio de la arena de la playa no había ningún sitio en el que apoyarse.

“¡Cae de una vez!”

A modo de golpe de gracia, con gran soltura y elegancia, Bill tiró de una patada en la cara a su adversario, que cayó sobre la arena boca arriba, ya sin poder moverse.

“Tu pecho, tus dos piernas y uno de tus brazos han caído bajo los efectos de mi técnica.

Tu último brazo sufrió los efectos secundarios de tu Corte al Límite y está totalmente debilitado. No puedes hacer nada para ganar. Tampoco tiene sentido dejarte ahí sufriendo. Yo he recibido una educación, y como amigos que fuimos en el pasado, lo menos que puedo hacer es darte una muerte digna. Sin rencores…”

Bill se preparaba para dar el golpe final a su adversario, cuando vio que éste sonreía.

“¿Qué te ocurre? ¿Es que morir te hace gracia?”

“No… – susurró desde el suelo – Es que voy a ganar”.

“¿Cómo?”

“¡Has tenido un fallo! ¡Me has dejado un brazo! ¡Corte al Límite!”

“¡No! ¡A esta distancia no puedo esquivarlo!”

En un acto reflejo, uso sus brazos para cubrirse, pero no pudo evitar que la técnica de Shin le diera de lleno. Su defensa férrea enfrentada con la onda de choque del ataque provocó un aluvión de chispas que cegaron a ambos combatientes. La fuerza del Corte al Límite era demasiado potente como para retenerla con los brazos, por lo que no tardaron ser rechazados, avanzando al ataque hasta el cuerpo. Ahí las chispas comenzaron de nuevo. El Muro de Hierro impidió que fuera cortado por la mitad, pero no pudo librarse de una herida bastante profunda a lo largo de todo el pecho. Por otro lado, aunque oponía toda la resistencia posible al ataque, éste le fue empujando hacia atrás hasta tirarle al mar, donde se sumergió sin dejar rastro.

Realizar aquella técnica de nuevo, le costó a Shin su último brazo, el brusco y veloz movimiento de su brazo hizo que la sangre se colapsara en las venas de la mano, inflándolas hasta reventar, e inundando de sangre toda la zona por el interior. Tras ello, se quedó tumbado en la arena sin poder hacer nada.

“No puedo mover ninguna parte de mi cuerpo. Con sólo un pulmón pronto no podré respirar. Al menos, con el cuerpo lleno de sangre por dentro, no pasaré frío, así que la alergia no aparecerá para hacerme sufrir más. No me arrepiento de nada. He obrado como debía, lo único que lamento es no poder pasar los últimos momentos con los míos, y con la princesa. Caballeros, os dejo el resto a vosotros, no dejéis triunfar a Miss Jewel”.

El sonido de un chapoteo en el agua interrumpió su monólogo. En un instante pasó del mayor momento de gloria de su vida a la más absoluta de las miserias. Muerto de miedo, intentó levantar la cabeza, que era lo único que aún parecía obedecerle, para ver lo que pasaba.

“No… No puede ser… Él… Él ha…”

El abominable ser creado por Wancho atacaba sin cesar al caballero de la tierra, que huía de un lado para otro como un pájaro asustado.

“¡¿Quieres que te eche una mano?! – exclamó Jonyo desde el árbol mientras observaba el espectáculo – Con chasquear los dedos todo tu sufrimiento acabará como si fuera la chispa, nunca mejor dicho, de la vida, jajaja”.

“¿Qué? ¿Te diviertes? Para tu información, puedo perfectamente con este tipo yo sólo, ¡mira!”

El monstruo de bichos estaba delante de él, levantando su pie con intención de darle un pisotón. Fidel cargó una onda de energía y la proyectó contra el pie cuando intentaron aplastarle, desintegrándola por completo, quedando el monstruo cojo.

“¿No te dije que era inútil?” dijo Wancho.

Otro montón de cucarachas, escarabajos e insectos de todo tipo suplieron a los caídos en combate y el monstruo fue recuperando su pierna desintegrada.

“Así no vamos a ninguna parte… No quería hacerlo, pero tendré que utiliza la nueva técnica que he estado entrenando estos días”.

“¿Nueva técnica? – Pensó Jonyo interesado – Eso suena bien”.

“¡Aquí voy! – Exclamó – ¡Caos Granítico!”

La tierra comenzó a temblar por los alrededores del caballero mientras él mantenía una suave sonrisa. El suelo comenzó a abrirse por varias zonas y unas enormes rocas emergieron del mismo y se juntaron en un mismo cuerpo. Una gran roca redonda sirvió de tronco, cuatro rocas enormes y alargadas sirvieron de extremidades, una roca redonda más pequeña se colocó en el extremo de cada extremidad, y una última roca redonda, un poco más grande que las anteriores, se colocó como cabeza. El caballero dio un salto y se posó en lo más alto de su creación.

“Te presento… ¡a mi monstruo de granito, una de las mejores rocas volcánicas!”

“¿Y esa es tu nueva técnica? – pensó Jonyo – Pero si has hecho lo mismo que él…”

“Ahora lucharemos al mismo nivel, ¡en guardia!”

“¿Qué piensas hacer con eso?”

“¡Pienso hacer esto!”

El caballero dio orden a su monstruo de piedra de asestar un fuerte puñetazo a la cabeza del monstruo. Los bichos que la formaban salieron disparados en todas direcciones y los restos de los que murieron con el impacto se quedaron pegados en la piedra. Después dio otro puñetazo al centro del monstruo, donde Wancho asomaba su cabeza. La enorme piedra penetró entre la maraña de insectos, empujando tras de sí al pueblerino hasta sacarlo de la estructura y finalmente estrellarlo contra un árbol. Al caer Wancho, su bestia también se desmoronó, llenando todo el suelo de bichos, como si de un mar negro se tratase.

“Por muy fuerte y poderosa que sea una técnica, si el que la ejecuta cae, la técnica lo hace también”.

“Entonces… – dijo Wancho en el suelo mientras escupía sangre y se observaba, cubierto con los restos de los insectos que murieron con el primer puñetazo – me aprovecharé de la tuya”.

Los insectos volvieron a arrejuntarse, esta vez alrededor del monstruo de piedra de Fidel. Fueron subiendo de abajo a arriba, sin dejar un solo espacio por el que se pudiera ver el granito. Al llegar a la roca que simulaba la cabeza, Fidel tuvo que saltar para que los insectos no le engulleran a él y pisó el suelo de nuevo.

“¿Por qué has hecho eso? Los insectos no son capaces de devorar las rocas. Además, el Caos Granítico no fue creado con el fin de crear un monstruo de piedra. Es mucho más sencillo”.

“¿Ah, sí? ¿Y para qué lo hiciste?”

El caballero chasqueó los dedos y la roca que servía de puño del ser de piedra se desprendió del cuerpo, proyectándose contra el pueblerino. A pesar de ser de las más pequeñas, tenía el mismo tamaño que el hombre, y le estrelló de nuevo contra el árbol. Los insectos que recubrían la cara del choque murieron con el impacto, escuchando Wancho sus gritos de dolor antes de morir e impregnándose, una vez más, de sus restos mortales, lo que agravaba su desesperación.

“¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOO!!!!!!! ¡¡¡Lo has hecho a propósito!!! ¡¡¡Has matado a mis queridos bichos estrellándolos contra mi cuerpo!!!”

Fidel hizo varios movimientos con las manos y esta vez todas las rocas que formaban su monstruo se separaron y fueron a por Wancho una tras otra. Él no dudó un segundo y las fue esquivando, al ser tan grandes, tenían poca velocidad y era capaz de evitarlas con facilidad, pero cuando chocaron contra el suelo los insectos que las recubrían fueron aplastados sin remedio.

“Ahora no me eches a mí la culpa de su muerte. Has sido tú quien se ha apartado dejándoles morir”.

Wancho observó sus cuerpos. Un escarabajo todavía movía una pata, que fue deteniéndose poco a poco hasta quedarse quieta. Las piedras pequeñas que servían de extremidades se levantaron del suelo mientras Wancho lloraba la muerte de su pequeño ejército. Una de ellas se abalanzó sobre él por detrás dándole un fuerte golpe en la espalda. Acto seguido, vino otra por delante chocando de lleno en su barbilla. Las dos últimas se precipitaron hacia él a la vez, pero Wancho ya las había visto, saltó un segundo antes del impacto y las dos rocas se rompieron en decenas de pedazos al chocar. Al igual que en los anteriores ataques, los que de verdad sufrieron el golpe fueron los insectos que los recubrían, pareciendo más ya aquella zona un cementerio de insectos que un campo de batalla.

“Vaya, he fallado el último.” pensó Fidel.

A pesar de todos los golpes recibidos, Wancho se levantó de nuevo.

“¿Cómo puede moverse después de semejantes golpes? Sólo su determinación lo mantiene en pie”.

“No… no voy a perder. Te derrotaré, te mataré, ¡y llevaré tu cabeza a Mi Señora en una bandeja de plata!”

Fidel, harto de aquella batalla sin sentido, bajó la guardia.

“Mírate. No dejas de echar sangre por la boca, estás cubierto por los restos de tus propios insectos, que usabas para atacar. Tienes golpes, magulladuras y arañazos por todo el cuerpo, estás temblando y apenas te tienes en pie. Y todo por esa mujer a la que llamas Mi Señora. ¿No deberías pensar un poco en ti mismo?”

Wancho se observó. La descripción del caballero no podía ser más exacta. Por un momento, la marca de labios de su frente perdió brillo y el fulgor de sus ojos bajó. Había estado arriesgando su vida por una persona a la que no le importaba lo más mínimo, que le repudiaba, utilizaba y humillaba cuando le venía en gana.

“Ti-tienes razón. Ven aquí y démonos la mano”.

“Así me gusta”.

Fidel avanzó hacia su, hasta entonces oponente y le extendió el brazo en señal de amistad. Wancho dudó unos segundos y finalmente le estrechó la mano al caballero.

“¿Ves? Nunca es tarde para tomar el camino correcto”.

Jonyo observaba la escena boqui abierto desde su nueva posición.

“¿Qué? ¿Ya? Será broma, ¿no? Vaya puta mierda de final”.

Fidel, orgulloso de haber enderezado a un subordinado de Miss Jewel, escuchó de pronto unos leves gemidos. Wancho mantenía la cabeza baja, la diferencia de alturas impedía al caballero observar lo que lo ocurría, pues Fidel era bastante alto y su nuevo amigo algo bajito.

“¿Qué te ocurre? ¿Te has emocionado?”

“Sí, nunca imaginé que hubiera alguien tan ingenuo”.

“¡¿Qué?!”

Wancho levantó la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja, el fulgor de sus ojos y el brillo de los labios en su frente habían recuperado el tono habitual. Fidel intentó soltar su mano, pues aún perduraba el estrechón, pero su oponente le mantenía en el sitio con todas sus fuerzas.

“¿Dónde vas? ¿Tienes prisa? ¡Wajajaja!”

“¡Suéltame!”

“¡Ah bueno! – Exclamó Jonyo – Esto está mejor”.

Mientras Wancho mantenía fijo al caballero, un montón de arañas empezaron a corretear por su cuerpo tejiendo una tela tras de sí. A pesar de los esfuerzos del caballero por liberarse, cuanto más empeño ponía en conseguir su libertad, más difícil le era conseguirlo. Al cabo de unos minutos estaba envuelto en una tela de araña y no podía mover ni un brazo.

“Jijijijiji, ahora voy a devolverte todo el daño que me has hecho. Te he estado observando, y para dirigir las piedras tienes que usar las manos, no te vale con la mente, por lo que por muy caballero de la tierra que seas, si no puedes moverte, estás bajo mi control”.

“¡Maldito! ¡Yo he confiado en ti! ¡Te he ofrecido mi amistad!”

“La única persona en quien confío es en Mi Señora. No necesito a nadie más. Y si para cumplir sus deseos tengo que poner mi vida en juego, ¡lo haré!”

“¿Pero es que no te das cuenta de que para Miss Jewel no eres más que un peón sacrificable? ¡Si murieras no le importaría lo más mínimo!”.

“¡Es suficiente!”

Wancho propinó un puñetazo a Fidel en la boca para hacerle callar. Sin embargo, nada más lo retiró el caballero continuó con su insistencia.

“¡Reacciona! ¡No te mereces esto!”

“¡Todo lo que digas es inútil!”

Visto que el caballero no había tenido suficiente con un solo golpe, Wancho comenzó a darle puñetazos en la cara uno detrás de otro. Al poco rato Fidel tenía los dos ojos morados, sangraba por la boca y la nariz y su rostro empezaba a desfigurarse.

“Vamos… Tú puedes”.

“Si no te basta con desfigurarte la cara, empezaré con el cuerpo”.

Dicho y hecho. Wancho comenzó a destrozar el cuerpo de Fidel a golpes, en esta ocasión combinando puñetazos y patadas. Sus golpes no eran especialmente fuertes, pero la continuidad de los mismos los hacía notar.

“¡Golpéame todo lo que quieras, nunca admitiré que una persona esté por encima de otra!”

Al escuchar esas palabras, Wancho cesó su ofensiva y se retiró unos metros.

“Te alejas… ¿Ya has entrado en razón?”

“Parece que, por alguna razón, tienes especial interés en morir de una forma lenta y dolorosa, así que voy a concederte tu petición”.

Un grupo de abejas apareció desde el horizonte y se colocaron alrededor del caballero, volando, cubriendo una zona amplia. Fidel, temiendo lo peor, intentaba liberarse de la tela de araña por todos los medios.

“¿Vas a hacer que todas esas me piquen hasta morir? Que cruel…”

“¡Wajajaja! No, no te preocupes, si hiciera eso no tendría gracia. Un caballero se merece un final más digno. Te explico, las abejas, en ciertas ocasiones, tienes enfrentamientos con las avispas, sus peores enemigas. Unas veces las abejas atacan a las avispas y otras veces al contrario. Cuando las avispas atacan a las abejas, utilizan un curioso sistema defensivo. Se colocan volando alrededor de las avispas y empiezan a vibrar. Haciendo eso, la temperatura de la zona cubierta por las abejas aumenta, y como las abejas soportan unos pocos grados más de calor que las avispas, éstas acaban muriendo. Es increíble lo que hacen las abejas para proteger el panal, elevan la temperatura del aire hasta sólo unos grados menos de lo que sería mortal para ellas. Todo para proteger a la abeja reina. Sí, tal y como hago yo con Mi Señora, por eso voy a acabar contigo de esa forma, porque me siento identificado con su comportamiento”.

Tras ese emotivo discurso, las abejas empezaron a vibrar alrededor del caballero y la temperatura comenzó a aumentar poco a poco.

“Y cuando estés apunto de asarte como un pollo, yo…”

“Tú, ¿qué?”

“¡Venid a mí! ¡Últimos insectos de la isla!”

De pronto empezaron a aparecer bichos procedentes de todas partes, como si fueran un batallón dispuesto para la batalla final. El suelo, el aire, las orillas del agua, las grietas, el césped, el interior y la superficie de la tierra… No hubo un solo lugar del que no viniera, aunque fuera, un pequeño grupo de insectos. Todos ellos cubrieron a Wancho de nuevo creando, por segunda vez, su figura en gigante.

“Yo te aplastaré como si fueras un insecto de los que tú has aplastado, ¡y así los vengaré a todos!”

La defensa de las abejas ya empezaba a tener efecto en el caballero. Su piel estaba pasando de morena a rojiza por el calor y empezaba a marearse, pero mantenía su sonrisa de seguridad en sí mismo, en su victoria.

“¿Sigues pensando en ganar este combate?”

“Te diré una cosa… ¡aguantando no me gana nadie!”

El caballero comenzó entonces a gritar a la vez que expulsaba energía sin control. Una suave aura blanca apareció sobre sus pies. La temperatura del aire comenzó a subir a mucha mayor velocidad. El cuerpo del caballero sufría la subida de temperatura al igual que las abejas, era una batalla de desgaste. A Fidel comenzaban a saltársele pequeños trozos de piel, y a incinerarse cabellos sueltos mientras que las abejas comenzaban a vibrar con menos fuerza y alguna hasta se caía al suelo. Al verlo, la autoestima de Fidel aumentó, y con ello la fuerza con la que gritaba y expulsaba energía. Las telas de araña que le apresaban se consumieron ante la subida de temperatura y al fin fue libre, lo que aumentó aún más sus ganas de vencer. El aura cubrió entonces todo su cuerpo y su área de alcance se amplió hasta alcanzar al monstruo de bichos de Wancho.

“¡No! ¡Esto no puede estar pasando! ¡¡¡NOOOO!!!”

Las abejas empezaron a arder, caían una tras otra, por lo que al poco tiempo el caballero era el único que hacía aumentar la temperatura del aire. Su cuerpo estaba rojo como un tomate, probablemente al borde de una insolación y de deshidratarse, pero ese riesgo era necesario para alcanzar su objetivo, por lo que continuó expulsando más energía.

“¡Para ya! – Exclamó Jonyo – ¡Al final vas a ser tú quien muera!”

No podía oírle. Estaba demasiado concentrado como para hacerlo. Cuando cayeron todas las abejas, Wancho se sirvió de su monstruo de insectos para intentar un ataque. Al acercarse todos los insectos que formaban su estructura comenzaron a arder de la misma forma que lo habían hecho antes las abejas y Wancho se vio envuelto y atrapado en un mar de bichos en llamas. Su silueta comenzó a deformarse, hasta quedar en un simple montón de cadáveres calcinados en el que él aún seguía atrapado, medio en llamas, retorciéndose y asomando los brazos pidiendo ayuda.

“Esto no pinta bien…”

Jonyo voló hacia el montón de insectos calcinados y agarró el brazo de Wancho, sacándolo de allí. Su cuerpo estaba cubierto en llamas y tenía pegados trozos de insectos quemados por todo su cuerpo. Al ver un pequeño charco de barro, le arrojó ahí para salvarle la vida. En ese momento, Fidel cesó de expulsar energía y cayó al suelo de boca.

“Increíble… No ha parado porque su oponente ya haya sido derrotado, sino por agotamiento. Ha llegado a su límite”.

Después observó el entorno. Estaba todo quemado tanto por las explosiones de Wancho como por el aumento de temperatura, había varios árboles caídos y estaba todo lleno de insectos muertos.

“Se acabó… Aunque ese tipo se levantara, no tiene bichos para atacar, los últimos vinieron de muy lejos, ha debido extinguirlos en toda la isla. Y aunque, por alguna casualidad vinieran, toda la zona está aún bajo los efectos del aumento de temperatura, según llegasen, morirían de calor. Este combate a terminado”.

Se acercó hasta Fidel y le cogió echándole un brazo al hombro. Al hacerlo, éste abrió los ojos.

“Felicidades, te ha costado, pero lo has conseguido”.

“¿Qué ha pasado con él?”

“No creo que vuelva a molestarnos. Ahora vámonos, nos están esperando” dijo y ambos se fueron volando apoyándose el uno en el otro.

3 comentarios:

dani lopez dijo...

UUUOOO esto se va a acabar muuuuu pronto ya queda poco, aunque falta el combate de los caballeros contra Reik, asi que todavía queda algo de acción.

P.D: No tardes en escribir el proximo por favor!!!!!!!

Jon dijo...

Muy buen capitulo muy elaborado creo yo y con mucho sentido,realmente ha estado muy bien y como siempre dejas mucha intriga eres como los anuncios cuando dan pelis en la tv, venga espero el siguiente con ansia
Pero no te preocupes, es posible de que antes de que llegue ese momento ya hayas muerto por hemorragia interna”.
(de que antes no, es posible que antes)
Shin intentó un par de débiles de golpes que fueron evitados (sin el 2º de)
“Veo que no pierdes el tiempo, ¿eh?” dijo Shin ente hondas respiraciones.(entre)
era para dar una vía de escape a la sangre que tus técnica contiene en mi interior(tecnicas contienen)
No quería hacerlo, pero tendré que utiliza la nueva técnica que he estado entrenando estos días”(utilizar)
Te explico, las abejas, en ciertas ocasiones, tienes enfrentamientos con las avispas(tienen no tienes)
Un saludo a todos

Anónimo dijo...

Que bien sienta despues de tanto tiempo volver.... abra mas sorpresas, ensegida lo vere
**suso**